En Ormuz está una de las claves de la hegemonía norteamericana hoy
Varias noticias juntas son útiles para lograr una percepción un poco más acertada de la situación actual en la guerra de Irán.
Vamos por partes, como diría un sabio carnicero.
El presidente de los Estados Unidos planea dirigirse a la nación hoy 1ro de abril a las 21:00 (hora del Este). Presumiblemente esta comparecencia tocará el tema del futuro inmediato de la guerra contra el país persa, aunque perfectamente puede ser sobre otro tema. Trump es un poco impredecible en materia comunicacional.
Ayer, en declaraciones a la prensa en el Despacho Oval, afirmaba, según el resumen de France 24:
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró que el Ejército de su país podría poner fin a su ofensiva en Irán en “dos o tres semanas” y remarcó que transferiría la responsabilidad del estrecho de Ormuz a los países que dependen de él para el petróleo y el transporte marítimo. Además, el mandatario volvió a sugerir que Washington abandonará la OTAN tras tildarla de “tigre de papel”.
Y esta mañana en su red digital Truth Social, donde publica con mucha frecuencia, apuntaba:
¡El nuevo presidente del régimen de Irán —mucho menos radicalizado y mucho más inteligente que sus predecesores— acaba de solicitar a los Estados Unidos de América un ALTO EL FUEGO! Lo consideraremos cuando el estrecho de Ormuz esté abierto, libre y despejado. ¡¡¡Hasta entonces, pulverizaremos a Irán hasta el olvido o, como se dice, lo haremos retroceder a la Edad de Piedra!!! Presidente DJT
La respuesta iraní a estas afirmaciones no se hizo esperar. El ministro de Exterior iraní, Abbas Araghchi, negó que haya ningún tipo de negociación. Confirmó que se han recibido mensajes de la parte norteamericana, pero que no han respondido a los 15 puntos planteados por Estados Unidos. Añadió que Teherán “no aceptará un alto al fuego” y exige “el fin total de la guerra en toda la región”. Araghchi también se refirió a la preparación militar del país para una posible invasión y apuntó que la confianza de Irán en Estados Unidos para cualquier negociación es sumamente baja.
Hoy, además, el Parlamento de Irán aprobó una ley que establece un sistema de pago obligatorio para los buques que transiten por el estrecho de Ormuz. Esto, en la práctica, implica la voluntad persa de ejercer un control duradero sobre el estrecho, el cual posiblemente se prolongaría incluso ante una eventual conclusión de la guerra.
Otro elemento resulta relevante para el análisis. Hoy CNN daba a conocer los resultados de una encuesta realizada por SSRS, la cual arroja que el índice de aprobación del presidente Donald Trump en materia de gestión económica ha caído a un nuevo mínimo histórico del 31 %. Coincidiendo con otra serie de encuestas publicadas en los últimos días y que parecen reflejar una tendencia al descenso en la aprobación del actual mandatario en numerosos indicadores.
Según reporta CNN, resulta interesante también que se ha producido un notable descenso en su popularidad entre sus propios partidarios. El porcentaje de republicanos que aprueban firmemente su gestión ha caído al 43 %, desde el 52 % en enero.
“…aun cuando Estados Unidos declarara un cese unilateral de las hostilidades, hay elementos para dudar de estas palabras”.
Es importante recordar que estamos ante un presidente que es sensible, por encima de todo, a dos indicadores: la opinión pública interna y las fluctuaciones de la bolsa de valores.
Sobre la base de esta información, me atrevería a plantear algunas ideas:
- Varios análisis de coyuntura indican que Trump podría estar preparando el terreno para declarar una victoria unilateral y comenzar una desescalada en la región. La falta de claridad en el discurso oficial norteamericano sobre los objetivos de este conflicto favorecería esta posibilidad. Esta es una de las opciones disponibles para el actual mandatario, aunque sin dudas tendría un costo político de cara al lobby pro israelí y a los sectores más conservadores y pro guerra dentro del movimiento MAGA.
- Cualquier declaración sobre el conflicto que haga Trump hay que tomarla con extrema cautela. Su administración está lidiando con una crisis potencialmente catastrófica y todo parece indicar que no tienen un plan claro. Las contradicciones en el discurso oficial a todos los niveles lo confirman.
