Nominada en la presente edición de los Premios Cubadisco, Yarima Blanco se va convirtiendo en importante referente en cuanto al desempeño del tres en la Isla de la música.

La conocí como integrante de la “orquesta femenina de Cuba”: Anacaona. Con un desempeño virtuoso, siempre me llamó la atención que al presentarla decían: “dale bayamesa”, y con sumo orgullo, salía a escena, una sonera, tresera y orgullosa de sus orígenes.

Hace pocos días se estrenó su primer fonograma Pa’ mi tres, homenaje a la música tradicional cubana y caribeña. A propósito de esto y de las celebraciones por el Día Nacional del Son, género del cual es una fiel defensora, conversamos:

Yarima Blanco.

¿Qué significa para ti ser una mujer bayamesa? ¿Cuánto de esa ciudad hay en tu creación?

El hecho de ser bayamesa me llena de mucho orgullo. A todas partes que voy hablo de mi ciudad, el lugar donde nací y todo el aprendizaje que tuve en mi etapa de estudiante.

Comencé con diez años a estudiar guitarra en la escuela Rafael Cabrera. Esto me fue aportando y nutriendo de la música que es muy autóctona y propia del movimiento del son por allá, en el oriente del país. Ser bayamesa trae consigo esa cercanía con las raíces del son. Tengo recuerdos de ese background musical de la Original de Manzanillo, de Cándido Fabré, de tantas orquestas que siempre han estado sonando por allá muy fuerte, muy enraizadas, y que son parte de mi vida.

También recuerdo de niña que mi mamá fue cultivando en mí el amor por la trova. Escuchaba a Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, también Celeste Mendoza, el dúo Los Compadres, el trío Matamoros, y pienso que, de alguna manera, eso fue nutriéndome y aportándome, por tanto, lo guardé siempre en mi memoria. De cierto modo cuando tomé el tres en mis manos hubo un reconocimiento de que podía, a través de este instrumento, canalizar todos estos sentimientos y emociones de mi niñez que tengo de Bayamo, Granma, una ciudad maravillosa, de gente muy sencilla y linda.

“Ser bayamesa trae consigo esa cercanía con las raíces del son”.

¿Qué significa para ti ser tresera e irte convirtiendo en referente para los jóvenes intérpretes?

Para mí ser tresera se convirtió como en mi destino de vida. En los años 96-97 cuando llego a la Escuela Nacional de Arte, me doy cuenta que había muy pocas mujeres estudiando el instrumento y luego, en el año 2006, al graduarme del Instituto Superior de Arte (ISA), fui la primera mujer egresada de Nivel Superior, y con Título de Oro, además. Anteriormente otras chicas habían iniciado la carrera; pero la habían abandonado por una razón u otra.

Con el tres me reconozco mucho, siento tremenda afinidad. También el hecho de ser bayamesa, quizás me aporta esa fuerza que demanda el instrumento, ya que es muy dado a la improvisación, sabe ser protagónico. Soy una mujer temperamental, me reconozco en ese instrumento, y sí, reitero, al tocarlo canalizo mis emociones.

“Ser tresera se convirtió como en mi destino de vida”.

En estos momentos ser mujer tresera y estar presentando este disco es un homenaje a todas las personas que aman el instrumento. En lo personal, me place mostrarles que sí se puede a todas esas chicas que vienen estudiando tres y que por tanto se van sumando a la cantera de las escuelas de tres y laúd de todo el país; se puede porque es un instrumento maravilloso, que te aporta mucho y que tiene un sinfín de posibilidades todavía por descubrir. Entonces, ser mujer, cubana, bayamesa, tocar el tres y cantar son mis pasiones.

¿Cómo valoras tu experiencia como integrante de Anacaona y la interpretación de diversos géneros y estilos?

Mi paso por Anacaona fue una experiencia maravillosa e inolvidable. En el 2006 cuando me gradué del ISA, comencé a trabajar con ellas y ahí me mantuve alrededor de una década. Fue muy importante para mí porque me enseñó muchas cosas que no se aprenden en la escuela, sino en el día a día, en el gran escenario y, sobre todo, me amplió el pensamiento a la hora de tocar el tres.

Yo venía de tocar en agrupaciones pequeñas —desde dúos hasta quintetos y sextetos—, y de momento me vi tocando timba, salsa, merengue, jazz, pop y balada en una orquesta grande. Eso me hizo aprender y empezar a cambiar mi mente y experimentar todo el abanico de posibilidades que tenía el instrumento.

Trabajando con Anacaona tenía que estar compartiendo todo el tiempo con un piano y entre ambos debía existir una conversación amena, bailable, al mismo tiempo tenía que haber un contrapunto. Eso desarrolló en mí un cambio de pensamiento, a lo que se unió la participación en festivales diversos que me comenzaron a nutrir de influencias de géneros. Le debo mucho a la orquesta Anacaona, mi paso por ella fue una gran escuela.

“Mi paso por Anacaona fue una experiencia maravillosa e inolvidable”.

¿Por qué escogiste el nombre de Son Latino para tu agrupación? ¿Cómo va siendo la experiencia de además del tres, defender temas como voz principal?

El nombre de mi agrupación —Yarima Blanco y Son latino— se debe a que, a partir del formato de septeto, queremos asumir un trabajo diferente. Sin claudicar y manteniendo los instrumentos que lo presiden como el tres, guitarra, tumbadora, bongó, bajo, trompeta y cantante, pretendemos transitar por géneros diversos, y una muestra de eso es el disco Pa’ mi tres.

