Este texto resume en seis entregas las acciones y objetivos de Estados Unidos contra la Revolución Bolivariana hasta marzo de 2013, y el legado antiimperialista de Hugo Chávez. Intenta responder una pregunta matriz: ¿Qué lecciones aportan las ideas y actuaciones del líder bolivariano y el pueblo venezolano en esa disputa histórica, crucial para Nuestra América?
Gobierno de Estados Unidos no autoriza visa a Chávez (1998)
Antes de ser presidente, la primera señal pública del gobierno de Estados Unidos contra el líder bolivariano la emite durante el proceso electoral venezolano en 1998. ¿Cómo sucede? No le conceden la visa para viajar a New York y Miami, invitado por importantes bancos de ese país y por la Cámara Venezolana–Americana de la Florida, en calidad de candidato presidencial.
Jeffrey Davidow, sub secretario de Estado, declara el 13 de abril: “El comandante Hugo Chávez perdió cualquier derecho de obtener una visa para entrar a los Estados Unidos, cuando intentó tumbar el gobierno democrático y constitucional de su país”. Doce días después, con su digna voz de barítono Chávez proclama en un acto popular: “¡Para ser presidente yo no necesito visa norteamericana!”.
El Departamento de Estado pasa por alto que el presidente Rafael Caldera anuló la acusación contra el líder bolivariano y le otorgó la libertad. Obvia, además, que el 80 % de la ciudadanía respaldó la rebelión militar del 4 de febrero de 1992 y que al ser candidato oficial a la presidencia goza de plenos derechos.
Con esa decisión, Washington busca restarle votos al joven candidato y generar temor, sobre todo en sectores económicos y financieros. Pretende fomentar la idea de que, si es electo primer mandatario, los nexos bilaterales serían afectados por ser Estados Unidos el primer socio comercial de Venezuela.
En abril de 1998, mes en que le niegan la visa, las encuestas ubican a Chávez en tercer lugar, con apenas el 15 %. Ocho meses más tarde, el 7 de diciembre, al siguiente día de su arrollador triunfo en las elecciones presidenciales, el gobierno de Bill Clinton lo felicita. Y un vocero anuncia que Washington está dispuesto a otorgarle la visa… Comienza así una nueva etapa. El gobierno imperial tratará ahora de descifrar quién es Chávez, mientras actúa para influirlo y atraerlo. Después, utilizará de modo creciente su arsenal para desgastarlo y derrocarlo.
Opté por exponer tal dinámica histórica entre 1998 y marzo de 2013 a través de escenas como esta. Ellas desvelan el genio político de Chávez frente a cada embestida del adversario, su lucidez y habilidad para derrotarlo mediante una postura estratégica ofensiva, que en ocasiones incluye tácticas defensivas para ganar tiempo, acumular fuerzas y contraatacar. También exhiben su capacidad de avizorar los riesgos, y dejar claras las pautas sobre cómo afrontarlos en el futuro.
“…el genio político de Chávez frente a cada embestida del adversario, su lucidez y habilidad para derrotarlo mediante una postura estratégica ofensiva, que en ocasiones incluye tácticas defensivas para ganar tiempo, acumular fuerzas y contraatacar”.
Conocer e interpretar de conjunto tales hechos y aportes del líder bolivariano, ayuda a evitar, o al menos disminuir, las sorpresas y los daños del multifacético y desaforado embate imperial. La advertencia de Chávez el 30 de enero de 2005 en el Foro Social Mundial, es una especie de Estrella Polar:
No quiero sobredimensionar las debilidades del imperio, sería fatal subestimar al adversario. No. Y menos a este adversario, (…) pero, sin embargo, lo que sí es conveniente es reconocer objetivamente las debilidades del adversario; porque si uno cree que el adversario es invencible, pues es invencible. No es invencible el imperialismo norteamericano (…). Ahí está Vietnam en la historia, (…) Ahí está Cuba revolucionaria, (…) ahí está Venezuela Bolivariana, resistiendo desde hace seis años al imperialismo norteamericano. No es invencible el imperio.
