De Giselle a Odile, de Carmen a Lissette... ahí está el genio corporeizado de Alicia, quien por su arte, atractivo carisma fisonómico con ritmo de música y contorsiones telúricas, encabezó en el tiempo, como personaje-símbolo, la diversa interpretación artística visual nuestra.
Luego de tres años de intensa restauración, el Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso reabre sus puertas, el primero de enero del 2016.
Nunca he sido uno de esos espectadores atados a un solo teatro. Sin embargo, ninguno tiene para mí la resonancia de ese sitio que a lo largo de su vida ha tenido tantos nombres; y que hoy lleva el nombre de una artista que no solo ofreció en él algunas de las más valiosas representaciones de su carrera, sino que lo rescató de la decadencia, lo engrandeció y lo convirtió en una de las salas emblemáticas de esta región del mundo.
En sus 178 años de historia, la gloria del Teatro Tacón-Gran Teatro de La Habana “Alicia Alonso” (1838-2016) se ha mantenido viva y jubiloso la ha celebrado el Ballet Nacional de Cuba en ocasión de su reapertura, luego de la remodelación total que tuvo su sala principal y el resto de las dependencias que lo integran.
La historia de un teatro, como la propia civilización, la hacen los hombres y mujeres. Y si antes el Gran Teatro era conocido por la actuación de la bailarina Anna Pavlova y el tenor Enrico Caruso, la fase actual del ahora “Alicia Alonso” la escriben artistas como Duarte.
La reinauguración del otrora Teatro Tacón inicia un nuevo ciclo para el movimiento escénico y cultural del país. Las funciones, conciertos, exposiciones, servicios y demás actividades artísticas abarcarán desde esta fecha toda la manzana del inmueble, intervenido y restaurado para devolverle a este coloso del Prado habanero su esplendor de antaño.