Juventino Rosas y el vals que lo sobrevive

Leonardo Depestre Catony
11/7/2019

El 9 de julio de 1894 —fecha de la que ahora se conmemoran 125 años— falleció en Surgidero de Batabanó, actual provincia de Mayabeque, el compositor mexicano Juventino Rosas, autor del mundialmente conocido vals “Sobre las olas”. A Rosas hoy día México lo recuerda como a uno de los grandes compositores allí nacidos.

Foto: Internet
 

Sin embargo, cuando este joven de 26 años murió a causa de una mielitis desatendida, se hallaba en tal estado de pobreza que de no haber sido por la generosidad de unos humildes pescadores de esponjas que corrieron con los trámites del funeral, sus restos se encontrarían quién sabe en cuál tumba perdida. Otros autores afirman que el secretario del juzgado, que lo visitaba a diario, asumió el entierro. Cualquiera sea la verdad, lo triste es que murió en plena juventud.

El futuro compositor tendría unos pocos años cuando su familia se mudó del Guanajuato natal hacia la capital mexicana, donde el padre probó fortuna con el auxilio de sus hijos y de algunos instrumentos tradicionales. Fue así que integraron un conjunto para tocar por las calles.

La muerte violenta de uno de los jóvenes rompió la unidad del grupo y Juventino buscó nuevos derroteros para sobrevivir. Andariego y bohemio, fue campanero, luego recorrió el país como violinista de una compañía de óperas y después se incorporó a una banda militar. Contrajo deudas, vendió el violín y perdió el empleo.

Las mujeres, las musas y el tequila le fueron asiduos. Escribió composiciones para piano que alcanzaron éxito: “Carmen”, “Ensueño seductor”, “Flores de México”, “Lazos de amor”. El vals “Sobre las olas” (“Over the waves”, como se identifica en inglés) lo dio para su publicación hacia 1888. Una vez alcanzado el éxito internacional, el presidente Porfirio Díaz le obsequió un piano… que Juventino vendió para pagar sus deudas.

Al cabo de deambular por México y Estados Unidos, con algún que otro éxito y desengaño amoroso, Juventino Rosas carenó en Cuba.

El 28 de marzo de 1894 debutó en Sancti Spíritus con la denominada Compañía Ítalo-Mexicana, de zarzuelas. Las funciones se repitieron hasta mediados de abril. Se sabe que en mayo estuvo por el extremo oriental de la Isla, en Guantánamo. Lo acompañaba un quinteto (restos de la agrupación anterior) y pernoctaba en un modesto hotel de la ciudad.

En Santiago de Cuba abordó el vapor de cabotaje Josefita, que navegaba a lo largo de la costa sur, atracando en cuanto puerto avistaba, hasta que llegó a Surgidero de Batabanó, donde Rosas desembarcó el 23 de junio de 1894.

El país se hallaba en una calma expectante que se rompería a comienzos del año siguiente, el 24 de febrero, cuando se inició la que José Martí definió como guerra necesaria. En cualquier caso, el vals de Juventino era célebre y su creador no pasó inadvertido, aunque lo más sorprendente está en el hecho de que quienes esperaban encontrar en su autor a un hombre de buen vivir o marcada elegancia, no descubrían en él sino a un modesto forastero de quien se conocía que estaba muy enfermo.

Diecisiete días después de su arribo, la muerte se encargó de confirmar los funestos comentarios acerca de su salud. En Batabanó descansaron sus restos hasta 1909, fecha de su repatriación a México. Hoy merecidamente reposan en la Rotonda de los Hombres Ilustres, en la capital azteca.

En 1950 un ídolo mexicano de la pantalla y la canción, Pedro Infante, protagonizó la película titulada Sobre las olas. Como sucede con quienes mueren jóvenes, Juventino Rosas tiene una biografía breve que enriquece la leyenda. Y aunque la vida no le sonrió, el tiempo y los muchos admiradores de su vals Sobre las olas se han encargado de mantener viva su memoria. En Cuba es un recuerdo siempre latente, a la manera de un eterno vals que se desliza sobre las olas que enlazan esta tierra y su México natal.