Visión inicial
Durante los primeros dos años (1999 y 2000), el gobierno estadounidense observa el rumbo del proceso bolivariano. Miden el quehacer del líder, valoran sus ideas y tratan de comprometerlo. Al comprobar que no pueden someterlo, ni tampoco a su pueblo, deciden utilizar los métodos y recursos que suelen emplear para destruir a los adversarios: visibles y soterrados, militares y económicos, políticos y diplomáticos, brutales y sutiles, directos y a través de aliados internos o gobiernos títeres.
Financia y orienta a sus cómplices dentro de Venezuela. Presiona y amenaza incluso con una intervención militar. Desestabiliza. Organiza y dirige golpes de Estado y magnicidios. Desarrolla acciones sistémicas de guerra económica, cultural y sicológica. Promueve matrices de opinión encaminadas a hacer creer que en Venezuela existe una dictadura, se ha desatado una crisis humanitaria, hay un Estado controlado por el narcotráfico que además apoya el terrorismo, y está próximo a ser un “Estado fallido”. Inunda con tales mentiras los medios de comunicación tradicionales y digitales, y hasta falsea la biografía de Chávez en un seriado de televisión. Todo vale, si de recuperar el poder y destruir la Revolución se trata.
Desde 1998, la conducta de Washington respecto a Chávez, luego de sorprender este con su candidatura presidencial, semeja el proceder de cualquier animal feroz. Vigila sigiloso sus pasos, hasta que en la segunda mitad de 2001 se alista y el 11 de abril de 2002 ejecuta el primer zarpazo. Al fallar, sigue tras la presa con la certeza de que alcanzará su objetivo, más temprano que tarde. Deduce lecciones del fracaso, mejora la coordinación de sus instituciones subversivas y de estas con la contrarrevolución venezolana, compromete más a los aliados internacionales e imagina nuevos ardides. Y algo muy importante: busca sacar el máximo provecho de los errores, debilidades y traspiés de la Revolución Bolivariana.
“¡Para ser presidente yo no necesito visa norteamericana!”
Cada uno de los tres gobiernos imperiales (Clinton, W. Bush y Obama) que enfrentan a Chávez añade ingredientes, y a partir de Bush intensifican el cerco. ¿Resultados? Son muy diferentes a los esperados por el agresor. Ningún otro país de nuestro hemisferio ha adoptado posturas tan firmes, radicales e independientes, luego que Cuba se irguiera desde 1959. La Revolución Bolivariana terminó afianzada en 2013 frente a todos los embates.
No por ello el imperio cesó en su afán de controlar las pródigas riquezas de Venezuela y cambiar el signo de su papel geopolítico hemisférico y mundial. La razón de fondo, además de apropiarse del petróleo, es que no admite ningún gobierno que adopte posiciones soberanas, y menos que sea capaz de retar su poderío y convertirse en un paradigma para los demás pueblos.
A partir de junio de 2011 la fiera comienza un nuevo rodeo, al conocer la grave enfermedad de Chávez. Supone otra vez que podrá devorar a la presa en breve. Aprovecha al máximo ese suceso inesperado, utiliza viejos y nuevos métodos, y explota flaquezas del adversario. Luego de fallecer el líder de la Revolución, en marzo de 2013, acelera y radicaliza sus planes.
El gobierno del presidente Nicolás Maduro y el pueblo bolivariano, han sido víctimas desde entonces de la acometida imperial más prolongada, integral y cruel de todas las realizadas contra la Revolución Bolivariana, que logró mantenerse empinada hasta la criminal agresión y el secuestro del presidente Maduro y su esposa Cilia Flores, el pasado 3 de enero. Ese evento insospechado, abrió una etapa vertiginosa de complejidades y riesgos inéditos para la patria de Bolívar.
Las ideas de Chávez y sus modos de actuar respecto al imperio, encierran como nunca antes un valor esencial para encarar al monstruo desenfrenando en las presentes y futuras circunstancias, en que se juega el destino de Venezuela y, en elevada magnitud, de toda Nuestra América.
Seguidamente, en orden cronológico, ofrezco varios hitos de esa lidia hasta el 5 de marzo de 2013.