- Los hechos no parecen confirmar una desescalada dentro del corto plazo. El portaaviones “George H. W. Bush” partió ayer de su base en Norfolk, Virginia, rumbo a la región de Asia Occidental, donde se sumará con su grupo de guerra a los otros dos portaaviones estadounidenses que ya operan en el área. Adicionalmente 2500 marines han sido desplegados en la región, a bordo del “USS Trípoli” y la 82 Brigada Aerotransportada está siendo trasladada a la región. O sea, aun cuando Estados Unidos declarara un cese unilateral de las hostilidades, hay elementos para dudar de estas palabras. No se concentran tantos medios en un área si no hay una estrategia específica sobre la mesa, de lo contrario solo aumentaría el banco de objetivos de Irán sin un fin claro.
- Otro elemento fundamental que no se ha resuelto de acuerdo con los intereses occidentales y estadounidenses en específico es el tema del estrecho de Ormuz. Irán mantiene un firme control sobre el área y el petróleo mundial ya ha cruzado la línea de los 120 dólares por barril, con tendencia a seguir subiendo. Si la situación en el estrecho se prolonga, es probable que más países comiencen a llegar a acuerdos con Irán para garantizar el paso de sus buques. Esto implicaría aceptar las condiciones de Irán y sería un golpe severo al petrodólar, pieza clave de la estabilidad económica de Estados Unidos.
- Por otro lado Irán ha sido enfático en sus condiciones para el alto al fuego, las cuales incluyen, entre otras cosas, un pago por todos los daños materiales causados al país y garantías de seguridad de que otro ataque no se repetirá. Muy probablemente estas garantías de seguridad incluyan la retirada de las bases de Estados Unidos de la región, al menos lo que quede de ellas. Esto no solo implica el fin de la arquitectura de proyección de poderío estadounidense en el área, sino que además podría dañar severamente las ya laceradas relaciones de los estados del Golfo con Estados Unidos.
- Y hay que hablar del elefante genocida en la habitación. El ente sionista logró arrastrar a Estados Unidos a una guerra de su interés. Un cese al fuego lo deja en una situación en extremo delicada. Por un lado, sus ciudades e infraestructuras críticas han sido golpeadas como nunca desde 1946, demostrando que la milmillonaria inversión en sistemas de defensa no es efectiva frente a los cohetes y drones iraníes, mucho más baratos, diseñados específicamente para confrontar esos sistemas y con capacidad de saturar las defensas multicapas combinadas de Israel, Estados Unidos y sus aliados regionales. Si Israel se quedara solo frente a Irán, no me cabe duda de que criminales de guerra como Netanyahu o Israel Katz valorarán la posibilidad de usar sus armas nucleares, algo sobre lo cual voceros chinos han advertido en términos muy enérgicos.
- Si la decisión de Estados Unidos es avanzar a la toma de las islas iraníes en el estrecho, como Qeshm, Hormuz u alguna otra, el conflicto entrará en una nueva etapa, potencialmente más costosa para el agresor. Tomar las islas es una cosa, pero sostenerlas, al alcance de los drones, misiles y la artillería iraní es otra bien distinta. Ni hablar de un intento contra el territorio continental iraní, con sus formidables cadenas montañosas, desiertos y fuerzas de potencialmente millones de combatientes. No basta con los ataques aéreos para rendir un pueblo con esa voluntad de lucha habitando un país de esas dimensiones.

Se mire como se mire, la situación es una trampa para Washington, configurando un escenario que pudiera llegar a ser similar al de Vietnam. Haciendo un breve resumen:
─Una retirada sería un desastre político y militar.
─Una escalada aumentaría los costos y riesgos sin necesariamente implicar ganancias claras.
─Declarar una victoria sin reabrir acorde a sus intereses el estrecho de Ormuz implica una nueva posición de fuerza para Irán y un jaque al petrodólar.
─Las capacidades militares ofensivas de Irán no parecen estarse agotando, lo cual confirma las declaraciones hechas por el país al inicio del conflicto de que se han preparado para una larga guerra de desgaste.
─La asimetría en el costo material favorece a Irán y también la resistencia moral al costo humano de la guerra favorece a la nación persa, cuyas hijas e hijos defienden su Patria.
Concluyo apuntando que la evolución de este escenario tiene especial relevancia para Cuba. Una retirada desastrosa, una guerra estancada o un continuado descenso en las encuestas, podría fortalecer la idea de buscar una acción militar contra un objetivo percibido como de menor riesgo y que restablezca el halo de poderío que Trump y su administración ostentaron brevemente luego del éxito del 3 de enero.
El estrecho de Ormuz hoy sostiene una de las claves de la continuidad de la hegemonía norteamericana. Hay múltiples señales de crisis, en la medida en que se alarga el conflicto. Y los imperios en crisis, suelen ser especialmente peligrosos.
