…  hasta los muertos despiertan con el canto de los ríos como la gruesa voz negra de Robeson /el canto humilde del río que no retrocede /y va de menos a más y no puede detenerse /el canto humilde el canto rodado en el pecho del río /que guarda un huevo de esperanza para vosotros hombres /un canto que se abre por fin en la luz empecinada que amanece.
Raúl Hernández Novás. “Los ríos de la mañana”, julio de 1982

A la historiadora Marial Iglesias debo la localización de una semblanza de Paul Robeson —que por su interés merece ser citada en extenso—, debida a la periodista santaclareña María Cristina Melero Escudero, quien firmaba como Mary M. Spaulding, publicado en 1934 en la prestigiosa revista Carteles, donde ella era una destacada colaboradora. Los comentarios e intercambios de Paulding con el artista afroamericano, texto donde se propone acercarlo al lector desde una comprometida admiración, comienzan asumiendo el título de su biografía —Paul Robeson, negro—, lo que define su posicionamiento como desafío al gran público de la revista.

Paul Robeson, negro es el título del libro que describe, capítulo a capítulo, en lenguaje sencillo, elocuente, vigoroso, la vida de este gran hombre que debería ser inspiración y orgullo para todos los hermanos de su raza. El libro se debe a la pluma sugestiva y valerosa de su propia esposa y compañera de aventuras, la escritora Eslanda Goode Robeson (…) Emana de él una fuerza espiritual tan intensa que, sin saberlo, ejerce rara influencia sobre los que trabajan con él, convirtiéndose en fuente de inspiración para todos (…) es grande porque para llegar a su grandeza ha tenido que luchar con todos los obstáculos del que se mueve en un ambiente hostil, se muestra sencillo, modesto, incapaz de un gesto que no sea cordial y noble (…) no tenemos empacho en declarar que el actor negro como el ébano, nos impresionó más favorablemente que muchísimas figuras ‘superprodigiosas’ del teatro”[1].

Paul y Eslanda fueron víctimas de la persecución implacable del macartismo y del FBI. Fotos: Web Black Central.

Tengamos presente que este texto, aparecido en una revista relevante en el circuito de publicaciones periódicas de Iberoamérica y sus espacios culturales, avalado a su vez por una firma reconocida en el contexto del cine y el espectáculo, se publica en una época donde los prejuicios y la discriminación racial estaban separados apenas por medio siglo de la abolición de la esclavitud en la isla: “Un crítico londinense dijo de él: ‘Robeson no es solamente un gran actor y un gran cantante. Es un gran hombre que ha dedicado su vida a interpretar el alma de una raza largo tiempo en cadenas’. Pero no es sólo el alma del negro que se asoma a la vida y las obras y los cantos de Paul Robeson. Nosotros aseguramos que es el alma de todos los tristes de la humanidad. De los que están hambrientos y sedientos de justicia. De los que llevan espíritu adentro una antorcha que necesariamente ha de iluminarlos”[2].

Muestra de la empatía entre la periodista y el entrevistado, es este pasaje sobre la desventura del racismo: “Paul, ¿qué piensa usted, ya famoso, de las diferencias sociales?… Porque una cosa es pensarlas cuando se tiene un nombre, fortuna, amigos, y otra cuando se lucha para alcanzar siquiera la relativa igualdad. Paul sonríe (…) las palabras son graves y sentenciosas cuando dice: ‘Estudié tres años de Medicina. Estuve en aquel recinto donde se practican autopsias… Vi los misterios patológicos de los hombres de todas las razas… y por dentro todos son iguales’”.

“El gobierno de Estados Unidos como represalia le privaría de su pasaporte, lo que afectó su carrera profesional, teniendo que cancelar numerosos conciertos y presentaciones internacionales, perjudicando muy seriamente su trayectoria como artista”.

