Este texto resume en seis entregas las acciones y objetivos de Estados Unidos contra la Revolución Bolivariana hasta marzo de 2013, y el legado antimperialista de Hugo Chávez. Intenta responder una pregunta matriz: ¿Qué lecciones aportan las ideas y actuaciones del líder bolivariano y el pueblo venezolano en esa disputa histórica, crucial para nuestra América?
Ofensiva de la Revolución. Las Misiones Sociales (2003)
La embestida del golpe petrolero no logra su objetivo de remover a Chávez y derrotar a la revolución, pero sí genera sensibles perturbaciones económicas y sociales. Las pérdidas por el sabotaje y la parálisis petrolera alcanzan más de $ 19.000 millones de dólares. La economía se contrae 8,9 % en 2002 y sigue en rojo durante 2003. Los pudientes resultan castigados en sus arcas por la acometida que creían infalible, pero los mayores daños recaen sobre la gente pobre.
El imperio y sus acólitos promueven una nueva coartada: adjudicarle a Chávez el saldo del desastre y, a través de encuestas inducidas, reiterar una y otra vez que la mayoría del pueblo exige que se vaya ya. Basándose en el drama económico y social que han creado, pretenden suscitar desesperanza para triunfar en las urnas. Polarizan más la sociedad y refuerzan su amplia base de apoyo en los sectores medios y ricos, inyectándoles rencor, prejuicios ideológicos y hasta racistas.
Junto a la victoria en abril de 2002, la prueba de la solidez del proceso bolivariano es el desenlace del golpe petrolero. Un plan de tal envergadura se ha podido derrotar, porque en Venezuela existe una revolución y un auténtico líder. El gobierno del norte, sin embargo, aprecia que ha creado una situación ventajosa para usar la vía electoral. Han logrado retrotraer la economía y la calidad de vida de la población humilde a los niveles de 1998 y suponen que Chávez no podrá sacarla de la crisis antes del referendo para revocarlo. Él comprende que debe revertir con celeridad los efectos del brutal paro golpista, en torno a los cuales ya merodean las aves de rapiña. El tiempo, esa categoría primordial de la política, vuelve a imponer su ritmo y Chávez se despliega, pues siente muy cerca el aliento de la fiera.
Luego del golpe de Estado de abril de 2002 y del paro petrolero que buscó asfixiar la economía venezolana, la revolución resistió. Bajo un contexto difícil Chávez comprende que es necesario transformar los problemas económicos en victorias sociales.
La contrarrevolución interna y el gobierno de Bush recomponen sus instrumentos electorales y de subversión, y se preparan para la revancha. Mantienen en pie su aparato productivo, financiero y comercial, al igual que los poderosos cañones mediáticos para desinformar y sumar adeptos. La Coordinadora Democrática sigue activa y Estados Unidos crea, financia y asesora la fundación electoral Súmate, bajo el liderazgo de la joven acaudalada María Corina Machado; también aumenta su respaldo monetario a varios partidos opositores y ONGs. Chávez denuncia esa nueva modalidad de intervención imperial, aunque no puede impedir que crezca cada vez más, en lo que también influye cierta subestimación.
¿Cómo encarar la nueva amenaza electoral y las acciones violentas por venir, en un escenario económico y social tan aciago? Chávez tiene conciencia de que los desafíos son enormes y el lapso para cambiar la adversa situación es muy breve. En julio de 2003 una encuestadora confiable, de nacionalidad brasileña, le informa la peligrosa realidad: si el referendo se hiciera ese mes, ¡perdería con un margen superior a 10 puntos!
Sin embargo, nadie lo aprecia cansado o desanimado. Sabe que no obstante los estragos provocados por los dos golpes en 2002, la revolución ha fortalecido su base de sustentación principal, el pueblo bolivariano y las fuerzas armadas. Además, PDVSA es ahora un poderoso vehículo para motorizar la economía y financiar programas de impacto social. El precio del petróleo, por añadidura, va hacia arriba luego de promediar $22 por barril en 2002.
“En el corto plazo no es posible dar un salto en la economía, primero por lastres estructurales y, segundo, debido al impacto recesivo que ocasionan las acciones de la contrarrevolución”.
Presume que Estados Unidos va a continuar sus planes violentos para generar ingobernabilidad y sacarlo del poder vía referendo. Y vislumbra en tal amenaza otra oportunidad excepcional, para ahondar y fortalecer la revolución.
Existe una paradoja que le preocupa: el pueblo bolivariano ha defendido con el alma a su líder y al gobierno, mas, la revolución apenas ha entrado a sus casas. En el corto plazo no es posible dar un salto en la economía, primero por lastres estructurales y, segundo, debido al impacto recesivo que ocasionan las acciones de la contrarrevolución. Lo único sensato en el decurso de 2003 ─y así actúa Chávez─ es recuperar la producción petrolera y elevar los ingresos impositivos, que permitan restablecer el flujo de recursos financieros para estabilizar la economía y acometer la ofensiva social.