Tres entrevistas de Chávez y Bill Clinton (enero, junio y septiembre de 1999)
Antes de tomar posesión el 2 de febrero de 1999, Chávez realiza visitas a Suramérica, Europa, Canadá y Cuba. No así a Estados Unidos, porque cuando esta se tramita lo llama Davidow y le desliza que su entrevista con el Presidente Clinton está condicionada a que visite su país antes de Cuba. La respuesta del flamante mandatario es cortante: “Venezuela es un país soberano”, dice.
Luego de su estadía en La Habana, a finales de enero lo invitan a Washington. Clinton lo recibe apenas 20 minutos y con ropa informal. Sostienen un diálogo cordial y ambos ratifican la importancia de las relaciones económicas y comerciales bilaterales. Chávez no pierde la ocasión y explica los objetivos y razones del proyecto bolivariano. Pone énfasis en que la situación social y económica de Venezuela es una bomba de tiempo a punto de estallar. Y para hacerse entender mejor, le dice a Clinton que el proceso constituyente abrirá la puerta para desactivarla: “Es un fast track político, rápido, (…) en seis meses”.
Entre el 9 y 11 junio realiza una visita no oficial a Estados Unidos, con dos propósitos: divulgar el proceso político y económico venezolano y promover negocios en ese país. Lo acompañan ministros y empresarios. Se reúne con la directiva de la Bolsa de Nueva York. Lanza la primera pelota en un juego de beisbol de grandes ligas en el Shea Stadium y, en Houston, interviene en el Consejo de las Américas, donde explica el proceso venezolano y los lineamientos económicos de su gobierno. También es invitado a almorzar por el expresidente George Bush, en su carácter de empresario petrolero.
Del 21 al 23 de septiembre realiza su tercera visita. En Nueva York habla en la Asamblea General de la ONU, se reúne allí con el presidente Clinton, ofrece una entrevista al diario The New York Times y celebra otros encuentros con la prensa. En Washington, hace una intervención en el Consejo Permanente de la OEA, y sostiene sendas reuniones con la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, con la directiva del Banco Interamericano de Desarrollo y con más de 300 empresarios de la Cámara de Comercio.
“La Revolución Bolivariana terminó afianzada en 2013 frente a todos los embates”.
Es recibido en el Colegio de Defensa Interamericano, donde imparte una conferencia y juega un inning de softball con un grupo de militares del continente. También se encuentra con la directiva del Banco Mundial y platica en el Congreso con un amplio grupo de representantes y senadores. Ofrece entrevistas a The Washington Post y a la CNN en español, y tiene un animado encuentro en la sede del National Press Club.
¿Quién puede dudar, ante tan diversas y salientes actividades, del atractivo de Chávez y del interés por Venezuela en los Estados Unidos? Sus disertaciones y entrevistas giran en torno a dos ejes: el proceso de cambios que vive su país y mostrar las amplias oportunidades de negocios que brinda el gobierno, con plenas garantías al capital extranjero.
El diálogo con Clinton dura casi una hora y permite que Chávez lo actualice desde que hablaran en enero por primera vez. La plática es respetuosa y constructiva. El visitante aborda el tema de la paz en Colombia, e insiste en rechazar allí cualquier intervención extranjera. Ante las presiones de Estados Unidos para que sus aviones militares sobrevuelen el espacio aéreo venezolano, a fin de enfrentar el tráfico de drogas, Chávez aclara a su homólogo las razones por las cuales Venezuela no lo permite: las leyes lo prohíben, su país dispone de los medios para enfrentar tal flagelo y el pueblo no lo aceptaría. Ese es un problema, dice, donde deben actuar de consuno los países productores, los grandes consumidores y los que sirven de tránsito. Y reitera su posición de ir hacia una relación bilateral más franca y profunda, igual que con los demás países del hemisferio y del mundo.
El año termina en Venezuela aprobándose la nueva Constitución, y ocurren los primeros avances económicos y sociales del gobierno bolivariano. La popularidad de Chávez supera el 60 %. Clinton evita cualquier roce.
