Enrique Pineda Barnet: “Un ser encantador”

Elaine Caballero Sabugueiro
14/1/2021

Enrique Pineda Barnet se ha marchado de este mundo, ha dado su adiós a la vida y ello resulta una verdad innegable. El hombre no muere cuando deja de respirar, sino cuando no ha realizado algo útil y, por supuesto, ese no es el caso del prestigioso cineasta, periodista y profesor cubano. Él nos ha dejado una obra inmensa, junto con unas memorias sobre su pasado y sus aventuras en el arte. El hombre de pensamiento al que le debemos La bella de la Alhambra tendrá siempre aquí un destino de permanencia, de tributo y de gratitud por haber hecho tanto y de la manera más decorosa.

Verónica Lynn, reconocida artista de cine y teatro, nos cuenta en entrevista con La Jiribilla su relación de trabajo y de afecto con Pineda Barnet, basada en el respeto, la admiración mutua y su cercanía con el paso de los años.

A la renombrada actriz y al cineasta los unía una entrañable amistad. Fotos: Cortesía de la autora
 

¿Cómo recuerda su primer contacto con Pineda Barnet?

Tenía noción de quién era, porque desde muy joven ha sido una gente vinculada al medio, sobre todo al medio televisivo, hasta que se creó el Instituto Cubano del Arte y la Industria Cinematográfica. Cuando hice Aire frío en el año 1962, él fue a los ensayos; le gustaba mucho la obra y era amigo de Virgilio Piñera. Lo único que se conserva de esa puesta en escena, que es fabulosa y resultó un éxito tremendo, lo tiene Enriquito, ya que él lo grabó. No tomó la obra completa, sino fragmentos de ella. El teatro tiene esa característica: permanece solo en la mente del espectador; ahora con los medios modernos es otra cosa.

Siempre quiso hacer Aire frío en película y, por ciertas incomprensiones, no era el momento, no se pudo hacer nunca. Eso es algo que a él le quedó, entre otros libretos de su autoría que también quedaron por hacer.  Yo le decía: “Ya no voy a poder hacer el personaje de Luz Marina, por la edad, y en el cine menos, haré entonces de la madre, vamos a ver si todavía nos queda chance”.

Después conocí a su mamá, que se llamaba Esperanza, al igual que la mía. Era una persona encantadora, y además cocinera y repostera de las buenas. Enriquito y yo conservamos una amistad que con el tiempo se hizo más profunda.

Ustedes se comunicaban casi todos los días por teléfono. ¿Cómo era la dimensión humana de Enrique Pineda Barnet?

Un ser encantador, una gente muy culta, educada, pero eso no quitaba que en un momento dijera una verdad con determinación. Era una gente con criterio, desde luego, y defendiéndolo no era nada fácil. Enriquito era muy agradable, de cosas irónicas, como toda la gente inteligente, y le gustaba cantar mucho.

¿Cuáles canciones interpretaban juntos?

La vieja trova y los boleros de los años 40 y 50 del pasado siglo eran nuestro repertorio. Incluso había momentos en que estábamos conversando y decíamos una frase que era parte de una canción. Éramos así.

¿De qué manera recuerda al Enrique Pineda Barnet director de La bella de la Alhambra?

Él siempre me dijo: “Si hago La bella de la Alhambra, quiero que tú hagas la mamá de Rachel”. Y así fue. Era un magnífico director, porque sabía lo que quería, y eso es muy importante. La cosa dubitativa, del tipo “yo quisiera” o “tal vez”, no funcionaba con él. Respetaba mucho a los artistas y a todo el mundo. La amistad nuestra no tenía nada que ver con Enriquito el director. ¿Me explico? Era un cineasta respetuoso y con mucho rigor.

Pineda Barnet y Verónica Lynn durante la filmación del corto Aplausos del año 2016.
 

En la película La Anunciación usted asume un papel protagónico, un personaje creado por Pineda Barnet. ¿Cuáles fueron las complejidades de ese rol?

En algunos momentos, quizás, yo no haya llegado a donde él me pedía. Él me dibujó como una madre manipuladora, que a veces transgredía un poco la opinión o el deseo del hijo, y que no preguntaba mucho “¿qué tú quieres?”, “¿qué tú sueñas?”. Esa mujer fue capaz de manipular el testamento moral que le dejó el marido.  

¿Qué guarda usted de Enrique Pineda Barnet?

Enriquito se daba a querer, y no es que no tuviera su genio, pero no importa, porque el sol tiene manchas, pero brilla tanto, que si te pierdes mirando las manchitas, bien tonta eres. Su muerte era algo que tenía que pasar, ya que estaba malito. Aun así, ante la pérdida uno nunca se prepara; es algo que te arrancan, que te desprenden de ti. Es mucho tiempo el que voy a estar de luto, porque su pérdida es un eterno duelo, y pienso también que podía haber hecho mucho más. No le quedó tiempo para hacer todo lo que quería.

La biografía escrita por el propio Pineda Barnet sobre su obra ¿en qué estado se encuentra?

Me comentaba que no sabía si el libro tendría tres tomos, pues de ser uno solo, la obra sería de cuatrocientas páginas aproximadamente. “Lo he puesto todo”, decía. Le dio tiempo a terminarlo y eso me dio mucha alegría.