“El pasado solo es atrapable como una imagen que refulge para nunca más volver en el instante que se vuelve reconocible”, citó el filósofo Ernesto Teuma, parafraseando a Walter Benjamin, en el foro “Fidel, la Revolución y una comunicación para pensar”, del I Coloquio Internacional “Fidel: legado y futuro”.

Desde esa premisa, el profesor de la Universidad de las Artes lanzó una pregunta que atravesó toda su intervención: “No se trata de qué quería Fidel, sino de qué podemos hacer nosotros con él”.

Nacido en 1995, Teuma pertenece a una generación que creció con la ausencia física del líder histórico, pero que aún hoy busca en sus palabras y gestos una brújula para enfrentar los desafíos del presente. “Tengo un recuerdo lejano de Fidel, desde los hombros de mi padre en algún Primero de mayo, atravesar la plaza y verlo de lejos y escuchar su voz. Y no mucho más”, compartió Teuma ante una sala repleta de periodistas, comunicadores y luchadores sociales de Cuba y el mundo.

“¿Qué hacer cuando la orden no existe y tenemos que buscar nosotros, en medio de esta maraña, nuestro propio camino?”

El filósofo recordó la noticia de la muerte de Fidel, el 25 de noviembre de 2016. Tenía 21 años y estudiaba Relaciones Internacionales. “Recuerdo que de manera acelerada se imprimieron unos folders donde estaba una frase que decía: ‘Ordene’”, relató. “Y recuerdo que yo estaba contrariado por aquella elección tan peculiar de palabras porque no era una consigna común en la historia de la Revolución”. Esa orden, explicó, era la que los alfabetizadores le dijeron a Fidel en aquel diciembre de 1961. Pero para él representaba una gran paradoja: “La voz que debía dar la orden estaba ausente por primera vez en toda la historia de la Revolución”.

Teuma reflexionó sobre el significado profundo de esa palabra. “Él no solamente daba órdenes como Comandante en Jefe y líder político y militar, sino que cuando mandaba hacer algo también estaba mandando a pensar, buscaba no seres conducidos sino seres pensantes”. Y así planteó la pregunta que atravesó toda su intervención: “¿Qué hacer cuando la orden no existe y tenemos que buscar nosotros, en medio de esta maraña, nuestro propio camino?”.

Para intentar responder, Teuma recuperó el discurso de Fidel en el Tercer Congreso de la Organización de Pioneros José Martí, un gesto que se repitió en varias ocasiones desde los años 90 hasta 2006. Fidel lanzó una pregunta a los niños: “¿Ustedes se consideran niños honestos, patrióticos, solidarios, fraternales, dispuestos a darlo todo por su patria? Y los niños dicen que sí. Pero ¿por qué? ¿Ustedes nacieron así?”, recordó Teuma. Los niños respondieron que no. “Esos valores —no mentir, ser honrados, respetar, tener conciencia de patria, de justicia, de igualdad— son valores que les han inculcado a ustedes”, citó Teuma.

“Él no solamente daba órdenes como Comandante en Jefe y líder político y militar, sino que cuando mandaba hacer algo también estaba mandando a pensar, buscaba no seres conducidos sino seres pensantes”.

Luego, el filósofo recuperó la parte más impactante de aquel discurso: “¿Saben que todavía no hay plena justicia en nuestro país? ¿Saben que todavía los niños que nacen en este país no tienen la misma igualdad de posibilidades? No lo saben. Pero nosotros lo sabemos. Todo esto de lo que he hablado se hará de forma tal que todos los niños que nazcan en este país tendrán una verdadera y real igualdad de oportunidades”. Fidel concluyó: “Lo que hemos hecho no es nada y apenas estamos comenzando”.

Para Teuma, esa honestidad radical es la clave de la comunicación fidelista. “Es una comunicación tan honesta y descargada donde les habla a los niños, a los jóvenes, que la revolución no ha terminado aún, que no es un pasado al que mirar con nostalgia, y que la justicia sigue siendo un sueño”, afirmó.

El filósofo citó también el discurso de Fidel en 1988 a los jóvenes creadores reunidos en el primer Consejo Nacional de la Asociación Hermanos Saíz, donde el Comandante se refería a sus propias “Palabras a los intelectuales” de 1961.

“Creo que aquellas palabras tienen un valor histórico, algunos valores permanentes, pero estamos en una época nueva y tenemos que aplicar en cultura el principio de soluciones nuevas a problemas viejos y soluciones nuevas a problemas nuevos”, citó Teuma. Añadió otra frase fundamental: “Es preferible los errores de tener mucha libertad a los inconvenientes de no tener ninguna libertad. Si la revolución no tuvo temor a nada de eso al principio, cuando no había ni ideas socialistas en este país, ¿por qué debería tener miedo ahora?”.

Para Teuma, esa crítica radical es lo que define a Fidel. “Nadie como Fidel fue el principal opositor al proceso de la Revolución cubana, en el sentido de que no estaba satisfecho con las realizaciones que la misma revolución que él había dirigido había llegado hasta ese momento”, afirmó. “No estaba satisfecho con él mismo, independientemente de todo lo grande que hizo”.

“Las imágenes del futuro siempre tuvieron para Fidel una importancia fundamental”, insistió Teuma. “En sus discursos fue donde pudimos atisbar ese lugar donde todavía no estábamos, esa promesa de la que fuimos parte, la fuerza a partir de la cual podíamos alcanzarla, la imagen de lo que podíamos ser”.

“La pregunta no es qué quería Fidel, sino qué podemos hacer nosotros con él. ¿Qué futuro podemos construir nosotros después de Fidel?

El joven profesor citó a Bertolt Brecht en Galileo: “La razón solo puede ser la victoria de los que razonan”. Pero advirtió: “Ninguna razón es suficiente si no genera al mismo tiempo un entusiasmo que esté a la altura de esa perspectiva histórica que nos revela. Si la promesa de la justicia, de la libertad y de la igualdad plena no genera ningún entusiasmo, si no se encuentra en nosotros como un deseo, no bastan las palabras”.

El también escritor cerró su intervención con una reflexión que resume el desafío de su generación: “La pregunta no es qué quería Fidel, sino qué podemos hacer nosotros con él. ¿Qué futuro podemos construir nosotros después de Fidel? ¿Y si estaremos a la altura del reto que se nos presenta? Las ideas para los pueblos son fundamentales, porque frente a la aniquilación física de la que siempre hemos sido víctimas, han sido sobre todo los símbolos y las ideas las que han sobrevivido”, concluyó.