Reflexión filosófica sobre las valoraciones de Lydia Cabrera en El Monte (1954) en torno a la regla osha o santería
La obra de Lydia Cabrera destaca una semejanza que se manifiesta principalmente en su enfoque sobre la cultura cubana de origen africano y la representación de las comunidades marginadas, contribuyendo además en el reconocimiento de la oralidad como una forma válida de transmisión del conocimiento. Al recopilar relatos y mitos de la tradición cubana de origen africano, Cabrera desafió la idea de que solo la escritura tenía valor académico, posicionando la oralidad como un vehículo legítimo de historia y cultura.
En su quehacer se observa una reivindicación de la igualdad dentro de la cosmovisión cubana de origen africano, donde los orishas y los mitos reflejan una estructura social en que resultan fundamentales la comunidad y la reciprocidad. Cabrera mostró cómo la santería y la regla osha promovían valores de equidad y respeto entre sus practicantes, independientemente de su origen o posición social.
Lejos de una catalogación etnográfica, los trabajos de Cabrera durante estos años se instituyen como pioneros para comprender la cosmovisión, la lógica interna y la significación naturalista de esta tradición religiosa cubana de origen africano. Para entender su pensamiento, es fundamental reconocer la complejidad de su posición: una intelectual de origen privilegiado que se adentra en un universo cultural históricamente marginado, buscando rescatar y comprender su riqueza espiritual y simbólica.

La aproximación de Cabrera a la santería va más allá de la descripción superficial de rituales y deidades. Ella se adentra en el “alma profunda” de esta religiosidad. Su interés radica en descubrir la “estructura subyacente” [1] que organiza el panteón yoruba, las relaciones entre los orishas y los seres humanos, y la función de la naturaleza como espacio sagrado y fuente de poder. Esta búsqueda de una lógica interna y una coherencia sistémica dentro de la santería la sitúa en un diálogo implícito con corrientes filosóficas estructuralistas [2] como el estructuralismo antropológico de Claude Lévi-Strauss [3], que emergerían con fuerza posteriormente, aunque su metodología se base fundamentalmente en la observación participante y la recopilación de testimonios orales.
Uno de los aspectos centrales del pensamiento de Cabrera es su énfasis en la oralidad como vehículo fundamental de transmisión del conocimiento religioso y cultural en la santería. Las leyendas, los cantos, los rezos y los consejos de los mayores constituyen la biblioteca viva de esta tradición. Ella reconoce que la sabiduría de la santería no se encuentra codificada en textos escritos, sino que fluye a través de la palabra hablada, impregnada de la experiencia y la sabiduría ancestral, como ya se acotó previamente.
Esta valoración de la oralidad la conecta con corrientes filosóficas que reivindican la importancia del lenguaje y el diálogo en la construcción del significado y la transmisión del saber, como la hermenéutica y la filosofía del lenguaje; esta última se centra en cuestiones como la naturaleza del significado, la referencia, la relación entre el lenguaje y el pensamiento, así como el uso del lenguaje.
“La aproximación de Cabrera a la santería va más allá de la descripción superficial de rituales y deidades”.
Cabrera percibe en la oralidad de la santería una “poesía de la existencia” [4], donde la narración es descriptiva, performativa y cargada de un poder simbólico que moldea la comprensión del mundo y la relación con lo sagrado. Los mitos de los orishas, por ejemplo, no son solo historias del pasado, sino modelos de comportamiento y arquetipos que informan la vida presente de los creyentes. Esta visión de la oralidad como fuerza activa en la configuración de la realidad se acerca a planteamientos filosóficos que exploran la performatividad del lenguaje y su capacidad para construir mundos.
La relación entre el ser humano y la naturaleza constituye otro eje fundamental del pensamiento de Cabrera sobre la santería. En El Monte (1954) esta conexión se presenta como intrínseca y esencial para la comprensión de la religión. Las plantas, los animales y los elementos naturales son considerados entidades sagradas con sus propias energías y significados dentro del panteón yoruba.
