Muchas veces pasa desapercibido frente a otros instrumentos e incluso la voz, y sin embargo es esencial cuando se habla de la estructura y la cohesión de una pieza musical desde el punto de vista sonoro. El bajo, caramba, es el que sostiene la base armónica y rítmica, y como me han explicado algunos de sus defensores, es el que funge como puente entre la percusión y las melodías.
Posee un sonido grave, profundo, le otorga “consistencia” a la música y podemos conectar con el feeling de una canción desde su impronta de una manera más fuerte. Y en géneros como el jazz, el rock, el funk, el pop y la música electrónica, el bajo es el responsable de marcar el ritmo y generar la dinámica necesaria para que el resto de los instrumentos se integren armoniosamente.
Depende de la maestría y el virtuosismo del bajista la transformación que tendrá la pieza, desde la estabilidad que logre hasta la creatividad que le añada. A nivel internacional se recuerda como un claro ejemplo lo que hizo el afamado Jaco Pastorius, otorgándole un rol protagónico en su disco homónimo o lo que sucedió en el trascendental festival Woodstock en 1999 con la actuación de Red Hot Chili Peppers, al igual que cada trabajo de Marcus Miller en vivo, ya con el bajo eléctrico, emocionando al público.
“Depende de la maestría y el virtuosismo del bajista la transformación que tendrá la pieza, desde la estabilidad que logre hasta la creatividad que le añada”.
En Cuba, el bajo también juega un papel fundamental y muchas veces protagonista dentro de la música tradicional y contemporánea. En géneros como el son, la salsa, el danzón y el timba, el bajo es clave, y ahí emerge el legado de Juan Formell, de Carlos del Puerto, de Feliciano Arango, de Jorge Reyes, de Israel López (Cachao), de Alain Pérez, de Lázaro Rivero (El Fino), de Frank Rubio y de muchos más, y también de más jóvenes, incluso vinculados al jazz, como Yandy Martínez, Gastón Joya, Rafael Paseiro y David Faya, entre otros.
Precisamente con Faya, quien siguió el sendero musical de su padre, converso, a propósito de su empeño por otorgarle una mayor presencia protagónica a su instrumento, unido a otros relevantes bajistas de la escena cubana actual.
“Probablemente este ha sido el interés de no pocos bajistas cubanos, aunque el antecedente más inmediato que conocemos es el proyecto liderado por Rafael Paseiro, Todo bajo control, que incluyó hace unos años jornadas de eventos teóricos, clases magistrales y conciertos.

“En mi caso, además de mantener mi proyecto personal Camino de Santiago y acompañar a otros músicos en distintos formatos, me ha interesado crear el proyecto Bajo Mundo, a partir de una invitación a participar en el evento Jazz Emprende. Junto a los bajistas Osniel Regal, El Moro, y Roberto Álvarez, y con Adner López en la batería, trabajamos como un ensemble, para compartir los diferentes matices y colores que posee el bajo.
“Nos ha gustado la reacción del público ante esta sonoridad distinta, pero sabemos que la novedad atrae. Además, nos lo hemos pensado muy bien, y como nos comunicamos de una manera muy empática, esa complicidad se siente y se disfruta. Nuestra amistad también sobresale, y la frescura que se comparte desde la música es muy evidente”.
¿Cómo han logrado que los tres bajos coexistan, y a la vez, brillen?
Nuestra idea, como imagino también fue la del proyecto Todo bajo control, es respetar las prioridades musicales del instrumento. En otro tipo de formación, ya sabemos que el bajo tiene su función pero en este caso, la intención es mostrar al bajo y al bajista en una nueva faceta, que no es necesariamente como soporte de la orquesta.
Se trata de mostrar a un instrumentista que también puede ser solista, y compartir todo el rango sonoro amplio que posee el bajo. nosotros nos dividimos la masa sonora. En términos creativos, nos dividimos la masa sonora. Hay uno que hace de bajista, otro hace de acompañante, y otro de pronto va a ser solista. Eso quiere decir que uno toca los graves, el otro puede hacer acordes, y el otro toca los agudos para hacer melodías y trabajar como solista. Eso permite que haya una distribución equitativa de los instrumentos y que no se superpongan uno con el otro. Todos estamos muy pendientes de cuidar mucho la sonoridad, porque se trata de bajas frecuencias, y puede ser difícil. Por eso brillamos como ensemble y también de manera individual.
¿Cuáles son las ambiciones inmediatas?
Grabar un disco sería maravilloso pero es muy complejo ahora. Tenemos temas para un demo, para empezar. Por otra parte, presentarnos en vivo y comprobar si lo que hacemos gusta, si se recibe bien, si nuestra idea debe tomar otro rumbo…
Consolidarnos como ensemble es vital, y si otros músicos desean sumarse, el objetivo es que sepan que se trata de insertarse en un ámbito en el que el bajo es el líder.
A mis alumnos les digo que si desean ser bajistas, deben comprender que hay que estar listo para estar en la sombra. Aunque sabemos que nuestro trabajo es fundamental en la línea sonora, no es común reconocerlo. Por eso nombramos el proyecto Bajo Mundo.