La crítica especializada, al evocar el sobresaliente ejercicio de Robeson en el Otelo de William Shakespeare y siendo ya una estrella en Broadway, nos recuerda que “durante los 13 años de puesta del clásico del amor y los celos, jamás pudo besar en escena a Desdémona (Uta Hagen), porque un negro no podía tocar a una mujer blanca, ni en el teatro”[3]. Hagen era una legendaria y premiada actriz de origen alemán naturalizada estadounidense. A causa de su relación profesional y personal con Robeson fue incluida en la nefasta lista negra de Hollywood y su carrera cinematográfica padeció las consecuencias de ese estigma, aunque con el paso de los años su talento se impuso como la gran actriz y maestra que fue.

A fines de los cuarenta y los cincuenta el actor también sería víctima, junto a su esposa, de la persecución implacable del macartismo y del FBI, mancuernas en la caza de brujas contra las libertades ciudadanas. A propósito, al ser interrogado ante el Comité de Actividades Antiamericanas por el representante republicano Gordon Harry Schere que por qué no se quedaba a vivir en la Unión Soviética, contestó: “Porque mi padre fue un esclavo, y mi gente murió para construir este país, y yo me voy a quedar aquí, y voy a ser parte de este país tanto como usted. Y ningún fascista me forzará a irme. ¿Está claro? Apoyo la paz con la Unión Soviética, apoyo la paz con China, y no apoyo la paz ni la amistad con el fascista Franco, y no apoyo la paz con los nazis alemanes. Yo apoyo la paz con la gente decente”[4]. El Gobierno de Estados Unidos como represalia le privaría de su pasaporte, lo que afectó su carrera profesional, teniendo que cancelar numerosos conciertos y presentaciones internacionales, perjudicando muy seriamente su trayectoria como artista.

El célebre realizador británico Steve McQueen, director entre otros largometrajes premiados de la oscarizada Doce años de esclavitud (Twelve Years a Slave, 2013), recreó el drama persecutorio del que Paul y su esposa fueron víctimas, con la obra “Créditos Finales” (2012-22), donde invoca estos conflictos políticos mediante una movilización artística de materiales de archivo provenientes de los servicios de inteligencia norteamericanos, que permite a los espectadores vincular el racismo con otras corrientes retrógradas como el colonialismo, el antisemitismo y el fascismo. La instalación audiovisual muestra miles de archivos digitalizados del FBI que se desplazan lentamente por una pantalla de gran tamaño a lo largo de doce horas y cincuenta y cuatro minutos. El material incluye números de archivo, fechas y códigos de registro, algunos de ellos censurados o tachados.

El director soviético Eisenstein propuso hacer una película sobre la Revolución Haitiana, con Paul Robeson en el papel del gran héroe revolucionario Toussaint Louverture.

Fue expuesta en conversación con la curadora y teórica Doreen Mende en “El seminario perdido: Después de Eslanda Robeson”, en Berlín, del 28 de octubre al 30 de diciembre de 2022. La obra de arte es una puesta conmovedora que confronta la vigilancia policial y las campañas de desprestigio organizadas por el gobierno estadounidense contra Paul y su esposa, la escritora, fotógrafa, panafricanista, feminista y antropóloga Eslanda Robeson (1895-1965).  Eslanda —mencionada con admiración por quienes la conocieron, como Nicolás Guillén—, gestionó la comunicación mediática de su esposo y escribió la biografía ya mencionada anteriormente, referente ineludible para cualquier acercamiento al gran artista afroamericano. “Aunque a menudo eclipsada por su esposo, Eslanda Goode Cardozo Robeson fue una intelectual destacada. Estudió con el antropólogo Bronisław Malinowski en la London School of Economics en la década de 1930. Fue una brillante fotógrafa y desarrolló un feminismo anticolonial dentro y fuera de la disciplina. Su política moldeó su práctica fotográfica durante sus viajes al Congo, Uganda y Sudáfrica. La académica Leigh Raiford ha descrito su perspectiva como una ‘mirada panafricana’”.[5]

Ambos aportaron contribuciones reveladoras a la vanguardia negra del Renacimiento de Harlem y siguen presentes en generaciones de hoy con sus imaginarios de la diáspora negra. McQueen al valorar la dramaturgia de su obra y por todo lo que padecieron sus protagonistas ante la persecución y la marginación institucional en su país, subraya que esto “los hace más heroicos. Sus vulnerabilidades eran sus fortalezas. Documentarlas era tan importante como su activismo político. Esto demuestra el miedo que les tenía el FBI. En un sentido emocional, para mí, los hace más entrañables como personajes, porque eran personas reales que se sintieron intimidadas hasta la locura. Y muchas de esas cosas —la salud y los problemas de relación— fueron instigadas, activadas, por el propio FBI”[6].