Esta visión animista [5] de la naturaleza, donde lo sagrado se inmanentiza [6] en el mundo natural, resuena con formas de pensamiento filosófico que han explorado la relación entre el ser humano y el cosmos desde perspectivas no dualistas. De esta manera se establece un diálogo con ciertas corrientes del panteísmo [7] como, por ejemplo, el panteísmo clásico o monista de Baruch Spinoza (1632-1677) [8], (el cual identifica a Dios o lo divino con la totalidad del universo) o con filosofías que enfatizan la interconexión de todos los seres. Para Cabrera, la santería ofrece una sabiduría ecológica ancestral, donde el respeto y la armonía con la naturaleza no son solo imperativos éticos, sino condiciones necesarias para el equilibrio espiritual y la salud de la comunidad.
“Uno de los aspectos centrales del pensamiento de Cabrera es su énfasis en la oralidad como vehículo fundamental de transmisión del conocimiento religioso y cultural en la santería”.
Sin embargo, la postura de Cabrera no está exenta de tensiones y ha sido objeto de diversas críticas. Una de las principales objeciones se centra en la posición de enunciación de una intelectual blanca de la burguesía cubana al abordar una tradición cultural históricamente marginada. En palabras de Cabrera Infante (1929-2005) [9],
“De Lydia Cabrera se puede decir que es la señora blanca con tatuajes negros por toda su escritura”. [10]
La identidad étnica [11] de Lydia Cabrera resulta contrapuntística con su obra escrita, literaria y científica, en el sentido del contraste que encierra el que una mujer blanca de su tiempo, con cultura en el canon occidental, conservadora ideológicamente y sin estudios universitarios sea precisamente la autora de un acercamiento no solamente auténtico en lo que tiene que ver con el respeto a los propios códigos de conducta y creencias de un grupo claramente marcado y estigmatizado como un “otro” inasumible, sino que además esta obra suya sea aceptada como tal conocimiento participativo, tanto por los propios practicantes de las religiones cubanas de origen africano que documentó como por los expertos y especialistas en antropología religiosa que acabarán reconociéndola como una autoridad en el estudio de las tradiciones afrodescendientes.
Desde una perspectiva postcolonial [12], se cuestiona la autoridad interpretativa de Cabrera. Autores como Miguel Barnet (1940) [13] han señalado la posible “exotización” [14] de la cultura cubana de origen africana en su obra, donde la fascinación por lo “otro” podría haber llevado a una representación que enfatiza lo pintoresco y lo mágico en detrimento de la comprensión de las complejas dinámicas sociales, económicas y políticas que moldean la vida de los creyentes. Esta crítica nos remite a debates filosóficos sobre la representación del “otro” y los riesgos de esencializar identidades culturales.

Otra crítica relevante se refiere a la posible ausencia de una perspectiva crítica frente a las relaciones de poder y las desigualdades sociales que atraviesan la práctica de la santería. Si bien Cabrera documenta las creencias y los rituales, algunos autores señalan la falta de un análisis profundo sobre cómo esta religión se articula con las estructuras de “raza” y de clase en la sociedad cubana de la época. Desde una perspectiva filosófica crítica, se esperaría una reflexión sobre cómo las creencias y las prácticas religiosas pueden tanto reproducir como resistir las formas de opresión.
Dicha crítica se puede fundamentar teórica y filosóficamente desde la teoría crítica de la Escuela de Frankfurt [15] representada por pensadores como Theodor Adorno (1903-1969) [16], Marx Horkheimer (1895-1973) [17] y Herbert Marcuse (1898-1979) [18] entre otros, quienes enfatizan la interconexión entre la teoría y la práctica social. Su objetivo es la revelación de las estructuras de poder y las ideologías que subyacen a las formas sociales y culturales. Desde este punto de vista, la ausencia de una reflexión crítica sobre las relaciones de poder en la obra de Cabrera es considerada como una limitación.
