Un acontecimiento deportivo puede devenir en acontecimiento histórico, o político o de connotación nacional. Todo ello significaron para Cuba los X Juegos Centroamericanos de San Juan, Puerto Rico, celebrados entre el 11 y el 25 de junio de 1966.

Un intenso dramatismo antecedió a la apertura del evento. El Departamento de Estado del gobierno de Estados Unidos denegó la concesión de visas así como el acceso a la isla borinqueña, por aire y por mar, a la delegación cubana.

Entonces sucedió lo inesperado, lo inédito, lo memorable. La delegación cubana, integrada por 315 miembros (atletas, entrenadores, árbitros, personal médico, funcionarios…) abordó desde Santiago de Cuba el buque mercante Cerro Pelado para realizar la travesía hasta San Juan de Puerto Rico. Durante el recorrido vivieron la amenazadora presencia de los aviones norteamericanos sobrevolando rasantes el buque, en tanto los deportistas entrenaban sobre la cubierta del Cerro Pelado para mantener activados los músculos y demostrar su decisión irrevocable de llegar y vencer.

“La delegación cubana (…) abordó desde Santiago de Cuba el buque mercante Cerro Pelado para realizar la travesía hasta San Juan de Puerto Rico”.

La situación alcanzó su clímax y se convirtió en noticia internacional cuando el 10 de junio, en vísperas de la inauguración, la delegación aprobó la Declaración del Cerro Pelado que proclamaba el derecho de Cuba, como nación del área, a participar en los Juegos, avalada esta por los estatutos del Comité Olímpico Internacional.

En la mañana del día 11, concedidas las visas, pero con el Cerro Pelado anclado a unas tres millas de las costas de Puerto Rico, y en operación no carente de peligrosidad, la delegación trasbordó al remolcador Peacock que los condujo a tierra.

Finalmente la delegación cubana llegó a tiempo y pudo desfilar en la ceremonia inaugural aquel mismo día.

“En el orden competitivo, el resultado fue brillante: un total de 78 medallas, distribuidas en 35 de oro, 19 de plata y 24 de bronce”.

En el orden competitivo, el resultado fue brillante: un total de 78 medallas, distribuidas en 35 de oro, 19 de plata y 24 de bronce. Los títulos se repartieron de esta manera: 9 en atletismo, 5 en boxeo, 6 en esgrima, 6 en lucha libre, 2 en judo, 2 en pesas, 2 en voleibol, 1 en polo acuático, 1 en tiro y 1 en beisbol. Por países, segundo lugar detrás de México y por delante de Puerto Rico, tercer lugar.

Para regresar se utilizó la misma vía: en lanchones hasta el Cerro Pelado, ¡y de vuelta a casa, victoriosos! Una experiencia para guardar en la memoria y como uno de los acontecimientos más relevantes del deporte cubano de todos los tiempos.