Una relación de la cinematografía de Julio García Espinosa
Los buenos libros nos han de iluminar, entretener, cautivar; pero, sobre todo, generar más preguntas que respuestas.
Julio dejó escrito en sus penetrantes e inteligentes reflexiones, variablemente asimiladas —a veces, excesivamente mal—, pero siempre incitadoras, cómo se podría conquistar las alturas requeridas para visibilizar y darle voz a los pueblos.
Julio García Espinosa no solo ha sido un artista en el ámbito del cine, sino también un intelectual orgánico, porque al artista le acompañó siempre un pensador y un crítico insobornable de su propia obra.
Con la muerte de Julio García Espinosa perdemos al pensador cubano que más lejos había llegado en el análisis del lenguaje cinematográfico y de su vínculo con la tecnología que lo hacía posible.
En Cuba se hace cine a ratos. Hablar de cine en nuestro país equivale a pensar en una producción aislada y esporádica que no nos permite sostenernos como industria, ni mucho menos como arte.
La desaparición física este año de Julio García Espinosa, cuando le faltaban solo algunos meses para arribar a sus 90, amerita de nuevo recordar sus apreciables aportaciones en el campo teórico de la creación cinematográfica, en especial su vanguardista ensayo Por un cine imperfecto.