Sostener que sin papel no hay libro constituye una falacia que contradice la historia misma de la literatura. Como ha mostrado Roger Chartier (1994), las obras han migrado a lo largo de los siglos por muy diversos soportes, del rollo al códice, del manuscrito al impreso, sin que su esencia textual se viera alterada. El valor de un libro no radica en el objeto que lo contiene, sino en su calidad literaria. Por tanto, la resistencia que aún persiste en sectores del campo editorial y autoral cubano frente al libro electrónico no descansa en argumentos literarios sólidos, es más bien como un fetiche infundado; una adhesión emocional al papel que confunde la parte con el todo y eleva la materialidad a la categoría de esencia.
Esta confusión tiene consecuencias estratégicas, mientras en el mundo el campo del libro se digitaliza aceleradamente, en Estados Unidos, el 25% de los adultos leía libros electrónicos en 2019, cifra que ascendió al 31% en 2025, a lo que se suma un 26% que consume audiolibros (Pew Research Center, 2019, 2025), en Cuba buena parte del mundo editorial sigue trabajando con un imaginario analógico, lo cual puede alejar al público joven, que consume mayoritariamente libros electrónicos.
Las nuevas generaciones han naturalizado la lectura en pantalla. Para ellas, la discusión sobre el soporte no existe: si un texto les interesa o lo necesitan, lo leen en cualquier plataforma, sin conflictos de formato. El teléfono móvil, lejos de ser un obstáculo, se ha convertido en el dispositivo de lectura más extendido y en el principal canal de consumo de información a escala global. Estudios recientes del Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (CERLALC) documentan un crecimiento sostenido de la lectura en dispositivos móviles entre la población joven de la región. En España, el Barómetro de Hábitos de Lectura y Compra de Libros de 2023 indica que el 70,6% de los jóvenes entre 14 y 24 años son lectores en su tiempo libre, y los estudios del sector reflejan una adopción creciente de formatos digitales en este segmento (Federación de Gremios de Editores de España, 2023).
“…en Cuba buena parte del mundo editorial sigue trabajando con un imaginario analógico, lo cual puede alejar al público joven, que consume mayoritariamente libros electrónicos”.
El formato digital ofrece ventajas irrefutables que el papel no puede igualar: interactividad, acceso inmediato a diccionarios integrados, cero costes de transporte y distribución, compatibilidad con audiolibros y una experiencia de lectura adaptada a las pantallas, con tamaños de fuente ajustables, modos de luz nocturna y sincronización en la nube. En el caso cubano, donde la producción impresa enfrenta limitaciones de insumos y logística, estas ventajas son una necesidad para garantizar la circulación del conocimiento.
Un punto importante para acercar al público es la promoción. Si el lector joven está en las redes sociales, allí debe estar también el libro cubano. Algunas Editoriales mantienen una actividad constante en sus perfiles, alcanzan una interacción modesta que no siempre logra una repercusión significativa, reflejo de estrategias que aún no conectan con las dinámicas del entorno digital. Esta irrelevancia en redes no es casual, responde a la persistencia de modelos comunicativos heredados de la televisión y los medios tradicionales, que desconocen la lógica interactiva, la segmentación algorítmica y la estética visual de entornos como Instagram o Facebook.
La solución no es compleja de enunciar, aunque sí exigente en su ejecución. Requiere estudiar las dinámicas de cada red, producir contenidos diseñados para la atención en pantallas pequeñas.

Nada de lo anterior supone declarar obsoleto el libro impreso. El papel representa un capital simbólico, en el sentido que Pierre Bourdieu da al término, al que muchos lectores y autores se aferran con apego emocional. Esa dimensión afectiva no es desechable, pero tampoco puede bloquear la apertura a un nuevo campo de posibilidades.
Lo ideal es un ecosistema en el que coexistan ambos formatos sin menospreciarse. Porque un Quijote es siempre un Quijote, solo cambia el soporte. El formato digital nos abre paso, hoy y aquí, a esa biblioteca infinita que Jorge Luis Borges imaginó en forma de hexágonos. La utopía de Babel está en la circulación irreductible de los textos. El libro cubano tiene el deber de habitar esa biblioteca y de hacerlo con la ambición que la literatura merece.
Referencias:
- Chartier, R. (1994). El orden de los libros: lectores, autores, bibliotecas en Europa entre los siglos XIV y XVIII. Gedisa.
- Federación de Gremios de Editores de España. (2023). Barómetro de Hábitos de Lectura y Compra de Libros en España 2023. https://www.federacioneditores.org
- Pew Research Center. (2019). Book Reading 2019. https://www.pewresearch.org
- Pew Research Center. (2025). Three-in-ten Americans now read e-books. https://www.pewresearch.org
- Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (CERLALC). El libro en cifras. Boletines estadísticos disponibles en https://cerlalc.org