Desde que asume la presidencia el 2 de febrero de 1999, el carismático barinés afirma que su política exterior fomentará un mundo multipolar. Declara que propiciará relaciones armónicas con todos los países del mundo y pone énfasis en su propósito de estimular el avance hacia la integración y la unión de las naciones de la América Latina y el Caribe. Incluso, habla de fundar la Confederación de Estados Latinoamericanos y Caribeños, una idea que salvo el gobierno de Cuba ningún otro gobierno del continente la defiende.
Aunque no alude de modo crítico a Estados Unidos, tales posiciones y su creciente influencia en la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) para lograr precios justos, encienden las primeras luces rojas en Washington. Sin embargo, en este tiempo el gobierno de Clinton no adelanta ningún paso agresivo. Chávez y el proceso bolivariano están bajo observación. La intención es acercarlo, medirle sus actuaciones dentro y fuera de Venezuela y mantener en un nivel normal los elevados nexos comerciales y las inversiones.
En 1999 Estados Unidos es el primer socio comercial de Venezuela: alrededor del 50% de sus exportaciones (más del 90 % petróleo) y el 41% de sus importaciones. Ocupa el noveno lugar entre los proveedores de los Estados Unidos, y el tercero en venta de petróleo. Además, Venezuela es propietaria en ese país de la empresa Citgo Petroleum Corporation, que posee tres grandes refinerías y 13 mil estaciones de servicio.
Despedida de brigada militar humanitaria de Estados Unidos y rechazo a nueva ayuda castrense (marzo, 2000)
El 3 de marzo de 2000 Chávez despide en Miraflores al cuerpo especial de ayuda militar conjunta de Estados Unidos, última misión humanitaria en retirarse de Venezuela, de las que arribaron al estado Vargas luego del descomunal desastre natural ocurrido ahí en diciembre de 1999. Sus palabras reconocen el desempeño solidario del vecino país, y están salpicadas de emotivas anécdotas y mensajes políticos. Dice:
Yo creo que esto pudiera ser simbólico, (…) la sangre latina, los americanos de esta parte de América y los americanos de aquella parte, del norte. (…) ¡Cuánto esfuerzo se hizo, y ahí nos cruzamos estadounidenses, brasileños, mexicanos, argentinos, uruguayos, españoles, franceses, cubanos, venezolanos! Delante de la tragedia, la unión, y yo creo que eso es un símbolo.
Detrás del telón, ha ocurrido un impasse. El Pentágono ha ofrecido días antes al ministro de Defensa Raúl Salazar, la colaboración de una unidad de ingeniería militar para la fase de recuperación del desastre. Esta incluye varios equipos y cientos de efectivos. Salazar acepta y luego de zarpar el barco informa a Chávez, quien no está de acuerdo. Se crea una situación incómoda, porque él orienta a Salazar que decline la oferta, con el argumento real de que Venezuela dispone de los recursos. La nave debe regresar, mas el gobierno de Clinton no hace olas.
“Las ideas de Chávez y sus modos de actuar respecto al imperio, encierran como nunca antes un valor esencial para encarar al monstruo desenfrenando en las presentes y futuras circunstancias, en que se juega el destino de Venezuela y, en elevada magnitud, de toda Nuestra América”.
¿Por qué Chávez adopta tal decisión? Confiesa a sus íntimos que esa ayuda es un pretexto para establecer en Venezuela una fuerza militar. Y hasta sospecha que el general Salazar actúa como agente norteño. Con tacto, decide sustituirlo y lo nombra después embajador en España. Está en guardia. Y tiene razón: dos años más tarde Salazar apoya el golpe fascista del 11 de abril.
Nuevos roces: Liderazgo de Chávez en la OPEP, visitas a Iraq y Libia. Cumbre del Milenio (2000)
Después de ser reelecto en julio de 2000 con 60 % de los votos, realiza en agosto una gira por los países miembros de la OPEP para entregar las invitaciones de la Cumbre en Caracas, que Chávez ha logrado promover y liderar. Este evento y su periplo, generan un enorme interés en Estados Unidos, en otros grandes consumidores, y expectativas en los demás. Petróleo, precios, revitalización de la OPEP, visitas a países tabúes: una danza de noticias se mueve en el orbe y Chávez es el primer bailarín. Su prestigio global crece. Y también aumentan los recelos en la Casa Blanca.