La idealización de un pasado africano “puro” también ha sido señalada como una posible limitación en el pensamiento de Cabrera. Su búsqueda de las raíces africanas de la santería, aunque valiosa para reivindicar la herencia cultural de los esclavizados, podría haber incurrido en una cierta romantización de África y una simplificación de las complejas transformaciones que sufrieron estas tradiciones en el contexto caribeño, tal y como lo explica Lydia en una entrevista: “… las costumbres que se recogen en los libros ya no son puramente africanas, son cubanas relacionadas a la cultura del país debido al sincretismo que se ha producido. Por ejemplo, han buscado un equivalente al santoral cubano, cada orisha tiene su equivalente católico…”. [19]
“Su obra representa un acto de descolonización epistemológica, al otorgar valor y visibilidad a formas de conocimiento y espiritualidad que habían sido consideradas ‘primitivas’ o ‘supersticiosas’ por la cultura dominante”.
Es fundamental reconocer la pionera labor de Cabrera en el rescate y la documentación de un patrimonio cultural que había sido históricamente negado y marginalizado. Su dedicación y su profunda inmersión en el mundo de la santería permitieron preservar una riqueza de conocimientos y prácticas que de otra manera podrían haberse perdido.
Su obra representa un acto de descolonización epistemológica, al otorgar valor y visibilidad a formas de conocimiento y espiritualidad que habían sido consideradas “primitivas” o “supersticiosas” por la cultura dominante. Además, desafía las narrativas occidentales sobre la cultura cubana de origen africano y rescata conocimientos que han sido históricamente marginados. Cabrera le otorgó un lugar central a las tradiciones religiosas y culturales de los descendientes africanos en Cuba en la construcción del conocimiento, alejándose de enfoques eurocéntricos. [20]
Desde una perspectiva filosófica hermenéutica, la obra de Cabrera puede ser vista como un intento de traducción cultural, buscando hacer inteligible un sistema de significados ajeno a su propio horizonte cultural. Aunque esta traducción siempre implica un cierto grado de interpretación y posible distorsión, su esfuerzo por comprender la lógica interna de la santería y por presentarla con respeto y sensibilidad es innegable.

La hermenéutica se centra en la comprensión e interpretación del significado, especialmente en textos, tradiciones y fenómenos culturales, influenciada por Hans-Georg Gadamer (1900-2002) [21], quien en su famosa obra Verdad y Método, enfatiza que toda comprensión está situada en un horizonte de compresión. En el caso de Cabrera, pertenece a un horizonte cultural diferente al de los practicantes de la regla osha; ella se acerca a esta tradición desde su propio marco de referencia. Por lo tanto, su pensamiento con respecto a su obra se entiende como un intento de fusionar su horizonte de comprensión con el horizonte de comprensión de la santería para lograr una cierta inteligibilidad.
La centralidad de la experiencia y el cuerpo en la santería, tal como la presenta Cabrera, también ofrece un terreno fértil para la reflexión filosófica. La posesión por los orishas, los rituales de purificación, las ofrendas y las danzas son prácticas que involucran el cuerpo de manera directa, trascendiendo la mera intelección. Esta dimensión experiencial y somática de la religiosidad cubana de origen africano desafía las concepciones dualistas que separan mente y cuerpo, espíritu y materia, y se acerca a corrientes filosóficas que reivindican la “sabiduría del cuerpo”.
La primacía de la experiencia corporal en la práctica religiosa que Lydia presenta, desafía las concepciones tradicionales del ser humano y la religión. La filosofía occidental ha estado históricamente marcada por el dualismo cartesiano [22] que establece una separación radical entre la mente y el cuerpo. La mente se concibe como el asiento de la conciencia, la razón y el espíritu, y el cuerpo es visto como una máquina material, subordinada a la mente.
“(…) la santería revela una sabiduría somática, una forma de conocimiento y conexión con lo sagrado que se experimenta y se manifiesta a través del cuerpo, desafiando las jerarquías entre mente y cuerpo, espíritu y materia”.
