“Fidel no dejó recetas, dejó un método”: Díaz-Canel desglosa la escuela de trabajo revolucionario del Comandante
La Habana se convirtió este lunes en la capital mundial del pensamiento fidelista. En la inauguración del I Coloquio Internacional “Fidel: legado y futuro”, el presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez pronunció un discurso que fue a la vez un recorrido histórico, un balance de la Revolución y una hoja de ruta para el futuro, todo ello atravesado por la vigencia del pensamiento del Comandante en Jefe.
“El primer homenaje que debemos a Fidel”, comenzó Díaz-Canel, “es recordar aquella Cuba marcada por la injusticia, la desigualdad y la dependencia”. Y trazó un panorama que estremece: 600 mil desempleados, tres millones de personas sin electricidad, el 37,5 % de analfabetismo, el 60 % de los niños rurales sin maestros, el 85 % de los campesinos pagando rentas abusivas. “Ese estado de cosas demandó la transformación más radical del siglo XX en este país”, afirmó.
Frente a aquel punto de partida, el mandatario cubano contrastó los logros actuales: una esperanza de vida de 77,7 años, la tasa más alta de médicos por habitantes del mundo —más de nueve por cada mil— y un sistema educativo, cultural y deportivo que sigue siendo referente. “Incluso bajo las terribles restricciones que impone el bloqueo, esos índices siguen siendo superiores a los de otros países del continente”, subrayó.
“En Fidel encontramos no solo un líder histórico, sino una escuela de trabajo revolucionario”.
Pero el discurso de Díaz-Canel no fue un mero ejercicio de nostalgia revolucionaria. Fue una defensa de la actualidad de Fidel, de su capacidad para seguir iluminando el camino. “En Fidel encontramos no solo un líder histórico, sino una escuela de trabajo revolucionario”, afirmó y enumeró los legados que consideró fundamentales: “la certeza de que los sueños se conquistan defendiendo las ideas”, la convicción de que “el internacionalismo es una actitud que nos debe distinguir”, la enseñanza de que “el socialismo es el único camino para sacar a la humanidad de la pobreza”.
Recordó que Fidel fue el primero en denunciar la globalización neoliberal como “el imperio de la muerte” y también el primero en alzar la voz por un mundo para todos.
El mandatario se detuvo en el método fidelista, ese binomio de diagnóstico riguroso, propuesta programática y acción decidida que se repitió en cada oportunidad histórica. Desde el alegato del 17 de octubre de 1953, cuando el joven abogado convirtió su autodefensa en el programa político del Movimiento 26 de Julio, hasta las reflexiones de sus últimos años. “Fidel no dejó recetas, dejó un método”, insistió y citó una de sus ideas más revolucionarias: “La economía no es una esfera autónoma separada de la política, sino su expresión material. No hay economía sin política ni política sin economía”.
Díaz-Canel también destacó la coherencia ética del Comandante: “No acumuló riquezas, no traicionó sus principios, vivió como pensó y murió como vivió”. Y subrayó su condición de trabajador incansable, de estudiante permanente, de orador que movía multitudes, de estratega militar que anticipaba el futuro. “Su insaciable curiosidad por el conocimiento, por los progresos de la ciencia y la técnica, por la historia y el destino de la especie humana, lo acompañaron hasta el final de su vida física”, afirmó.
Luego, el discurso dio un giro cuando el mandatario cubano situó el legado de Fidel en el contexto de un mundo en crisis. “El mundo vive en un estado de crisis. Crisis climática, crisis financiera, migración forzada, fractura social. El orden internacional está en crisis. El multilateralismo imperial pretende imponer su ley con la fuerza, pero el mundo multipolar ha llegado para quedarse”, afirmó.
Después denunció que, en ese tablero global, Cuba sigue siendo uno de los objetivos predilectos de la furia imperial. El bloqueo recrudecido, la inclusión arbitraria en la lista de Estados patrocinadores del terrorismo, las campañas mediáticas masivas, la subversión digital y los intentos de fracturar el país desde dentro con fondos de la derecha de Miami. “Estados Unidos no tiene ninguna moral ni derecho alguno para juzgar a Cuba, que ha sido posiblemente la nación más bloqueada por ellos y con los mayores costos destinados a su asfixia económica en el hemisferio”, sentenció.
Díaz-Canel fue implacable al caracterizar la naturaleza del bloqueo: “No es solo una medida económica, es un acto de guerra no convencional contra el pueblo que decidió ser libre. Es un intento sistemático de rendir por hambre y enfermedad a una nación que ha demostrado durante más de seis décadas que la dignidad no se negocia”.
“Estados Unidos no tiene ninguna moral ni derecho alguno para juzgar a Cuba, que ha sido posiblemente la nación más bloqueada por ellos y con los mayores costos destinados a su asfixia económica en el hemisferio”.
Citó a expertos de Naciones Unidas que han señalado que las medidas coercitivas unilaterales contra Cuba son ilegales según el artículo 19 de la Carta de las Naciones Unidas, y forman parte de una estrategia más amplia de cambio de régimen que “abarca la meta de provocar la hambruna”.
Reconoció las dificultades que enfrenta el pueblo cubano: “los apagones que interrumpen la vida familiar, la escasez de agua, el deterioro del poder adquisitivo del salario, la escasez de combustible que paraliza la economía y el transporte, la dificultad para completar la cuota básica de alimentos”. Pero inmediatamente añadió: “No estamos aquí para lamentar las carencias, sino para cambiar las cosas que nos duelen” y enumeró las respuestas: la soberanía frente a la pandemia, el fortalecimiento de la agricultura urbana y suburbana, la capacidad de convertir la adversidad en oportunidad, la resistencia firme y creativa de la unidad bajo la dirección del Partido Comunista de Cuba.
El presidente fue claro en el rumbo económico: “Se necesita producir y generar riqueza para poder distribuir con toda la justicia social posible y preservar conquistas históricas de la Revolución”. No obstante, aclaró: “Este proceso es para dinamizar la economía y no para restaurar el capitalismo”.
“La batalla de ideas se ha convertido en la trinchera más vital contra el oscurantismo ideológico y la fuerza de todo lo que se opone al progreso”.
Díaz-Canel dirigió un mensaje especial a los participantes del coloquio, a quienes convocó a “discutir la verdad de Cuba y de todos los pueblos de nuestra América”. Y a la juventud, les dijo: “Cada joven cubano, cada tipo de joven de cada conferencia que hay en sus países es una trinchera de la Revolución. La batalla de ideas se ha convertido en la trinchera más vital contra el oscurantismo ideológico y la fuerza de todo lo que se opone al progreso”.
El mandatario cubano cerró su intervención con una afirmación que resonó con fuerza entre los presentes: “El futuro de nuestros hijos, los sueños que tenemos que alcanzar están en nuestras manos”. Y, citando a Fidel, concluyó: “Nosotros estamos dispuestos a resistir dignamente y en grande los años que sean necesarios el bloqueo del imperialismo. Cuba sabrá mantenerse en el ejemplo de una Revolución que no se rinde”.