Dos episodios molestan en especial: los respectivos encuentros suyos con Sadam Hussein y con Muammar Gaddafi. Chávez desconoce que la ONU tiene prohibido volar a territorio de Iraq y, encontrándose en Teherán, le informan que un vocero del Departamento de Estado ha reprobado su visita al país vecino. Indignado, comenta: “Aunque sea en camello llegaré a Bagdad”.
El presidente iraní le presta su avión, en el que viaja hasta una ciudad cercana a la frontera y de ahí llega a esta en helicóptero. Cruza por tierra en auto hacia territorio de Iraq y va a Bagdad en un helicóptero del gobierno iraquí. Es el primer mandatario en visitar Iraq desde 1990. Los termómetros marcan 61 grados en su derredor y la temperatura política en Washington es aún más caliente. Una foto donde Hussein conduce un automóvil negro por Bagdad y el visitante a su lado, recorre el mundo.
Chávez se estremece ante los dramáticos efectos humanos que aprecia en Iraq, a consecuencia del embargo. Cuando regresa a Caracas, aclara que su viaje no obedece a un rechazo a Estados Unidos: “Yo no tengo animadversión contra nadie. Absolutamente contra nadie. Lo que sí tengo es amor a la humanidad. Los niños de Bagdad tienen derecho a vivir”.
Después, en Libia, al visitar a Gaddafi en su hogar, este le narra la ocasión en que ese sitio fue objeto de un bombardeo por aviones de Estados Unidos. Pesaroso, narra al visitante cómo murieron en una habitación varias personas, entre ellas una pequeña hija suya. Chávez le pregunta la razón de tal barbarie y Gaddafi explica: el subterfugio fue un acto terrorista en Alemania, donde perecieron decenas de estadounidenses, pero él no tuvo ninguna responsabilidad. “Fue un pretexto”, dice.
Al hablar sobre este hecho con la prensa, el barinés menciona una falacia semejante, cuando en 1996 él fuera acusado por el Presidente de Colombia, Andrés Pastrana, de ejecutar una matanza de soldados venezolanos en la frontera, y lo debió emplazar y desenmascarar. Debido a tales declaraciones y los exitosos resultados de la gira, en Washington encienden nuevas luces de alarma.
Pronto suman otra: en los días previos a la exitosa Cumbre de la OPEP en Caracas, celebrada del 26 al 28 de septiembre, recibe una llamada sorpresiva de Bill Clinton. Este le expresa su preocupación por la banda de precios acordada por el ente petrolero. Chávez le responde:
Comparto señor Presidente su preocupación, es bueno que conversemos. Pero, ¿por qué no hablamos también de la deuda externa, que azota a los pueblos pobres del mundo? ¿Por qué no hablamos de los términos de intercambio tan desiguales y salvajes y las imposiciones de los sistemas económicos que dominan el mundo?
Sin embargo, poco tiempo después Clinton declara su conformidad con el acuerdo de las bandas de precios adoptado por la OPEP, entre 22 y 24 dólares. Comprende que no era beneficioso un conflicto con el poderoso ente petrolero, ni tampoco con el resuelto presidente venezolano, que de repente también se ha convertido en líder de esa organización.
Ese año 2000, Chávez brilla en la Cumbre del Milenio, auspiciada por las Naciones Unidas en Nueva York, entre el 4 y 8 de septiembre. Su discurso es breve y radical. Opina que, en gran medida, las graves crisis del siglo XX se gestaron:
por las abismales diferencias entre dirigentes y dirigidos, entre pobres y ricos, entre explotadores y explotados, entre naciones que avasallan a otras mediante el empleo de la fuerza, entre las cumbres y el nivel donde se ubica el ciudadano común, entre un comportamiento retórico y formalista de los organismos internacionales y los conflictos y padecimientos de los pueblos.
Enfatiza que es imprescindible dejar de lado “el doble discurso” y reivindicar “las normas del derecho internacional, que hagan posible la plena igualdad de todos los pueblos sobre la tierra”. Y concluye con un dramático llamado: “¡Salvemos el mundo!”.
