Su muerte nos cogió desprevenidos, sobre todo por la triste circunstancia de que ya hacía bastante tiempo que sus condiciones de salud no le permitían seguir ejerciendo el oficio que lo había consagrado en todos los escenarios y no le veíamos con regularidad.
No fue el medio que más frecuentó, pero, sin lugar a dudas, en la televisión dejó su huella más extendida por el alcance nacional de la pequeña pantalla. Para muchísimos cubanos José Antonio Rodríguez seguirá siendo el Melquiades de Doña Bárbara y el Rigoletto de Las impuras.
Desde mi balcón lo imagino muy joven, sentado frente al micrófono de un estudio de radio, con su voz saliendo al aire y su cuerpo vibrante, deseoso de acompañar esas palabras en el misterio infinito de la actuación. Lo imagino muchos años después, diciendo que “la radio da la plenitud que debe tener un actor”.
“A todo el que pasó por Los 12 esta experiencia le sirvió para progresar en su carrera, porque uno sale con otra visión, más adelantada, más profunda. Fue un proceso importante de búsqueda, de verdadera experimentación”.
De camino a la antigua escuela de curas Hermanos Maristas, en La Habana, un niño iba todos los días relatando historias para entretener a sus amigos durante el largo viaje; soñaba con ser actor y creaba sus propios cuentos de pistoleros, interpretados, además, por él mismo.
En los actores hay algo demoníaco. Van sajando de sí como pozos sin fondo, van llenándose de otros. La actuación es un rejuego hermoso y macabro que José Antonio sabía perfilar, sabía insuflar a los demás, sabía tirar del hilo hasta lograr la tensión mayor, y lo soltaba, justo antes de que se quebrara.
Diálogo con Roberto Gacio
“Fue, sin cuestionamiento alguno, uno de los mejores actores de la segunda mitad del siglo XX. Reunía, como pocos, la capacidad de interiorizar cualquier personaje; una voz propia de portentosa calidad; y unas habilidades físicas para asumir caracterizaciones extremas”.
Con este debut, nuestro actor de siempre, ya se anunciaba como uno de los grandes de la cinematografía cubana, construyendo durante toda su carrera artística una labor de sensibilidad y el talento.
Verónica Lynn
Siempre pienso en José Antonio como un actor que aportaba mucho a sus personajes, pero siempre muy respetuoso de la dirección, que es también un elemento importante dentro de la creación escénica.