Doreen Mende a su vez durante el diálogo sostenido con McQueen, rescata la memoria de un proyecto cinematográfico no realizado, cuyo antecedente en 1934 sería una carta recibida por Robeson de su amigo el director de cine soviético Sergei Eisenstein, proponiendo la idea de hacer una película sobre la Revolución Haitiana, con Paul en el papel del gran héroe revolucionario Toussaint Louverture. Esta anécdota fue relatada por Paul Robeson Jr. en el documental Paul Robeson: Here I Stand, dirigido por St. Clair Bourne, que se estrenó en 1999. McQueen, con su pensamiento de hombre de cine, así reflexiona y lo valora, “una interpretación de un acontecimiento del pasado que podría trasladarse al presente”. Y especula sobre esa apuesta noventa años después del intercambio entre el realizador y el posible protagonista: “¿Qué significó entonces hacer una película sobre Toussaint Louverture con Paul Robeson y Sergei Eisenstein? ¿Cuál era la intención?”[7].

“La conducta de Paul Robeson, como la de su esposa y compañera de lucha Eslanda, es una lección de esperanza y nos enseña a creer en nosotros”.

Mi hija Jimena tuvo el privilegio, gracias a la profesora e historiadora Marial Iglesias, de compartir hace unas semanas junto a un pequeño grupo de colegas con Steve McQueen, y oír de viva voz su apasionada argumentación del proceso en que se convirtió su obra “Créditos finales”,  y el declarado interés por la figura del gran artista. Según me cuenta Jimena todos quedaron cautivados por el homenaje de MacQueen a Robeson, lo que es una prueba más de la relevancia actual de su dimensión artística y ciudadana.

Paul era considerado como uno de los cantantes más reconocidos por Pablo Neruda, quien consecuente con esa admiración le dedicaría en su canónico Canto General esta evocación: (…) en Georgia matan a palos/ cada semana a un joven negro/ mientras Paul Robeson canta como la tierra/ como el comienzo del mar y de la vida/ canta sobre la crueldad y los avisos/ de Coca-Cola canta para hermanos/ de mundo a mundo entre los castigos/ canta para los nuevos hijos para/ que el hombre oiga y detenga su látigo/ la mano cruel la mano que Lincoln abatiera (…)

La conducta de Paul Robeson, como la de su esposa y compañera de lucha Eslanda, es una lección de esperanza y nos enseña a creer en nosotros. Aunque estemos evocándolo en el medio siglo de su muerte, a él se le puede destinar lo que Hannah Arendt sentenció, “los humanos, aunque han de morir, no han nacido para eso sino para comenzar”. 

Su profunda voz oscura hoy nos ilumina y reivindica la condición humana.


Notas:

[1] Mary M. Spaulding. “Paul Robeson, negro” (Carteles, 28 de enero de 1934, La Habana, Cuba), pp. 42 y 66.

[2] Mary M. Spaulding. “Paul Robeson, negro” Ob. Cit.

[3] Pedro de la Hoz. “Robeson tomó partido” (Granma, versión digital, 9 de abril de 2023)

[4] http://www.lamarea.com/2017/01/21/la-fiscalia-actividades-antiespanolas/

[5] Steve McQueen y Doreen Mende.“Conversando ‘En los créditos finales’” (Machine Translated by Google, número 136, 23 de mayo de 2022).

[6] Steve McQueen y Doreen Mende. Ob. Cit.

[7] Steve McQueen y Doreen Mende. Ob. Cit.