Tal proclama en la tribuna más alta del planeta, muestra su corajuda identidad con los preteridos. El liderazgo suyo entre los países del sur global aumenta, mientras que el imperio afianza la certeza de que es un adversario a derrotar cuanto antes.
George W. Bush, nuevo presidente. Chávez cuestiona el ALCA y la política de Bush hacia el terrorismo. Este decide derrocarlo (2001)
Por primera vez asiste a una Cumbre de las Américas. Esta se celebra en Quebec, Canadá, del 19 al 22 de abril de 2001. Como en las dos anteriores (1994 y 1998) Estados Unidos busca comprometer a los otros 33 mandatarios en la creación del ALCA con una fecha precisa: 31 de diciembre de 2005.
En su discurso, Chávez critica el concepto de democracia representativa, pues “se ha convertido en algunos países, como Venezuela, en una trampa que nos llevó a la violencia”. Afirma: “Una democracia participativa es la mejor manera para que el pueblo despierte”. Y propone que la declaración diga “democracia representativa y participativa”. Su iniciativa no aparece en la declaración final y antes de firmarla, argumenta dos objeciones y pide que se incluyan.
Primero, dice, Venezuela solo acepta el concepto de “democracia representativa y participativa”. Y segundo, no está de acuerdo en establecer el 31 de diciembre de 2005 como fecha para aprobar la entrada en vigor del ALCA. Adelanta, además, que en su país será necesario, según la Constitución, hacer un referendo para consultar al pueblo.
“Desde que asume la presidencia el 2 de febrero de 1999, el carismático barinés afirma que su política exterior fomentará un mundo multipolar”.
Lo impresionan en Quebec las protestas que observa, de miles de personas procedentes de América y Europa, contra la globalización neoliberal y la cumbre misma. Observa detrás de un muro de cuatro metros de altura que han erigido en torno al hotel, un avispero humano con letreros, banderas cubanas, afiches y pullovers —muchos con fotos del Che y Fidel— y le dicen que nadie de las delegaciones puede moverse. Incluso no le permiten salir para ponerle flores a una estatua de Bolívar. Él intenta dialogar con los manifestantes, pero la policía no lo deja.
Al arribar a Caracas, ha comprendido mejor el peligro que se cierne sobre la región. Se le hace más claro que Estados Unidos pretende engullirla del todo, y no tiene contrapeso. ¡Solo él ha formulado objeciones al documento final! Y esa realidad fortalece aún más su decisión de enfrentar tal proyecto imperial. Por eso declara que el ALCA es una posibilidad, no un destino irremediable “que ya está escrito en alguna tabla sagrada de Moisés”. Y para ser más elocuente, expresa: “Hay que estudiar las opciones de ese matrimonio”. En el futuro, dice, se decidirá si tal propuesta matrimonial “nos conviene o no nos conviene”. Y concluye que ahora más que nunca es necesario “retomar las banderas de la integración bolivariana”.
La experiencia en Quebec le permite afianzar la idea de que debe unirse más a Cuba, y a cientos de movimientos sociales y fuerzas políticas que actúan contra el ALCA y la globalización neoliberal. Y comprende mejor el liderazgo de Fidel en esa batalla.
Sus posiciones en la cumbre encienden nuevas alarmas en la Casa Blanca: Se ha convertido en un obstáculo a eliminar en el corto plazo, aunque aún él no tiene conciencia de ello. Los actos terroristas del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos crean de súbito un escenario que precipita tan extrema variante.
¿Cómo reacciona ante el criminal hecho terrorista? Envía enseguida un mensaje de condolencia y solidaridad al pueblo y el gobierno estadounidenses. Ofrece los servicios de una brigada especial, orienta cooperar en cualquier cosa que sea posible e instruye a la empresa venezolana Citgo que garantice el suministro de gasolina en sus 13 mil estaciones. La noche siguiente, en cadena de radio y televisión, subraya la política de paz del gobierno bolivariano y la necesidad de enfrentar el terrorismo por medio de acuerdos en las Naciones Unidas.
