Ser miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba pudiera parecer un privilegio y, de alguna manera, lo es. Lo sabemos quienes integramos esta organización. Pero, más que un privilegio, pertenecer a la Uneac debe asumirse como una responsabilidad, como un compromiso con lo mejor de la cultura cubana. Y no se trata de una consigna vacía ni de un lugar común. Se espera de sus miembros que defiendan la cultura nacional en toda su amplitud, en la diversidad de sus expresiones y en sus valores más auténticos. También que participen activamente en los debates sobre el arte y la creación, pero no solamente en ellos: la Uneac está llamada a intervenir en las discusiones sobre el proyecto de nación que los cubanos pretendemos construir. Así la concibe la política cultural de la Revolución, desde la convicción de que sin cultura no hay libertad posible.
El ingreso a la Uneac es voluntario, pero también selectivo. Esa selectividad procura garantizar que sus filas estén integradas por creadores con una obra de reconocida solidez estética, conceptual y ética, capaces de asumir, además, la proyección social de su trabajo. Porque la Uneac no es una organización gremial en el sentido más estrecho del término, tampoco un club social ni una sociedad de recreo. Es, ante todo, un espacio para el debate, la confrontación de ideas y el ejercicio del pensamiento crítico; una plataforma para la socialización de lo mejor de la creación artística y literaria cubana.
Porque la Uneac es, ante todo, un espacio para el debate, la confrontación de ideas y el ejercicio del pensamiento crítico; una plataforma para la socialización de lo mejor de la creación artística y literaria cubana.
La pertenencia a la organización no puede convertirse en un reconocimiento para la vanidad personal, sino en una oportunidad para contribuir, desde la creación y el pensamiento, a la vida cultural del país.
Que el crecimiento de la organización durante este año esté dedicado al centenario del natalicio de Fidel Castro no constituye un mero gesto de adhesión a una celebración nacional. Responde también a los extraordinarios vínculos que Fidel estableció con la Uneac y a la importancia que concedió a la participación de los artistas e intelectuales en los debates de la sociedad cubana. En los congresos, consejos nacionales y otros encuentros con sus miembros se discutieron asuntos esenciales de la vida política, económica, social y cultural del país. Fidel convocó a los creadores a ser parte activa de esas discusiones, a aportar sus ideas y a ejercer su responsabilidad intelectual. Ese diálogo forma parte de la historia de la organización y también de su razón de ser.
“Fidel convocó a los creadores a ser parte activa de esas discusiones, a aportar sus ideas y a ejercer su responsabilidad intelectual”.
A 65 años de su fundación, la Uneac tiene que reafirmarse en su objeto fundamental. Los artistas tienen mucho que aportar a la sociedad y la organización debe propiciar las condiciones para que esos aportes sean sustantivos, diversos y tengan una verdadera incidencia en la vida de la nación. Crecer no puede ser solamente sumar nombres a una membresía: tiene que significar fortalecer el compromiso, ampliar la participación y multiplicar la capacidad de contribuir.
La Uneac no es un espacio para las vanidades ni para la complacencia con las propias glorias. Es un espacio para crear, debatir, proponer y, sobre todo, para ayudar a construir una Cuba mejor.

