De las comunidades soneras a la Unesco: la práctica del son cubano
Celebrar que la práctica del son cubano forme parte de la lista representativa de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) es augurar un gran futuro para esta expresión musical en Cuba; significa entender que las alianzas con otras naciones vinculadas a la Unesco crecerán marcadamente, así como la conciencia sobre su inscripción para todos los cubanos, estén donde estén.
Este reconocimiento de la práctica del son acrecienta el conocimiento que sobre la misma existía hasta el momento y permite entender los procesos de esta organización como una entidad que preserva el patrimonio en todas sus dimensiones. Ello va más allá de la práctica activa, teniendo en cuenta que estas exigen un nivel de experticia pero también de respeto, que deben ser reconocidos a todas las instancias.
En un momento de tanta alegría, repasar el proceso de inscripción y comunicarlo al público permitirá educar aún más a las audiencias en estos saberes inherentes a la preservación del patrimonio.

Este 10 de diciembre de 2025 será recordado siempre, día en que ha sido inscrita oficialmente La práctica del son cubano en la Lista representativa del Patrimonio Inmaterial de la Unesco. No obstante, hace mucho tiempo este género es patrimonio de Cuba y forma parte de nuestro ADN. Por ello, en las líneas que siguen compartimos algunas experiencias como parte del equipo de trabajo que confeccionó el expediente en la etapa previa a su entrega.
Fue un proceso de ardua labor de aprendizaje, momento para compartir saberes y de alfabetización en cuanto al lenguaje de la convención de patrimonio inmanterial. El proceso más difícil fue determinar el nombre del elemento a declarar, entre: “La práctica cultural del son”, “El son cubano” y muchas tantas nominaciones.
“Este reconocimiento de la práctica del son acrecienta el conocimiento que sobre la misma existía hasta el momento y permite entender los procesos de esta organización como una entidad que preserva el patrimonio en todas sus dimensiones”.
En cada una de estas etapas y discusiones entre los especialistas y, sobre todo, con los portadores, existía claridad de que se reconociera no solo su arista músico-danzaria, también todas las prácticas y saberes asociados: la construcción de instrumentos, los bailes, las tradiciones culinarias, las fiestas, el calendario festivo y los espacios donde se desarrolla. Era necesario encontrar un nombre que englobara todo ello y, para ser coherentes, que el gentilicio de cubano apareciera en el nombre.
Por tanto, en la última etapa, casi año final de trabajo y antes de entregarse el expediente el 28 de marzo de 2024, logramos un consenso. “La práctica del son cubano” resultó el nombre del elemento a declarar. Fue un proceso de construcción colectiva, diálogo, oportunidad de encontrar las palabras exactas, en cuanto a lo cualitativo y a lo cuantitativo.
Por la experiencia de haber trabajado en la confección de varios expedientes, sabemos el rigor de la Unesco en cuanto al número de palabras que conforman el formulario, espina dorsal de cada expediente. Este último tiene varias partes: el formulario, que en cada ciclo puede cambiar. En él aparecen preguntas comunes acerca del origen del elemento y su localización.

Lo más importante en esta parte es explicar qué es el elemento, cómo se transmite, cómo pervive, así como demostrar que forma parte activa de comunidades cuyos portadores mantienen su práctica viva. Por tanto, se trata de traducir todo lo que sucede en torno a una expresión, en este caso musical, que es parte ineludible de la identidad cubana, y trasmitirlo a través de palabras, en texto; así como llevarla, a su vez, a un inventario, en números, y graficarlo de manera tangible. Todo ello constituyó un proceso arduo de síntesis.
Igualmente formamos parte del equipo de redacción, lo que significó trabajar en la construcción de un audiovisual —no un documental— sobre el son, que llevara en diez minutos a imagen y sonido lo escrito en el formulario y documentarlo a través de fragmentos de entrevistas realizadas a lo largo y ancho del país. Era preciso, a la par, escoger la música que acompañara las imágenes de espacios representativos del baile. Por tanto, muchas miradas aportaron, y es el momento para agradecer de manera particular a Laura Vilar, en ese momento directora del Centro de Investigación y Desarrollo de la Música Cubana (Cidmuc), fallecida en mayo del 2024, poco después de haberse entregado el expediente en marzo. Ella fue quien nos puso en contacto con Henry García, director del audiovisual que entregamos a la Unesco. Por tanto, es toda una construcción de saberes que forman parte del expediente: el formulario, las fotos y el video.
“Si hacemos un repaso por las principales canciones más conocidas y versionadas en el mundo, el resultado es que se trata de sones. La espina dorsal de los bailes y la práctica de la música popular cubana es el son que, junto a otros géneros como el bolero, forma parte de esa construcción musical y bailable de la identidad nacional”.
El plan de salvaguarda es uno de los puntos neurálgicos del formulario y del expediente como un componente complejo, pero entendido como un sistema. Cada parte se relaciona hasta formar un sistema de aprendizaje y entendimiento de los procesos que tiene que ver con el patrimonio en general y el inmaterial de manera particular.
No es un plan que se elabore de manera arbitraria; por el contrario, se chequea con asiduidad. Por ello, se debe cumplir cada uno de los puntos plasmados en él, y que atiende a cada uno de los actores e instituciones vinculadas a la práctica del son cubano, entre ellas los ministerios de Cultura, Educación, Turismo, Industria Alimentaria; todos aportan y aprenden de la práctica del son.
Por tanto, cada acción queda plasmada con respecto a las responsabilidades para con la práctica, a modo de mantener su estado de preservación. Lo más importante es que los actores involucrados mantengan su compromiso de seguir aportando para que la práctica del son cubano continúe viva.

Esto significa que el plan de salvaguarda es a corto, mediano y largo plazo. Consta de tareas o misiones a cumplir para mantener la práctica y sumar empeños en acrecentar sus valores actuales y futuros para la sociedad cubana. La inscripción de La práctica del son cubano en la Lista representativa del Patrimonio Inmaterial de la Unesco le otorga mayor sentido y relevancia a la significación de este género para todos los cubanos dentro y fuera del país.
Si hacemos un repaso por las principales canciones más conocidas y versionadas en el mundo, el resultado es que se trata de sones. La espina dorsal de los bailes y la práctica de la música popular cubana es el son que, junto a otros géneros como el bolero, forma parte de esa construcción musical y bailable de la identidad nacional.
En cada rincón de la Isla y allende los mares, se escucha y se baila el son. Por tanto, este reconocimiento corrobora la importancia que tiene para los cubanos y cuánto puede aportar desde las comunidades soneras hasta la Unesco.