Dicha teoría aplicada a la santería a través de las prácticas religiosas descritas por la autora de El Monte, como la posesión de los rituales corporales, las ofrendas materiales y las danzas, trascienden esta dicotomía. La posesión, por ejemplo, implica una alteración del estado de la conciencia que esta intrínsecamente ligada a las manifestaciones corporales, y en El Monte se observa cuando se “monta” [23] al santo, formando parte de un ritual:
“… ‘el santo baja para montar su caballo’, se mete dentro de éste, y ‘ese hombre o esa mujer que le entra el santo ya no es quien es: es el santo mismo’. ‘Lo agarró santo’, ‘lo tumbó’, ‘lo cogió’…”. [24]
La centralidad de la experiencia y el cuerpo en la santería ofrece un valioso contrapunteo a las concepciones filosóficas dualistas que han dominado el pensamiento occidental. Su énfasis en la posesión, los rituales corporales y ofrendas materiales se alinea con la fenomenología del cuerpo de Merleau-Ponty (1908-1961) [25], que sostiene que el cuerpo no es solo objeto físico, sino el medio a través del cual experimentamos el mundo, y también se alinea con formas de materialismo no reduccionista, que reconocen la unidad encarnada del ser humano y la importancia de la experiencia corporal directa en la compresión del mundo, incluyendo por supuesto la dimensión religiosa.
Los rituales corporales explicados por Lydia Cabrera se relacionan con dicho fundamento, ya que en las tradiciones cubanas de origen africano el cuerpo es el hilo conductor de expresión espiritual y conexión con lo sagrado. Un ejemplo de esto es el espiritismo [26], que ha tenido como máximo exponente a Allan Kardec (1804-1869) [27] y en el caso de la regla osha o santería se le conoce también como el proceso de “pasar muerto” cuando un espíritu se manifiesta a través de una persona. Al respecto, Lydia expone en El Monte:
“Así me dice una iyalocha que ‘trabaja por lo espiritual’ y por quien se manifiesta, alternando con Cachita —Mamá Caché—, la virgen de la Caridad del Cobre, el espíritu de un esclavo gangá: ‘Ocha o palo…, ¿qué, no viene a ser lo mismo? ¡Espíritu na más! ¿No se cae igual con santo que con muerto?’ ‘En religión todo es cosa de los muertos. Los ikús se volvieron santos’. Santos y espíritus son visitas diarias en las casas del pueblo cubano.” [28]
De esta manera la santería revela una sabiduría somática, una forma de conocimiento y conexión con lo sagrado que se experimenta y se manifiesta a través del cuerpo, desafiando las jerarquías entre mente y cuerpo, espíritu y materia. Para Cabrera, la santería además de ser un sistema de creencias, es una forma de vida encarnada, donde la práctica ritual y la participación comunitaria forman la identidad y la cosmovisión de los creyentes.
Notas:
[1] Hace alusión a la manera en que los orishas, los rituales y las practicas se conectan y relacionan entre sí, para formar un sistema coherente de creencias y prácticas.
[2] Surgió en el siglo XX y tuvo un gran impacto en disciplinas como la lingüística, la antropología, la psicología y la crítica literaria. Analiza los fenómenos humanos a través de sus estructuras subyacentes. En el texto se refiere al interés de Cabrera en identificar la lógica interna y la coherencia sistemática de la santería, lo cual anticipa algunas corrientes centrales del estructuralismo.
[3] Fue el principal exponente de esta corriente. Inspirándose en la lingüística estructural, aplicó el concepto de estructura al estudio de la cultura y la sociedad.
[4] La oralidad de la santería además de trasmitir información histórica, describir eventos o personajes, utiliza un lenguaje rico en símbolos, metáforas, ritmos y evocaciones que apelan a la emoción, la imaginación y la comprensión profunda.
[5] Creencia de que todas las cosas incluyendo objetos inanimados y fenómenos naturales, tienen alma o espíritu.
[6] Lo sagrado se vuelve intrínseco, inherente e inseparable de lo natural.
[7] Sostiene que Dios y el universo son una misma realidad, es decir que la divinidad está presente en todas las cosas y no existe separación entre lo material y lo sagrado
[8] Filósofo neerlandés (Ámsterdam, Países Bajos). Figura clave en esta corriente. Su concepción de Dios como la única sustancia infinita que se manifiesta en infinitos atributos (pensamiento y extensión) se alinea con la idea de que lo sagrado esta intrínsecamente presente en todo lo que existe.
