Desde el 22 de octubre hasta el 1 de noviembre, los principales circuitos habaneros y también subsedes en ciudades cercanas, acogieron un panorama diverso. Dedicado a la dirección escécnica, a los 90 años de Peter Brook y a los 30 de Teatro Buendía, el Festival fue también el resultado de un intento por articular la pluralidad de la escena a partir de los diferentes lenguajes de la dirección teatral.
Elegancia sería, desde luego, una buena palabra para definir a Héctor Zumbado. Y no en meros asuntos de vestimenta. Zumbado era un tipo con clase, eso se notaba al tratarlo y, sobre todo, al leerlo.
El escritor de marras, nacido en La Habana, en 1932, no firmaba sus textos con el nombre completo, sino con una simple “H”, que se hacía la muda, y un participio en función de apellido: “Zumbado”, que según el prestigioso Diccionario de la Real Academia Española quiere decir: “loco (de poco juicio)” o “persona agresiva (propensa a provocar)”.
El libro de las anécdotas de Zumbado aún está por escribirse. Es de esas personas que, cuando se evocan, uno esboza una sonrisa y ahí mismo sobreviene una historia jocosa digna de recogerse y, por qué no, de emular con lo mejor de su literatura.
Reportaje Especial
Esta investigación, demuestra lo que se esconde detrás de la revista Encuentro de la Cultura Cubana con la intención aparente de establecer un vínculo entre lo que considera como dos bandos, "el de los que viven en la Isla y el de los que lo hacen en el exilio".
Hemingway se arriesgó a explorar las grandes contiendas de su tiempo. En este sentido, su legado depende no solo de su excepcional técnica narrativa, sino de la percepción que tenemos de la Historia.
El escritor escribe para ser leído por el ojo y ninguna explicación o disertación debe ser necesaria. Uno puede estar seguro de que en el texto hay mucho más de lo que se leerá en una primera lectura, y, siendo el autor del texto, al escritor no le corresponde explicarlo ni dirigir excursiones por la región más difícil de su obra.
Hace 55 años el escritor norteamericano Ernest Hemingway, que vivió más de 20 en Cuba, puso fin a su vida disparándose con una escopeta de caza en su domicilio de Ohio. Recordar el aniversario de su fallecimiento es, más que una conmemoración, un acto de justicia a una de las grandes figuras literarias del siglo XX.