Como si contempláramos un jardín japonés, esta Superbandaclown de Teatro Tuyo parece ingenua cuando la técnica ha sido ocultada, y la mano del hombre, del artista, no deja su huella tras esa emoción aparentemente espontánea que provoca en los espectadores. Sin embargo, se trata de una pieza de inteligente factura que habla de la comunión entre los hombres, cuyo sentido final desborda al individuo, haciendo un llamado a la hermandad como único camino posible hacia el éxito.
Teatro de Las Estaciones ha sabido encontrar el lenguaje escénico para entregarnos la turbación que puede despertar un hecho insólito en nuestra escena.
Si pienso en las posibles desviaciones de estas naves, en sus respectivas derivas entre una y otra corriente, vislumbro un interés evidente en el replanteamiento de la realidad y la ficción, en la intención de subvertir el rol del público, a partir de lo cual me surgen otras preguntas: ¿quiere el creador hacer entrar al público o ir en su búsqueda?, ¿es convertido aquí el performer en personaje a partir de la recreación de su documento-historia de vida?, ¿hasta qué punto subvertir los límites de personaje-actor-performer termina siendo un ejercicio circular?