Después aborda varias veces el asunto en Venezuela y durante una extensa gira internacional. Teje muy rápido un conjunto de conceptos sobre el terrorismo, y sus declaraciones son noticia a nivel mundial. Analiza sus causas y cómo debe ser enfrentado, y evalúa el nexo entre guerra, paz y justicia.
“¡Salvemos el mundo!”
Sin mencionar al gobierno de Estados Unidos, en un discurso en la Asamblea Nacional de Venezuela, el 28 de septiembre, rechaza que se defina de terrorista a un Estado sin poseer pruebas y se decida destruirlo. Recuerda que Venezuela mantiene relaciones amistosas con todos los países del mundo y alude con obvia intención, entre otros, a Libia, Irán e Iraq. También afirma que las guerrillas de Colombia no pueden considerarse terroristas.
Ante el retumbar de los tambores bélicos, enfatiza el respeto a la soberanía de las naciones e insiste en que solo un mundo más justo puede conseguir la paz. Al siguiente día de iniciarse por Estados Unidos y otros países el bombardeo indiscriminado a Afganistán, el 8 de octubre, desde la sede de la ONU en Ginebra expresa:
Venezuela al respecto ha sostenido la posición de apoyo a la lucha contra el terrorismo, pero aclarando que no se trata de dar una carta en blanco a nadie para tomar acciones que pudieran violar las normas del Derecho Internacional, violar derechos humanos, soberanía de pueblos, soberanía de naciones.
Pregunta: “¿Quién nos ha condenado a vivir en guerras?”. Y en obvia alusión a una declaración de Bush —“en este conflicto no hay terreno neutral”—, dice:
Más aún este tipo de guerra, anunciada de manera dicotómica, nadie es neutral, hay una lista larga que nadie sabe dónde termina (…). Eso es preocupante porque ¿quién hizo esa lista? ¿Quién tiene aquí el poder de incluir a quienes en la lista? Yo estuve en esa lista, hasta el día que fui elegido Presidente. Los hermanos de Cuba están en esa lista.
Y alerta en tono enérgico: “Venezuela lo dice al mundo, estamos preocupados por esta nueva guerra y por el perfil que pudiera adquirir”.
El 30 de octubre, al regresar de una gira por cuatro continentes, está cargado de ideas y dolores: el gobierno de Bush sigue su criminal arremetida en Afganistán y pocos gobiernos en el mundo asumen una postura contra tales excesos. “No se puede responder al terrorismo con más terror”, reitera por televisión y muestra ante la cámara las fotos de varios niños afganos muertos por las bombas:
Miren estos niños, (…) estos niños estaban comiendo con su padre y les cayó una bomba de las que están lanzando sobre Afganistán, esto no puede ser, no puede ser. (…) Vean este bebé; ¿qué culpa tiene este bebé que murió allí con una bomba que le cayó a su casa? (…) No, esto no tiene ninguna justificación, como tampoco la tiene el atentado en Nueva York y en ninguna parte del mundo, pero pedimos que se piense y que se rectifique a tiempo.
Y clama que cesen de una vez las matanzas de inocentes en Afganistán. Frente a las excusas que esgrime el gobierno de Estados Unidos —“daños colaterales”—, con voz indignada espeta: “No tiene justificación de ningún tipo, no se puede decir que fue un error, ¿un error?, ¿y van a seguir cometiendo errores?”.
Invita a buscar alternativas justas y racionales “contra todos los males del mundo (…) pero no generando como se pudiera generar una escalada de violencia, una escalada de guerra y de conflictos entre civilizaciones, entre pueblos”. Venezuela, dice, se pone a la orden para buscar otras alternativas que sean efectivas para acabar con el terrorismo,
(…) pero también para aportar todos sus mayores esfuerzos (…) para luchar contra la pobreza, para sacar a miles de millones de personas en todo el mundo que están hoy sufriendo los embates del terror del hambre, del terror de la miseria, del terror de la muerte.