“El nombre de mi agrupación —Yarima Blanco y Son latino— se debe a que, a partir del formato de septeto, queremos asumir un trabajo diferente”.

Nos proponemos interpretar no solo géneros de la música cubana, sino también de la caribeña como el pambiche, la cumbia, acompañando al tres de otros instrumentos que nos damos la posibilidad de incluir en este disco. Ese es el caso del pambiche “Déjate besar”, donde incluimos el clarinete, rememorando el formato que tenía Compay Segundo, y de la cumbia “Muda mi alma”, donde se fusiona el trabajo del tres y el acordeón.

Denominamos al grupo Son Latino, porque seguimos siendo cubanos, interpretando son porque es nuestra raíz, y es imposible abandonarlo; pero somos conscientes de que estamos en pleno siglo XXI y debemos ir contemporaneizando esa sonoridad hacia el mundo; es el modo de que la música trascienda fronteras.

“Seguimos siendo cubanos, interpretando son porque es nuestra raíz, y es imposible abandonarlo; pero somos conscientes de que estamos en pleno siglo XXI”.

El hecho de estar en este disco además de tresera como cantante, es un reto maravilloso para mí. Esto se lo debo a mi trabajo en varias agrupaciones: cuartetos, quintetos; desde el inicio en Son Latino me atreví, y poco a poco fui tomando confianza hasta que decidí ser voz líder. En Anacaona varias veces tuve que cantar “El punto cubano”, de Celina González, como voz principal y eso me hizo sentir un poco más cómoda y con otra experiencia en el escenario.

Este disco representa el gran reto de presentarme no solo como tresera, sino también como intérprete de siete de los doce temas que lo conforman. Es algo que me apasiona, con lo que me siento muy a gusto. Soy una mujer amante de los retos, y este es uno más. En Pa’ mi tres, canto y toco el instrumento en los temas “Adonde”, “Amigas”, “El amor de mi vida”, “Pa´ mi tres”, “Dos con tres”, “Muda mi alma” y “Déjate besar”.

¿En el mundo sonero cuáles son tus paradigmas? ¿Y al pensar en treseros en particular?

Hay una estela de nombres a mencionar. Si nos remontamos a los orígenes, yo como tresera nombraría a Chito Latamblé, Niño Rivera, Arsenio Rodríguez, Isaac Oviedo, Los Compadres, el Trío Matamoros, César Hechavarría “El lento”, Pancho Amat, que es el representante principal del tres, no solo en Cuba sino en todo el mundo.

Yarima Blanco y Pancho Amat al tres.

En el tema de voces, referentes primordiales para mí son Celeste Mendoza, La Lupe, María Teresa Vera, Benny Moré. Si hablamos del son más contemporáneo Adalberto Álvarez, los septetos Santiaguero, Turquino, la Estudiantina Invasora, y creadores de la talla de Chucho Valdés y Alain Pérez.

¿Cómo ha sido el proceso para conformar tu primera producción fonográfica? ¿Cómo calificarías tu primer disco Pa’ mi tres?

El proceso de conformación de esta producción discográfica ha sido maravilloso y a la vez sorprendente, ocurrió en medio de la pandemia. Cuando iniciamos la selección de temas, compositores, a pensar en quién podría ser el productor musical, mis managers y yo lo visualizamos como un producto variado de temas inéditos. Para ello contamos con varios creadores como el boricua Tomás Pérez, Yunior Alejandro Molina, César Lozada, Juan Antonio Gil y una servidora, porque en este disco además de tocar tres y cantar, compuse un tema.

Para ello escogimos a un productor como Roniel Alfonso, de vasta experiencia discográfica a cargo de grandes producciones. Igualmente buscamos a una persona que supiera asumir la esencia que pretendíamos con este fonograma: reflejar a través de un trabajo de septeto una sonoridad grande. En esto él iba a tener un rol fundamental a la hora de crear los arreglos, muy contemporáneos, pero al mismo tiempo, pensados para el bailador.

Al listar los invitados, pues, tenemos al maestro Pancho Amat, Bárbara de los Ángeles Zamora, homenajeando mi paso por Anacona; César Lozada y Juan Antonio Gil —quien defiende uno de los temas que compuso—, y canto a dúo con Alain Pérez y Kelvis Ochoa. El disco fue grabado en el Estudio 18 de la Egrem, y es una coproducción entre esta disquera cubana y Soundwear Productions. La grabación estuvo a cargo de Daelsis Pena y la masterización es de José Mendoza en España.

Pa’mi tres es un regalo para todas las generaciones de treseros, sobre todo, para las mujeres; para que se decidan y apuesten por el instrumento por todas las posibilidades sonoras que tiene.

El hecho de que esté nominado en dos categorías en Cubadisco 2022, como Ópera prima y De la tradición sonera y campesina, nos hace muy felices a mi equipo y a mí, tanto por los resultados como por la aceptación que está teniendo.

¿Qué importancia tiene para ti que contemos con un día (el 8 de mayo) para celebrar el Día nacional del Son?

El hecho de estar participando en esta celebración por el 8 de mayo para mí es un honor. Represento a la mujer a través del tres como instrumento típico cubano, parte de nuestra nacionalidad, identidad. Estar durante esta campaña me ha permitido homenajear a la figura del maestro Adalberto Álvarez, alguien que hizo tanto por este género, por su reconocimiento, por poder situarlo en el lugar que siempre le ha pertenecido. Creo que el son hoy está más vivo que nunca y le digo a los jóvenes que debemos apostar por nuestras raíces y regresar siempre a este género que, en lo personal, me ha permitid contar mi historia a través del tres.

“El son hoy está más vivo que nunca”.

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