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Imposible excluir en la conmemoración del centenario del natalicio del bailarín y coreógrafo Alberto Alonso Rayneri, su presencia en el cine cubano desde el primer año que señala el inicio de la producción del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC).
Debo confesar que hasta hace dos días me resistía a escribir estas notas, y entiéndase que digo notas porque no me considero una estudiosa de Alberto Alonso, simplemente soy una gran admiradora de un hombre que tiene una de las imágenes más singulares dentro de la danza cubana.
Sonia Calero evoca a Alberto Alonso
La impronta de Alberto Alonso en la danza cubana se recuerda con intensidad. Para celebrar el centenario de su natalicio se encontraron amigos y colaboradores, investigadores y estudiantes de danza.
El estreno del filme no resultó, precisamente, demasiado exitoso. A pesar de que todo prometía lo contrario, ni la crítica ni el público quedaron seducidos ante lo que se veía en pantalla. Ver ahora la película, dirigida por Eduardo Manet, nos deja saber el por qué de ese fiasco.
Su muerte es temprana, no tanto por edad y por una existencia cumplida, como por la renovada luz de sus ideas que no tendremos en medio de las álgidas discusiones y definiciones de hoy. Marxista de veras, martiano y fidelista, revolucionario hasta el tuétano, de fe, palabra y obra, su prédica deberá ser mejor aprovechada que lo que, siento, lo aprovechamos a él en vida.
Ejemplo de cine de ensayo, experimental e “imperfecto”. Así ha calificado a Son o no son el académico uruguayo Jorge Rufinelli. Se inicia ―subraya― como una parodia de la obra de Shakespeare, y se continúa, por partida doble, con un poema de Nicolás Guillén y una danza popular cubana; “un juego de palabras que alude igualmente al ritmo cubano del ‘son’ como monólogo celebre de Hamlet” [1].
Los discípulos opinan
Motivados sobre todo por la admiración y el respeto, tres discípulos de Alberto Alonso aportan opiniones muy peculiares sobre la trayectoria y el legado del imprescindible bailarín y coreógrafo cubano.
Vista hace fe
Gracias a la colaboración de Norge Espinosa, Lázaro Benítez y Marilyn Garbey, principales animadores de este homenaje a Alberto Alonso, compartimos con nuestros lectores fragmentos de tres emblemáticas coreografías suyas.
Basta escuchar Caballas y se descubre la fortaleza de la nueva puesta en escena del Grupo Estudio Macubá, basada en la serie Sueños de Caballas, de Alberto Lescay Merencio.
Entrevista a Fátima Patterson
Lo que deben saber, no más; pero tienen un conocimiento de cómo él se desenvuelve, cómo es su mundo, porque él se mueve en un mundo que sabe su historia. Lescay es un hombre que oculta cosas.
Mamarrachos es, por tanto, un excelente catauro de las constantes perseguidas por Macubá durante 25 años. Y si tratamos de sintetizarlo en una sola palabra, ese catauro se llama Santiago de Cuba.
Fotos: Sonia Almaguer
Llevo dos días soñando con niños, hasta que despierto al aburrimiento: las rutinas, los cumplidos, deberes y conveniencias de los adultos, con sus cuentas sacadas. Y he deseado extraviarme para siempre en esos sueños...
Cuando Bouza reparaba en que ya estábamos de nuevo tete a tete con nuestros compañeros, solo atinaba a decir, tanta era su paciencia: “Muchachos, ¿yo no los había situado allá atrás?".
A Gustavo Tequetero le llamaban El Profe de la comunidad campesina Arroyo del Infierno. Este hombre de talante seco, pequeño de estatura y ademanes educados, sabía cinco idiomas a la perfección, y era a su vez, un maestro emérito de Gramática e Historia, Filosofía, Física, Astronomía y Química.
Subimos la escalera del Moncada y entramos al museo y la guía fue mostrándonos los pabellones. Ordenaba nombres. Detallaba los acontecimientos.
Lorca pide que lo lleven a ver el campo cubano, imágenes que no aparecían todavía en el tintero de su recorrido por Cuba. Gayol quería sacarlo del protocolo y al oír unos toques cercanos se le ocurrió invitarlo a una fiesta.
Muchas veces me he sentado sobre el muro del Malecón a confirmar las infantiles pruebas de la redondez de la tierra, catando los barcos que desaparecen por el horizonte como si resbalaran por una canal.
Hace exactamente 9 años que no venía a Berlín. Me ubico cerca de donde entonces: en el antiguo Berlín del Este. Todavía la ciudad muestra algunas cicatrices de su división, visibles en esos adefesios construidos en la parte oriental.
Aquí, la lectura adquiere un nuevo sentido. Cada participante lee tres crónicas y al final el público vota —boleta, urna y comisión de escrutinio incluida— por aquellos textos que más le gustaron, uno por cada autor. Con ellas, más adelante, se editará el volumen Cronistas crónicos.
Es relativamente frecuente escuchar la frase “A mí me pasó igual” cuando se narra un suceso, se cuenta una anécdota, alguien se lamenta del obstáculo que ha encontrado en una gestión, etc. Es algo que ocurre en cualquier conversación, a todos los niveles. Y siempre resulta inaguantable.
Aunque precisaban ser escritas las tres entregas obligatorias por escritor, en el espíritu volaba el Samuel Feijóo rastreador de historias y hechos insólitos por los senderos de Las Villas, el culto a la riqueza de lo popular de René Batista y los bichos, güijes y figuraciones del grupo Signos, o la estela de la revista homónima.
A la Televisión Cubana le hacía falta LCB, la otra guerra. La serie dirigida por Alberto Luberta Martínez y producida por RTV Comercial acierta en cuanto a revelar la naturaleza épica de los sucesos que tuvieron lugar en varias provincias del país en el primer lustro posterior al triunfo de la insurrección popular en 1959. Unas 300 bandas operaron en la isla hasta 1965.