Tales “bombas” éticas dan en el blanco. Al subsiguiente día, Estados Unidos emite una declaración donde deploran sus declaraciones. La embajadora en Caracas, Donna Hrinack, solicita una entrevista a Chávez y lo presiona con soberbia, pero él interrumpe el diálogo y rechaza la pretensión de imponerle la posición del gobierno de Bush, y le pide que abandone el lugar. Enseguida Washington retira en consulta a su Embajadora.
Chávez reacciona firme y sereno. Responde a través del programa dominical Aló Presidente del 3 de noviembre. Se vale del propio texto de Estados Unidos, que califica de importantes las relaciones con Venezuela. Dice lo mismo respecto a ese país y argumenta que no es su intención dañarlas, al igual que con ningún otro.
“Ante el retumbar de los tambores bélicos, enfatiza el respeto a la soberanía de las naciones e insiste en que solo un mundo más justo puede conseguir la paz”.
Apoya las luchas contra el terrorismo, reitera. Pero no entendida “como un cheque en blanco para que se haga cualquier cosa”. ¿Acaso puede Bush permitir tal despliegue de ética y sensatez, en momentos en que cree ser todopoderoso y solo acepta de otros gobiernos la subordinación a sus posturas guerreristas?
A partir del 11 de septiembre de 2001, la inesperada tormenta procedente del norte, desborda los ríos políticos en Venezuela. Junto al rechazo de Washington y los grupos oligarcas venezolanos a varias leyes habilitantes, entre ellas la de Hidrocarburos, surgen inéditas tensiones entre el gobierno bolivariano y el de Estados Unidos. El punto de inflexión es la dinámica belicista desatada por George W. Bush con el pretexto de combatir el terrorismo en cualquier rincón del planeta.
La digna postura de Chávez provoca ira y soberbia en Washington. Ya le han abierto un expediente desde 1999 por el desempeño trasformador dentro de Venezuela y la política exterior independiente. Molesta su liderazgo en la OPEP, los nexos con Cuba, la creciente influencia en América Latina y el Caribe, su rechazo al ALCA y el acercamiento a China, Rusia, Irán y otros países, para favorecer un mundo multipolar. Por vez primera desde que él asumiera la presidencia, el bloque reaccionario local y el gobierno imperial coinciden en el objetivo de tumbarlo cuanto antes por una vía inconstitucional. Y comienzan a urdir un golpe de Estado.
El 28 de noviembre él habla en un acto de los partidos del Polo Patriótico. Enfatiza: No hay repliegue, solo planes de avance. Insiste en que la Revolución Bolivariana en su origen no fue pacífica, tuvo su carga de violencia, “pero hemos podido darle un camino ahora pacífico. (…) Creo que tenemos que cuidar al máximo ese camino pacífico, no queremos para nada violencia”. Pero advierte que quienes actúan para repetir un golpe como el de Chile se equivocan, “porque a diferencia de la revolución desarmada que dirigió Allende, esta no es una revolución desarmada”.
Este y otros mensajes suyos en la coyuntura, no mencionan a Estados Unidos, ni tampoco utiliza la palabra imperialismo, aunque intuye el peligro. Todavía no tiene pruebas e incluso le falta información, pero sus mensajes tienen a Bush de principal destinatario no visible. Siente los pasos de la fiera sobre la hierba, mas no imagina cuán rápido lo atacará.
Alude al 11 de septiembre y el uso que han hecho algunos sectores, para hacer creer que la Revolución Bolivariana es una amenaza para Estados Unidos y que deben hacer con Chávez lo mismo que con Bin Laden. Él llama a darle “otro knockout” a esos desesperados y demostrar quién es quién en Venezuela, de qué lado está el pueblo y por qué camino avanza.
Y responde a la oligarquía, que le exige rectificar las leyes habilitantes, en especial la de Hidrocarburos y la de Tierras: “Es momento de rectificar en muchas cosas, esa es la verdadera rectificación, hacia dentro, para profundizar el proceso revolucionario”.
¿Acaso bajo el fuego enemigo deben ocultarse los errores y debilidades? ¿O es mejor enfrentarlos con celeridad? Chávez opta por la segunda variante y en esta etapa arremete contra las desviaciones del proceso y hace añicos a los traidores.
Continuará…