[9] Fue el más grande escritor cubano posterior a 1959, fue guionista también. Hizo alusión a cómo la literatura y el arte funcionan como expresiones fundamentales de la experiencia, la identidad y la memoria humana.
[10] Carmen Ortiz García: Contrapunteos de Lydia Cabrera, Arbor, Revista de ciencia, pensamiento y cultura. Vol. 196-796, Año 2020, pp. 4.
[11] Está en contrapunteo entre su identidad blanca y su profundo vínculo con la cultura negra cubana siendo uno de los aspectos más notables y discutidos de su trayectoria.
[12] Analiza los efectos persistentes del colonialismo en las culturas, las sociedades y el conocimiento. En este contexto se cuestiona si la mirada de Cabrera como parte de un grupo social que históricamente tuvo una posición de poder en Cuba, no reprodujo inconscientemente dinámicas coloniales en su representación de la cultura cubana de origen africano.
[13] Reconocido escritor y etnólogo. Fundador de la Unión Nacional de escritores y Artistas de Cuba.
[14] Se refiere al proceso de presentar una cultura diferente como extraña y primitiva. La exotización tiende a enfocarse en los aspectos que se consideran raros desde la perspectiva occidental, dejando de lado la cotidianeidad, las luchas y las complejidades internas de esa cultura.
[15] Corriente filosófica y sociológica que surgió en el Instituto de Investigación Social de la Universidad de Frankfurt alrededor de 1920. Se caracteriza por su enfoque crítico hacia la sociedad, el capitalismo y las estructuras de poder, combinando influencias del marxismo, la filosofía de Hegel y el psicoanálisis de Freud.
[16] Filósofo alemán que escribió sobre la sociología, comunicología, psicología y musicología. Considerado uno de los máximos representantes de la Escuela Frankfurt y de la teoría critica de inspiración marxista.
[17] Filósofo, sociólogo y psicólogo judío alemán, conocido por su trabajo en la denominada teoría crítica de la Escuela Frankfurt de investigador social.
[18] Filósofo y sociólogo, uno de los pensadores claves de la Escuela Frankfurt. Su trabajo se centró en la crítica de la sociedad capitalista y el análisis de la cultura y el poder.
[19] Joaquín Soler Serrano entrevista a la escritora Lydia Cabrera, dirigido por Joaquín Soler Serrano, Vídeo disponible en https://www.rtve.es/play/videos/a-fondo/lydia-cabrera/7036287/, visto el 3/5/2025.
[20] Perspectivas que colocan a Europa como el centro del conocimiento, la historia y la cultura.
[21] Filósofo tradicionista alemán especialmente conocido por su obra Verdad y Método y por su renovación hermenéutica. Fue discípulo de Heidegger y el más relevante de la época.
[22] Propuesta por René Descartes, es la idea de que la realidad está compuesta por dos sustancias fundamentales: la mente, que es inmaterial, no espacial y pensante, y el cuerpo que es material, espacial y susceptible a las leyes físicas.
[23] Expresión utilizada en la santería para describir el proceso en el que el practicante es poseído o montado por un orisha o espíritu.
[24] Lydia Cabrera, El Monte, Ediciones Universales, Miami, Florida, 2000. Pp. 28.
[25] Filósofo fenomenólogo francés fuertemente influido por Husserl.
[26] Doctrina originada en Francia a mediados dl siglo XIX. Identifica a varias doctrinas religiosas y filosóficas que creen en la supervivencia del espíritu (alma) después de la muerte del cuerpo físico, y principalmente en la posibilidad de comunicarse con ellos, por evocaciones o de forma natural.
[27] Profesor, filósofo y escritor francés, considerado el sistematizador de la doctrina llamada espiritismo.
[28] Lydia Cabrera, El Monte, Ediciones Universales, Miami, Florida, 2000. Pp. 30.

