Señor Presidente:

Quien le escribe es un tranquilo y pacífico ciudadano cubano de 75 años de edad, graduado de la carrera de Historia del Arte en la Universidad de La Habana. Desde hace cincuenta años me he desarrollado profesionalmente en la promoción y valoración de la música desde la radio, la televisión y en crónicas para la prensa sobre esa música que nace de nuestras raíces culturales, además de aquella que se hace en otras regiones del mundo, entre ellas, la música norteamericana.

Permítame decirle, Señor Presidente, que nuestro pueblo como vecino de esa gran nación que Usted dirige, es un sincero admirador de la cultura norteamericana en sus múltiples ramas.

Si nos remitimos a la industria del cine, es muy difícil encontrarnos con algún cubano que no tenga en alta estima la obra cinematográfica de su país. En mi caso, Casablanca es mi película favorita, tanto como Encuentro cercano, de Spielberg, Los pájaros, de Alfred Hitchcock o La laguna dorada, de Mark Rydell, entre tantas otras.

“…nuestra misiva realmente está dirigida a las hermanas y hermanos del pueblo norteamericano que ven en el pueblo cubano a unos vecinos maravillosos…”

En cuanto al deporte, qué cubano aficionado del beisbol no disfruta de los magníficos juegos que tienen lugar en las Grandes Ligas o del basquet en la admirada NBA. En este recuento, no puedo dejar de traer al presente la presencia en nuestro país de ese gran ajedrecista que fue Robert Fisher, como invitado a la XVII Olimpiada Mundial de Ajedrez de La Habana en 1966. Basta decirle que Fisher era el jugador favorito entre los cubanos por la genialidad de sus jugadas, convertidas en leyendas.

Acerca de la música de su país, Señor Presidente, es un verdadero placer el disfrute de semejante diversidad con tan alto calibre. Desde el insuperable aliento experimental de Jimi Hendrix hasta la singular poética de Bob Dylan y las inolvidables armonías vocales de Crosby, Stills, Nash and Young, hacen de la década del sesenta un verdadero tesoro imposible de obviar. Si nos referimos al blues y al jazz tengo en mi alma el canto de Muddy Waters y el de B.B. King, además del de Bessie Smith y Ella Fitzgerald, esta última toda una diosa de la canción norteamericana. El talento innovador de Miles Davis continúa siendo una inspiración para los jazzistas en pleno siglo XXI del mismo modo que Wynton Marsalys realizó un fabuloso concierto con Eric Clapton en el Kennedy Center.

Aunque a todos estos intérpretes los he divulgado tanto por la radio como por la Televisión cubana, también estoy al frente del Centro Cultural Submarino Amarillo en donde grupos de rock de nuestro país hacen covers de clásicos del rock de todos los tiempos para satisfacción no solo de nuestros habituales clientes sino también para aquellos grupos de estudiantes de su país que, de visita en el nuestro, se sorprenden agradablemente de escuchar en nuestra nave submarina temas como “Sweet Home Alabama”, de Lynyrd Skynyrd.

Por supuesto que siempre he sido un seguidor de Bruce Springsteen, desde los tiempos de “Badlands”; pero ahora todavía lo admiro mucho más al haber compuesto recientemente la canción “Streets of Minnneapolis” dedicada a los vecinos inmigrantes y a la memoria de los ciudadanos norteamericanos Renee Good y Alex Pretti, asesinados por “los matones federales” quienes han impuesto el “terror estatal” en las calles de Minneapolis por orden del “rey Trump”.

Obviamente, nuestra misiva realmente está dirigida a las hermanas y hermanos del pueblo norteamericano que ven en el pueblo cubano a unos vecinos maravillosos que además de querer conocer de cerca los beneficios sociales que hemos alcanzado, disfrutan de nuestro cálido sol veraniego, de nuestra alegre música y de la proverbial confraternidad de los cubanos. A ellos dirigimos este emotivo llamado solidario para que impidan la aplicación de su orden ejecutiva de bloquear la llegada de petróleo a nuestro país con la imposición de aranceles a quienes nos lo suministren.

Señor Presidente, estamos seguros que no es otro que el propio pueblo norteamericano al que le corresponderá quitarlo del cargo que Ud. ocupa por todos los graves conflictos que ha generado y las atrocidades que está cometiendo en cualquier lugar del mundo, ignorando los principios básicos de las relaciones internacionales, incluso hasta las leyes de su propia nación. Pero, no obstante, ante sus declaraciones de pretender bombardear e invadir nuestro país, permítame hacerle una aclaración pertinente acerca de una consigna que se ha manipulado ofensivamente.

Cuando el Comandante en Jefe Fidel Castro dice por primera vez la consigna Patria o Muerte, en la despedida del duelo por las víctimas de la explosión del barco francés La Coubre, el 5 de marzo de 1960 en el puerto de La Habana, la esencia que caracteriza a dicha expresión es que los cubanos estamos dispuestos a entregar lo más precioso que tenemos, nuestra vida, a la muerte si fuera preciso, todo por defender el sagrado suelo de nuestra patria; no es para nada que queramos propagar la muerte como Ud. sí lo hace con una indolencia y desfachatez propia de su persona, como si la pérdida de vidas humanas, de personas inocentes, no le importaran por tal de alcanzar sus ambiciones personales.

“…nuestra consigna de Patria o Muerte termina con la más firme resolución de Venceremos, Venceremos por la vida”.

Por último, una advertencia: los cubanos con agallas, conscientes del significado del honor y de la dignidad —atributos humanos de los que Ud. Carece— le aconsejamos, Señor Presidente, que nunca es prudente abusar de los más pequeños ni de los aparentemente indefensos, porque se pudiera llevar una inesperada e implacable respuesta. Recuerde que nuestra consigna de Patria o Muerte termina con la más firme resolución de Venceremos, Venceremos por la vida.

Me despido de Ud., Señor Presidente, con la certeza de haberle expresado mi infinita admiración y respeto hacia el pueblo norteamericano, además de haberle dejado claro que así, viejo y todo como estoy, lucharé junto a mis compatriotas hasta las últimas consecuencias.

Sinceramente,

Guille Vilar