In Memoriam: Camila Henríquez Ureña, presencia en la enseñanza y en las letras
Desde su mesa de profesora Camila lee. Se trata de una obra del teatro griego. Solo se escucha su voz. Clara. Timbrada. Inflexiones para cada personaje. No hay alteración. La voz no se dice, sale. Perfecto español. Interrumpe el timbre. Camila se levanta.
– Continuamos en la próxima clase. Espero que puedan perdonarme si he cometido algún error al leer, lo estaba haciendo directamente de la edición griega.
La anécdota, narrada por la profesora Miriam Rodríguez en el libro Camila y Camila, de Mirta Yáñez, ofrece una de las facetas de la doctora Camila Henríquez Ureña: la de su erudición, pero otras muchas esplendieron en la personalidad de una mujer que desplegó su conocimiento para el servicio de sus alumnos.
Nada fácil resulta constituirse en leyenda, y menos de la Universidad de La Habana y de su Facultad de Letras, por cuyo claustro han pasado tantas personalidades ilustres. La doctora Camila Henríquez Ureña lo consiguió sin proponérselo, solo con su hacer magistral dentro del campo de la pedagogía y con su ejemplo de servicio de la cultura.

Hija del matrimonio integrado por Salomé Ureña ─poetisa─ y Francisco ─pedagogo, abogado, escritor, presidente de la República Dominicana y amigo de José Martí─. además de hermana de los intelectuales Max y Pedro, en el caso de Camila no cabe sino decir que “de casta le viene al galgo”, puesto que en su dotación genética figuraban las letras en primer plano.
Camila nació pues, en República Dominicana el 9 de abril de 1894. Muy joven llegó a Cuba y en la Universidad de La Habana se graduó de Doctora en Filosofía y Letras, y en Pedagogía. También cursó estudios en las universidades norteamericanas de Minnesota y Columbia y en la Universidad de París. Poseyó una cultura vastísima y en la docencia halló el medio donde sembrar conocimientos y dejar su huella.
“Puede ser ─aconsejaba─ que el que no haya formado temprano el hábito de leer no pueda sentir desde el principio arder en su espíritu la llama del entusiasmo. No importa, hay que ponerse en contacto con nuevas obras notables, y esperar. Debe leer los grandes libros clásicos, que por serlo, son de todas las épocas y que deben leerse temprano y luego releerse con frecuencia, porque siempre parecen nuevos. No importa que no se pueda comprender todo en esos libros; cada vez que se leen se encontrará en ellos una nueva luz, y nadie, ni el más sabio de los hombres, podrá agotarlos nunca…”.
En 1936 compiló junto al poeta español Juan Ramón Jiménez ─entonces de visita en la Isla─ y el ensayista cubano José María Chacón y Calvo la antología titulada La poesía en Cuba en 1936, un libro que Max Henríquez Ureña no dudó en calificar de “índice de la poesía cubana de aquella hora”.
Profesora de Lengua y Literatura Españolas de la Escuela Normal de Oriente entre los años 1927 y 1941, sin cejar en sus empeños investigativos realizó trabajos en el Archivo de Indias de Sevilla, donde hurgó la presencia de mujeres destacadas en el período colonial.
“La doctora Henríquez Ureña legó a los estudiosos una bibliografía considerable, útil, vigente”.
Fue vicepresidenta de la Institución Hispano Cubana de Cultura fundada y dirigida por Fernando Ortiz, y ocupó el cargo de editor-consejero del Fondo de Cultura Económica de México.
Dictó conferencias en Estados Unidos, México y otras naciones de América Latina; entre 1942 y 1950 ocupó la cátedra de Lengua Española en Vassar Collage, Nueva York. Y a partir de 1959 ejerció como asesora técnica del Ministerio de Educación, miembro de la Comisión Nacional Cubana de la Unesco, vicepresidenta del Pen Club de Cuba y profesora de la Escuela de Letras y Arte de la Universidad de La Habana desde 1962.
La doctora Henríquez Ureña legó a los estudiosos una bibliografía considerable, útil, vigente. Su producción literaria se nutre de títulos como Ideas pedagógicas de Eugenio María de Hostos (1932), Curso de apreciación literaria (conferencias, 1935), Cervantes (1963), El Renacimiento español (1963), Cantares de gesta (1971), Dante Aligheri (1974), William Shakespeare (1972)… Colabora en las revistas Ultra, Archipiélago, Revista Bimestre Cubana, Grafos, Isla, Revista Lyceum, La Gaceta de Cuba, Casa de las Américas, entre otras.
Fecunda es la obra de Camila Henríquez Ureña, quien falleció en Santo Domingo el 12 de septiembre de 1973, durante una estancia en su tierra natal. Quienes fueron sus alumnos, quienes estudiaron en sus libros, quienes la conocieron en su andar por las aulas, la recuerdan con admiración, sabedores del privilegio que constituyó estar cerca de ella y aprender de su sabiduría.

