López-Nussa no comulgó con capilla ni se dejó arrastrar por las corrientes de moda. Fue un hijo de la modernidad insular y, al mismo tiempo, uno de sus críticos más contumaces. De ahí que a cien años de su nacimiento siga siendo, desde el lienzo, la cartulina o la letra impresa, una voz contra la quietud y la inercia.
En lo que fuera el antiguo estudio de Leonel López-Nussa, sus hijos Krysia, Ruy y Ernán entrelazan recuerdos del padre, el artista, el intelectual y el humorista que fue.
De cierto modo, sus obras son un recorrido por los sucesivos ismos que identificaron los periodos de la historia del arte en Cuba, pues López-Nussa asimiló las tendencias que incidieron en el resto de las promociones artísticas en activo, durante la segunda mitad del siglo XX en la Isla y en Latinoamérica.
Con toda justeza, Leonel López-Nussa tiene que ser recordado en el centenario de su natalicio, pero también se le debe un más profundo estudio de su obra, que fue de una amplitud y un grosor intelectual espesos.
A López-Nussa siempre se le reconoció en su doble condición de crítico de arte y pintor. Hacemos con toda intención este recordatorio, porque pone de manifiesto una constante de su particular evolución como artista, en la cual se turnan las letras y las artes y, llegado el caso, se diversifican en consonancia con las exigencias que a su prolífica actividad creadora le imponían las circunstancias.
En el contexto específico del diseño de comunicación visual cubano, la realización de la primera enciclopedia Mil preguntas, mil respuestas permite evaluar la capacidad de nuestras instituciones y de los diseñadores para asumir el desarrollo y la gestión de un proyecto editorial de alta complejidad.