A cada quien, su sueño o su chatarra
Nos permitimos soñar y el tiempo nos dio la razón. Con los proyectos revolucionarios mi generación descubrió, muy tempranamente, la vida enfocada a grandes metas, que nos ponían delante seres empeñados en salvar el futuro para todos. Una vida mejor: el trabajo como fuente de riqueza y sustento, no solo como cosecha material sino también acto creativo: salud; educación; cultura; honestidad; justicia social…
El paso de los años hizo que condujéramos nuestros sueños por caminos, no siempre certeros, a veces erráticos, pero siempre con la brújula enfilada al puerto pródigo para que esos anhelos no naufragaran en el proceloso mar de las adversidades. Hemos enfrentado Polifemos, Circes y Calipsos en el regreso a una Ítaca donde nunca estuvimos, pero que sabemos cierta y seguimos buscando.
Hemos rozado las costas de la utopía, y las coyunturas nos han obligado a girar el timón, a veces 30 grados, a veces 60, pero nunca 180, aunque en la actual circunstancia, la radicalidad de cambios en el sistema de propiedad en pos de la sobrevivencia de la tripulación haya obligado a aumentar la magnitud del giro, sin dudas brusco. El añorado puerto, no obstante, sigue visible, a tiro de catalejo y en una coordenada que seguramente seremos capaces de alcanzar.
En espera de que amaine la tormenta, seguimos alertas al timón con el propósito de curar la hoja de ruta. Para ello trabajamos, con nuevas precariedades, pero con certidumbres incorporadas proteicamente a nuestra sangre. Sabemos que la apropiación épica que nos inspira a los de las primeras generaciones de la Revolución triunfante, no es tendencia dominante en el pensamiento de las más recientes, a veces seducida y otras confundida con apreciaciones demasiado ceñidas a lo inmediato. Y es precisamente por eso que nos toca conjurar el olvido y convocar a lo más íntimo del humanismo para que nunca nadie pierda la perspectiva histórica de lo mucho que debemos conservar hasta que logremos sortear los obstáculos y monstruos que nos desgastan la cotidianeidad. La juventud es imprescindible en ese empeño.
“Este primero de enero llama a los siguientes. Somos un punto del tiempo donde confluyen simbólicamente Primeros de Enero sucesivos”.
Lo que comenzó un primero de enero, hace 67 años, aunque no fue una navegación a ciegas, si ha tenido que enfrentar escollos inicialmente inadvertidos, imposibles de prever. Los mecanismos concebidos para inocularnos desastres funcionan con la eficacia que les proporcionan los grandes capitales. Cesaron las sutilezas diplomáticas; los ataques que venimos recibiendo son frontales y carentes del mínimo respeto a la otredad. En lo mediático, en lo militar, en lo financiero, con el chantaje, han logrado reclutar a muchos. Solo la grandeza de un ideal de soberanía que se niega a sucumbir mantiene, aunque no sin sacudidas mayúsculas, el maltratado equilibrio en nuestro entorno político social.
La deserción ideológica de aliados poderosos en lo que otrora fuera una fuerte comunidad de naciones socialistas con proa hacia el mismo puerto, aun nos golpea duramente, pero soñadores de nueva incorporación, tanto en Europa, como en Asia, África y, sobre todo, en América Latina, nos acompañan y les ponen un muro de contención a los groseros intentos de demolición con que nos amenazan. El ideario se reconstruye con nuevas certezas, no siempre contenidas en los manuales, pero cargadas de novedosas connotaciones.
El actual equipo presidencial del imperio –sobre todo su luciferino mandatario– cree que podrá poner el punto final a la historia que escribimos y, a partir de ese instante, hilvanar su falso relato sobre los días que ha vivido y vivirá el planeta. Pese a que monopolizan a su arbitrio un pensamiento chatarra sujeto a preceptos seudofilantrópicos enlatados, su autodesenmascaramiento es también burdo, pues proclaman a los cuatro vientos, con histriónico exhibicionismo político y militar, sus intenciones intervencionistas y geófagas al margen de cualquier legislación territorial o global.
La precariedad inducida —a la que sin duda contribuyen nuestros culposos yerros— no ha logrado concretar el anunciado naufragio. Y no lo conseguirá, pues por agudas que sean las privaciones que nos obligan a maniobrar con crudeza en medio de la agresividad creciente, nuestro sueño sigue portando la mayor cuota de posibilidades para la construcción de un mundo mejor.
Este primero de enero llama a los siguientes. Somos un punto del tiempo donde confluyen simbólicamente Primeros de Enero sucesivos. La Revolución no se detendrá, aunque cada tramo de historia recorrido constituya un nuevo comienzo. A cada quien, su sueño o su chatarra. Icemos nuestras velas, entonces, rumbo a la felicidad posible.

