Su figurilla se mezcla entre la de los infantes. Sin embargo, hay algo singularísimo en ella: la guitarra. Se torna maravilla y a su compás se dibujan sonrisas.

El arte de la cantautora Yaily Orozco es todo un regalo para los fiñes. “El mundo de los niños y las niñas me enamora mucho. Me gusta prestar atención a lo que tienen que decir, me contagio con sus risas y con sus juegos”, confiesa Orozco.

La cantautora Yaily Orozco. Foto:Tomada de Vanguardia

Pero esta vocación la acompaña casi desde siempre, como un anhelo espiritual. Cursó los estudios de música en la Escuela Vocacional de Arte de Santa Clara. Desde muy temprano le gustó cantar, decir poemas y a veces hasta dramatizarlos. Años después, se gradúa de instructora de arte, en la especialidad de Música, en la escuela Manuel Ascunce Domenech, y a partir de ahí creció la pasión por dedicar su obra a los niños y las niñas.

“Ya graduada, trabajé en un círculo infantil. Allí les cantaba y les enseñaba las canciones que me acompañaron en mi infancia, y me sabía algunas de amigos trovadores y de Teresita Fernández, claro, esas nunca han faltado. Lo pasaba muy bien. Solo venía faltando tener mi propio repertorio, y un buen día comenzaron a nacer.

“Las primeras que hice me salieron casi sin querer, cual si se hubiesen hecho solas. Era algo que deseaba mucho. Me gusta cantar desde la verdad, la sinceridad y la alegría. Me apasiona sentir el mundo al cantar mis canciones; tan único y sorprendente como se siente cuando se es niño o niña, como lo son los amigos, los viajes, el mar, la aventura, el viento, la lluvia, los animales, la familia. A eso le canto y me hace ser niña otra vez”, cuenta.

“Mi propuesta, además de eso, suma el teatro. Los títeres, el juego interactivo con los niños y niñas hace que terminemos todos mezclados en el escenario, sudados de jugar y cantar. El teatro me ha enseñado a narrar historias, a tener mejor desenvolvimiento y soltura. Las canciones devienen vivencias cantadas, y gracias al teatro siento que logro interpretarlas mejor”.

Cuando se le pregunta a Yaily Orozco por sus fuentes nutricias en este quehacer, menciona a Teresita Fernández. También ha tenido como referentes a Edelys Loyola, Rita del Prado, el Dúo Karma, que además de la guitarra, incorpora otros instrumentos y elementos que enriquecen la canción.

“Mi propuesta, además de eso, suma el teatro. Los títeres, el juego interactivo con los niños y niñas hace que terminemos todos mezclados en el escenario, sudados de jugar y cantar. El teatro me ha enseñado a narrar historias, a tener mejor desenvolvimiento y soltura. Las canciones devienen vivencias cantadas, y gracias al teatro siento que logro interpretarlas mejor”.

¿Qué es La Mermelada?

La Mermelada es un espectáculo de música y narración oral, dirigido especialmente a los más pequeños y también a sus familiares. Está basado en el libro de cuentos de Yumié Rodríguez Finca La Mermelada, bajo la dirección de Rafael Martínez, director del grupo Teatro sobre el camino, del cual soy fundadora. En este unipersonal se combinan la canción de autor, la animación de títeres, adivinanzas y juegos.

¿Qué importancia tienen los festivales de la Trova para el desarrollo de la música cubana?

Los festivales son fuente de crecimiento y aprendizaje. Gracias al encuentro de trovadoresLongina, desarrollado en Santa Clara cada año, conocí la obra del Dúo Karma, de Edelys Loyola y de muchos otros cantautores y cantautoras, cuando todavía ni imaginaba componer. Soy fruto de ese festival que, felizmente, se ha celebrado en el centro de la Isla por más de 20 años y que acoge en cada edición a trovadores jóvenes y viejos de toda Cuba y del mundo.

¿Feliz con tu trabajo?

Cantarles a los niños es lo más grandioso. No he sentido mirada más linda que la que me regalan ellos cuando me ven trabajar.

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