Hoy coronamos un sueño que comenzó hace ya varios años, cuando el compañero Félix Duarte, presidente de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP) nos hiciera la solicitud de tener listo en el año del Centenario del Comandante en Jefe, un libro que recogiera ese vínculo tan estrecho que sostuvo siempre nuestro líder histórico con la ANAP y los campesinos. Después de realizada la investigación y seleccionados todos los materiales públicos ―30 en total―, como conclusión podemos señalar que quizás fue el sector campesino con el que más interactuó el Comandante, y la ANAP una de las organizaciones que tuvo el privilegio no solo de que él los acompañara en sus plenos y congresos, sino de escuchar sus reflexiones en intensos y ricos intercambios. Esto explica también el volumen de más de 700 páginas.
Por eso, en este día no puedo dejar de agradecer a la ANAP por este encargo que me honra desde lo personal, lo familiar y lo profesional. Agradezco también a todo el equipo de la Editorial Verde Olivo, que asumió con mucho entusiasmo la idea; a Alvariño y a René, que desde el Centro Fidel Castro Ruz me brindaron siempre todo su apoyo; a Osvaldito, diseñador de esta hermosa cubierta; a Yuniaski y a mis compañeros —hermanos de lucha— del Departamento Ideológico; y a mi familia, sin la cual no hubiera podido lograr este sueño, pues asumieron incluso junto conmigo la tarea. Por eso están hoy aquí mi padre, Elier Ramírez Cruz, editor de la obra, y mi esposa Mónica Corrieri, quien tuvo a su cargo el diseño interior y la realización.
Aunque este libro recoge el vínculo de Fidel con la ANAP y el campesinado cubano, es imperioso señalar que las preocupaciones y ocupaciones del líder de la Revolución en relación con los temas agrarios y su estrecho vínculo con el campesinado comenzaron mucho antes de 1959. “La historia me absolverá” —con su contundente alegato en el que ya exigía devolver la tierra a los campesinos—, la histórica reunión con los campesinos en Vegas de Jibacoa, y el propio Congreso Campesino en Armas —que contó con la presencia e implicación directa del Comandante Raúl Castro, pero que también, por supuesto, fue de inspiración fidelista— así lo demuestran.
“… quizás fue el sector campesino con el que más interactuó el Comandante, y la ANAP una de las organizaciones que tuvo el privilegio no solo de que él los acompañara en sus plenos y congresos, sino de escuchar sus reflexiones en intensos y ricos intercambios”.
Este volumen reúne la huella discursiva de una de las transformaciones sociales más profundas de la historia de Cuba: la Reforma Agraria y la consolidación del campesinado como pilar de la nueva nación que emergió en 1959. Al firmar la Ley de Reforma Agraria el 17 de mayo de 1959, la palabra empeñada con el pueblo y con la Patria por el líder de la Revolución cubana, Fidel Castro Ruz, desde su histórico alegato de defensa “La historia me absolverá”, fue cumplida como deber sagrado: el primer golpe significativo a la estructura económica y social de dominación existente en el país, al latifundio y al imperialismo norteamericano.
En este libro se reúnen más de cuatro décadas de intervenciones públicas del Comandante en Jefe en su vínculo con la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP) y los campesinos cubanos, en el contexto de un proceso económico, político y humano de extraordinaria envergadura que significó la profunda transformación agraria de la Isla. A través de ellas se puede reconstruir la historia de luchas del campesinado y la reprobable situación del campo cubano antes de 1959 —que de manera fotográfica describe Fidel—, así como los trascendentales cambios que sobrevinieron a partir del triunfo revolucionario. No existe antecedente de una obra que haya sistematizado tal volumen de información desde el pensamiento y la ejecutoria del máximo guía de nuestro pueblo.
El recorrido comienza en los días fundacionales de 1959, cuando la promesa de la tierra era el eco de los combates recién concluidos. En el Cuartel Moncada, en Mantua, en La Plata, la voz de Fidel Castro se dirige a los campesinos no como un gobernante distante, sino como un líder que explica, argumenta y convence. Son discursos que huelen a pólvora reciente y a tierra mojada; que hablan del fin de un pasado donde “el geófago… llegaba al campo… y decía que todo era de él”, y donde “el guardia rural… metiéndole miedo a todo el mundo… metiéndose con las hijas de los campesinos” era el símbolo de la opresión. Frente a esto, se anuncia el desmantelamiento de los latifundios y un futuro por escribir bajo la premisa de que “nada es tan seguro como que daremos la tierra a los campesinos”.

