Uno de los fenómenos que ha caracterizado la historia del Ballet Nacional de Cuba, desde su fundación aquel jueves 28 de octubre de 1948, ha sido los logros obtenidos en la incorporación masculina a su elenco. Cuba no escapó en aquella etapa de los prejuicios y escollos que se interpusieron en su histórico bregar. Ser bailarín era un reto, más aún si este tenía aspiraciones profesionales, por razones bien conocidas. Además de los prejuicios sobre la presencia masculina en un arte refinado y con poco apoyo social, que requería una formación sólida desde los primeros años de vida, también era incierto el futuro que se abría a un aspirante al profesionalismo, cuando no existían compañías serias y estables y que no contaban con el apoyo estatal que debían recibir.

Lograr una presencia masculina eficaz fue el mayor reto que enfrentó la tríada Alonso (Alicia, Fernando y Alberto) en el ballet, una dura situación que habían conocido en su etapa inicial en la Escuela de Ballet de Pro-Arte Musical, donde la figura varonil fue muy escaza, a excepción de las titánicas decisiones de cuatro bailarines despojados de tales prejuicios y con una gran visión de futuro. En esa honrosa lista, aparecen por derecho propio los cubanos Alberto Alonso (1933), Fernando Alonso (1935), Luis Trápaga y Enrique Martínez, quienes sin vacilación dieron ese paso histórico y se incorporaron al mundo del ballet en la década de 1940. Ellos desafiaron ese hostil entorno y se dieron a la tarea de apoyar la creación del hoy Ballet Nacional de Cuba, integrar su elenco y proyectarse en la arena internacional, en compañías de tanto prestigio como el Ballet Theatre, el Ballet Ruso de Montecarlo y el original Ballet del Coronel de Basil.

La Academia de Ballet Alicia Alonso, fundada en 1950, prestó mucha atención a los elementos masculinos que, siguiendo una férrea vocación, se incorporaron a su plan formador muchas veces mediante becas gratuitas y con considerables esfuerzos personales, casi siempre en duros combates contra la incomprensión y los prejuicios. Allí están los nombres de Joaquín Banegas, Jorge Lefebre, Adolfo Roval, Ceferino Barrios, entre unos pocos más anónimos, pero también merecedores del mayor respeto.

“La Academia de Ballet Alicia Alonso, fundada en 1950, prestó mucha atención a los elementos masculinos que, siguiendo una férrea vocación, se incorporaron a su plan formador (…)”.

Con el triunfo de la Revolución en 1959, la búsqueda de los elementos masculinos fue la urgencia mayor para la reorganizada compañía y fue a partir de 1961-62 que se inició un ambicioso plan de captación de varones a lo largo y ancho de la isla para descubrir y formar la nueva cantera de bailarines cubanos. No se escatimaron las búsquedas de talento, ya fueran las captaciones de niños desamparados en la Casa de Beneficencia y el Hogar Granma en La Habana, así como en convocatorias por todo el país. Desde la primera graduación en 1968 la presencia varonil en el ballet cubano ha acaparado la atención del público y la crítica a nivel mundial.

En esa galaxia de estrellas balletísticas figuran por derecho propio nombres como los de Jorge Esquivel, Orlando Salgado y Lázaro Carreño, puntos cimeros que precedieron a generaciones ratificadoras del caudal de talento para la danza de nuestra patria, revalidado en las últimas décadas con nombres excepcionales como los de José Manuel Carreño, Carlos Acosta, Alejandro Virelles, Taras Domitro, Osiel Gouneo y más recientemente el de Patricio Revé, entre otros.

El otorgamiento del Premio Especial Fernando Alonso por la Asociación Hermanos Saíz (en 2024 lo mereció el primer bailarín Dani Hernández, actual director de la Escuela Nacional de Danza Fernando Alonso) a Yankiel Vázquez primer bailarín del Ballet Nacional de Cuba ha sido prueba de que esa ilustre sucesión de estrellas ha continuado hasta nuestros días.

“Este joven proviene de un lugar peculiar en la geografía del ballet cubano, el histórico poblado de Mantua en la provincia de Pinar del Río (…)”.

Este joven proviene de un lugar peculiar en la geografía del ballet cubano, el histórico poblado de Mantua en la provincia de Pinar del Río, que de manera muy particular ha ofrendando al ballet cubano una inagotable cantera de talentos masculinos; muchos de ellos alcanzaron las máximas categorías artísticas dentro del Ballet Nacional y en compañías del más alto fuste en el extranjero.

El galardonado realizó sus estudios en la Escuela Vocacional de Arte Pedro Raúl Sánchez, de esa ciudad, y los continuó en la Escuela Nacional de Ballet, en La Habana, bajo la guía de Ramona de Sáa, Yuneisy Rodríguez, Mirta Hermida, Marta Iris Fernández, Elena Cangas, entre otros destacados profesores. En su etapa escolar obtuvo numerosos reconocimientos, entre ellos Las Medallas de Plata y Oro en los concursos de los Encuentros Internacionales de Academias para la Enseñanza de Ballet, celebrados en La Habana, entre el 2009 y el 2011. Al graduarse este último año pasó a integrar las filas del Ballet Nacional de Cuba, bajo la dirección artística–técnica de Alicia Alonso, compañía con la que ha actuado en numerosos países de Europa, América y Asia.

En el 2015 fue promovido al rango de solista, en el 2019 al de bailarín principal y en el 2022 al de primer bailarín. En su periplo internacional ha actuado como artista invitado del Festival Internacional de Ballet de Cali, Colombia, y del Ballet Nacional de Costa Rica. Su repertorio incluye los roles principales en obras de la gran tradición romántico clásica y creaciones contemporáneas de coreógrafos extranjeros como Alexei Ratmanski, Uwe Scholz, Michel Descombey, Anabel López Ochoa, Ricardo Amarante, Erick Gauthier, entre otros.

“Es, por derecho propio, un exponente capaz de lo que en el mundo del ballet se le llama un puro ‘danseur noble’”.

Dotado de una sólida y virtuosa técnica, Yankiel Vázquez une a ello una gran ductilidad estilística, una muy agradable presencia escénica, que se mueve entre un lirismo innato y facetas de comediante. Es, por derecho propio, un exponente capaz de lo que en el mundo del ballet se le llama un puro “danseur noble”.

A Yankiel Vázquez lo adornan también otras cualidades: la de ser una gran persona, siempre noble, altruista y presto a colaborar con los proyectos del colectivo al que pertenece, a lo que se une su sentido de pertenencia y su férrea voluntad de vencer las adversidades de su salud en todos estos años de vida sobre los escenarios. Por todo ello, este valioso reconocimiento que le otorga la Asociación, siempre veladora del talento juvenil, conlleva el elogio a un artista, a un ser humano excepcional y a un fenómeno artístico hoy mundialmente respetado como es la Escuela Cubana de Ballet.