Cincuenta años de un joven mambí

Jorge R. Bermúdez
14/8/2020

I

Siempre que se celebra un aniversario se piensa en una personalidad de la vida social y cultural de un país, o en un hecho destacado de su Historia. Pero son contadas las naciones que, no pertenecientes al mundo que damos en llamar desarrollado, pueden vanagloriarse de celebrar el aniversario de una historieta ilustrada emblemática —en razón de un género gráfico que tal y como lo conocemos hoy, casi tiene la misma edad nuestra como nación independiente, período republicano incluido—. Este es el caso de nuestro Elpidio Valdés, de Juan Padrón, que este 14 de agosto celebra el aniversario cincuenta de su primera publicación en el semanario Pionero.

 

“La recién creada revista Zunzún, en su primer número del 10 de octubre de 1980,
dedicado al inicio de nuestra gesta independentista, asumía en su portada las imágenes de Elpidio Valdés
y su compañera de siempre, María Silvia”. Fotos: Cortesía del autor
 

Si bien la pandemia de la Covid-19 nos obliga a que todo acto festivo se postergue o generalice como hecho virtual, ello no impide que este aniversario redondo de nuestro eterno joven mambí se recuerde como se merece. Las razones son de todos conocidas, pero no está de más que recordemos dos de las más significativas: hacer las delicias de grandes y chicos por cinco generaciones de cubanos, y hacerlo con un alto nivel estético-comunicativo.

II

Elpidio Valdés fue resultado del contexto histórico y mediático de la Revolución cubana, en particular, el que dio inicio con la campaña de los Cien Años de Lucha de nuestro pueblo (1868-1968), la cual influyó en una nueva relectura de la Historia de Cuba. A partir de esta efeméride los presupuestos ideológicos asumidos por la nueva sociedad socialista en construcción empezaron a interpretarse como una continuidad de los defendidos por el independentismo cubano decimonónico. Además de la benéfica influencia de un proceso democratizador de la cultura universal en la educación superior, el cual vino a consolidar la antes citada posición oficial desde los presupuestos filosóficos del materialismo histórico. En consonancia con esta realidad, el animado cubano, apertrechado de los aportes de la línea experimental que había tenido en sus inicios, se hizo más consecuente con su tiempo, en correspondencia con una pauta de codificación visual que no desestimó ni influencias foráneas ni ascendencia realista alguna.

Al socaire de esta realidad nacería la saga de Elpidio Valdés como historieta impresa en el semanario Pionero, el 14 de agosto de 1970. Cuatro años más tarde se estrenaría Elpidio Valdés contra el tren militar, primer cortometraje del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (Icaic). Sin embargo, este estelar comienzo no impidió que Padrón, con su particular espíritu creador para concebir personajes relacionados con nuestra Historia, se remontara a la época de la conquista, gestando el cortometraje Tabey, suerte de Elpidio Valdés taíno, realizado en 1975. Si bien Tabey no tuvo una trascendencia mayor en la obra de Padrón, hay que reconocerle su interés por incorporar al animado cubano nuestra cultura originaria, lamentablemente, casi siempre al margen de nuestras problemáticas culturales centrales. Incluso, llegó a concebir otro proyecto sobre este periodo histórico; sin embargo, todo parece indicar que la celebridad alcanzada por el simpático mambí, a partir del citado cortometraje, no le dejaron ni espacio ni tiempo para nuevas historietas de “indios”. Así, Padrón se pondría en función de su primer largometraje, Elpidio Valdés, estrenado en 1979, cuyo título estuvo en consonancia con su carácter biográfico —María Silvia y Palmiche, incluidos—. Por este largometraje nos enteramos que Elpidio nació en 1877, que la madre le dio el nombre del padre, capitán del Ejército Libertador, aun cuando era descendiente directo de españoles, como tantos otros oficiales cubanos de la llamada Guerra Grande, y que el niño pasó su infancia jugando “con los bichos del monte”. [1]

Elpidio Valdés fue resultado del contexto histórico y mediático de la Revolución cubana, en particular,
el que dio inicio con la campaña de los Cien Años de Lucha de nuestro pueblo (1868-1968),
la cual influyó en una nueva relectura de la Historia de Cuba”.
 

Este largometraje vino a coronar una primera etapa mediática, en la que nuestro héroe contribuyó a bajar el estrés de grandes y chicos, convirtiéndose en un verdadero ícono del género. Trayectoria que continuó durante los ochenta, década en la que el cine y los impresos se disputaron la presencia del imbatible mambí. La recién creada revista Zunzún, en su primer número del 10 de octubre de 1980, dedicado al inicio de nuestra gesta independentista, asumía en su portada las imágenes de Elpidio Valdés y su compañera de siempre, María Silvia.

La relación ficción-realidad a tenor con la popularidad de este cómic de la Historia, por entonces, se amplificó más allá de los límites históricos precisos de su comienzo. En consecuencia, en algunos cortometrajes y largometrajes de esta segunda etapa, se hará presente la introducción de nuevas situaciones y personajes, en alguna medida determinados por el apremio de un público ávido de buen humor. En este último se reconocían no solo por la recreación de situaciones de la Historia patria, sino también por las expresiones y gestos del habla popular del cubano, a los que se sumaban los propios de los personajes representativos del ejército español. En todos los casos, la contundencia de las acciones y los mensajes eran reciprocados con la risa de los espectadores y, no pocas veces, con carcajadas.

“Si bien la pandemia de la Covid-19 nos obliga a que todo acto festivo se postergue o generalice
como hecho virtual, ello no impide que este aniversario redondo de nuestro eterno joven mambí
se recuerde como se merece”.
 

La desaparición física de Juan Padrón, a solo cinco meses del aniversario cincuenta de su creación mayor, ha sido el otro motivo inspirador del presente trabajo. En la presencia permanente de Elpidio en nuestra cultura visual, está la del padre. No hay nada que lamentar. La capacidad de la vida para recrearse reafirma —incluso, en tiempos de una pandemia como la que sufre nuestra especie—la importancia del arte y la cultura para resistir y vencer. Héroes y heroínas que nos dirijan y estimulen a alcanzar tan deseada meta, tenemos de sobra. Elpidio Valdés entre ellos. ¿No es así, Elpidio? ¡Claro que sí, compay!

 

Nota:
[1] En cuanto a la descendencia española de muchos de nuestros libertadores, es oportuno recordar dos ejemplos mayores: el padre del general Antonio Maceo y los padres de José Martí. Juan Padrón, profundo investigador de nuestra historia militar, no pasó por alto esta realidad, a veces, soslayada en textos y comentarios sobre nuestros próceres en los medios de comunicación.