Con el paso del tiempo, la urgencia se convirtió en organización y unidad entre los campesinos. La creación de la ANAP en 1961 marcó el inicio de una nueva etapa: el campesino ya no era solo el beneficiario de una ley, sino el actor consciente de su propio destino. Este proyecto organizativo encontró en Fidel su principal impulsor, y en el líder campesino José Ramírez Cruz, Pepe, el interlocutor para su materialización, forjando con Fidel una alianza de trabajo y confianza que simbolizaba la auténtica unidad entre la dirección de la Revolución y sus bases agrarias. Juntos convirtieron a la ANAP en canal de un diálogo permanente, cuyos ecos resuenan en cada uno de sus congresos ―desde el primero hasta el noveno, todos con la presencia física de Fidel―. En ellos se debate todo: desde técnicas de cultivo hasta modelos de cooperativismo, desde la defensa del país hasta la formación de las nuevas generaciones. Fidel define este rol exigiendo que “cada asociación de campesinos, que cada líder campesino realice el máximo de esfuerzo”, porque “la organización y la disciplina son factores decisivos”.
“Este volumen reúne la huella discursiva de una de las transformaciones sociales más profundas de la historia de Cuba: la Reforma Agraria y la consolidación del campesinado como pilar de la nueva nación que emergió en 1959”.
Este libro es, por tanto, la crónica de una alianza. Refleja la evolución de una política agraria que se fue adaptando a los desafíos de cada época. En los años 70, el llamado es a la construcción colectiva, forjando al “campesino cooperativista” como pilar del Estado socialista. En los 80, el énfasis está en la eficiencia, convirtiendo al campesino en un “guardián de la economía nacional” cuya productividad era un arma contra el bloqueo. Y en la dura prueba de los 90, el discurso se llena de un llamado a la resistencia heroica, donde “cada parcela cooperativa, cada huerto familiar, es una trinchera de la Patria”, y donde el campesino asume el papel de “soldado de la soberanía alimentaria”, demostrando que “la Reforma Agraria que iniciamos en La Plata nos dio la independencia política; la que libran hoy ustedes… nos dará la independencia alimentaria”.
Pero más allá de la historia política, estas páginas respiran humanidad. Encuentros como el de Baracoa, en 1959, revelan la textura de un liderazgo que por primera vez en la historia de Cuba escuchaba, que se detenía en los problemas concretos de la gente, que enfrentaba el descontento y la burocracia con la misma vehemencia con que se había enfrentado a la tiranía.
Al conmemorar aniversarios el 17 de mayo —el de la Ley de Reforma Agraria, el de la ANAP, el del vil asesinato de Niceto Pérez—, estos discursos tejen una memoria que consolida la identidad. Son el legado consciente de que la frase “la tierra es de quien la trabaja” no fue un eslogan, sino un juramento colectivo, y de que el verdadero cambio se medía en que “desde ahora en adelante, un campesino será una persona” con todo el respeto y la consideración que merece.
La publicación de este libro adquiere una significación especial al enmarcarse en dos efemérides cruciales: el Centenario del Natalicio de nuestro Comandante en Jefe y el 65 Aniversario de la creación de la ANAP. En este contexto, el volumen se erige como un testimonio vivo de una de las obras más perdurables del líder histórico de la Revolución: la redención del campesinado cubano, de ese mismo campesinado que había constituido la fuerza motriz fundamental del Ejército Rebelde, que redimió a toda una nación.
Sirva esta obra como un homenaje a los líderes del campesinado cubano que abrieron la senda: Lino de las Mercedes Álvarez, Romárico Cordero, Teodoro Pereira la Rosa, Miguel Ángel Betancourt Rodríguez, Niceto Pérez García, Sabino Pupo Millán, Gabriel Valiente Martín y otros que ofrecieron o consagraron sus vidas en la lucha por justicia en los campos cubanos.
Nunca tan vigentes como hoy las palabras de nuestro Primer Secretario, Miguel Díaz Canel Bermúdez en el XIII congreso de la ANAP cuando expresó:
Hermanas y hermanos de la tierra, levantemos las manos y los corazones en un compromiso solemne: defender la Revolución, producir con amor y disciplina, y honrar la memoria de quienes nos dieron la tierra y la libertad.
(…)
Que el espíritu de aquellos campesinos que lucharon en la Sierra Maestra, que dieron todo por un país justo y soberano nos inspire a seguir adelante, con la frente en alto y las manos en la tierra que nuestros padres nos ganaron de pie.
*Palabras de presentación del libro Fidel, la ANAP y el campesinado cubano. Salón de Protocolo “El Laguito”, 12 de mayo de 2026.