En este riesgoso escenario en disputa, surgen las Misiones Sociales. Entre las más abarcadoras y eficaces: Barrio Adentro (salud integral), Robinson I y II (alfabetización y obtención de sexto grado), Ribas (estudios de bachillerato), Sucre (carreras universitarias), Milagro (para recuperar la visión), Mercal y PDVAL (Alimentos), Cultura, Barrio Adentro Deportivo, José Gregorio (discapacitados)… Ellas provocan un cambio sustantivo de la situación social y apenas un año más tarde, a mediados de 2004, constituyen el sostén principal de la Revolución Bolivariana. Rapidez, originalidad, participación popular, respaldo militar, eficiencia en la dirección y la solidaridad de Cuba, son los atributos que las distinguen. Sus beneficios no tienen precedentes en otro país en un lapso tan corto, a escala mundial. Algo primordial las mueve: el ímpetu y los genios concertados de Chávez y Fidel. Como nunca antes en la historia de nuestra América, dos grandes líderes deciden fusionar su creatividad, experiencias y poderes para inventar e implementar un proyecto binacional de valor estratégico, en este caso para el futuro de ambas revoluciones y de la Patria Grande.
En paralelo, las medidas económicas que Chávez emprende durante 2003 permiten detener la crisis coyuntural y retomar el Plan de Desarrollo Económico y Social 2001-2007. Iniciándose una dinámica virtuosa que crea las bases para iniciar un nuevo ciclo de expansión económica. Entretanto, ¿cómo actúan el imperio y sus aliados?
Derrotados en el intento de sacar a Chávez por la fuerza, la oposición y sus patrocinadores en Washington planean diferentes estrategias para derrocar el gobierno venezolano. Chávez denuncia la injerencia, refuerza el vínculo con Cuba y comienza a desmontar el discurso del imperio.
Nuevo plan para defenestrar a Chávez (2003)
Una ola de desconcierto y reproches internos, inunda a la oposición durante los primeros meses de 2003. Estados Unidos, preocupado por los avances de Chávez y de sus fecundos nexos con Cuba, busca mantener acoplados a sus adláteres. Expresión de ello es el Plan Consenso País, que publica el 13 de mayo de 2003 la Coordinadora Democrática (CD). Pretende ser la “base programática del gobierno constitucional y de unidad para la reconciliación y la reconstrucción nacional, (…) en el período que seguirá a la revocatoria del mandato presidencial”.
Apuestan a la inevitable derrota del Presidente en ese referendo inédito, dada la honda crisis generada por ellos mismos y sus impactos en la población. Estados Unidos juega en dos frentes. Apoya a los partidos y fuerzas a cargo del referendo contra Chávez, por un lado, y por el otro aúpa al sector violento de la contrarrevolución.
Luego de ser anulado un primer intento de recogida de firmas para activar el referendo, sin respaldo legal, por fin en noviembre la oposición logra obtener más del 20% necesario. Pero al ser revisadas, el CNE detecta miles de rúbricas falseadas y decide revisarlas todas. A la espera del dictamen, durante enero y febrero de 2004 la CD proclama que de no aprobarse el evento incendiaría el país. Los voceros oficiales de Estados Unidos presionan, e incluso el presidente Bush y sus medios de desinformación amplifican el show.
Chávez en la Cumbre de las Américas en Monterrey por primera vez denuncia el papel del imperio y retoma las advertencias de Bolívar y convoca al puelo a una nueva etapa de la revolución.
Ofensiva estratégica de Chávez ante nueva embestida de Washington. La hora del antiimperialismo (enero-mayo, 2004)
En armonía con Estados Unidos, la oposición avanza hacia un escenario de violencia, que incluye deslegitimar a Chávez y al CNE. Televisión, radio, diarios y revistas privados se colman con declaraciones y comentarios de los mismos actores de los golpes de abril y diciembre de 2002. Algunos, alientan un posible asesinato del Presidente.
Bush declara a los periodistas en la Cumbre de las Américas en Monterrey, el 12 de enero de 2004, que su gobierno velará por “la integridad” del referendo revocatorio en Venezuela. El imperio supone que sus aliados esta vez sí vencerán a Chávez. Solo le preocupa que él evada medirse en las urnas y por eso extrema sus dispositivos de presión e incrementa la ayuda financiera a los adeptos, sobre todo para la propaganda y la movilización electoral.
Chávez no descarta que sus oponentes puedan conseguir las firmas (20% del padrón electoral), mas está seguro que ganará en las urnas. Por eso en casi todas sus actividades públicas prioriza el tema del referendo, para esclarecer y motivar al pueblo. Alerta que está en marcha un nuevo plan desestabilizador y golpista, auspiciado por Estados Unidos, y convierte la pugna con los enemigos en motivo para elevar la conciencia y la cohesión de las huestes bolivarianas. No deja escapar un detalle. Reitera una idea clave:
“El Hugo Chávez de 2002 quedó para la historia, así lo repito hoy y me lo repito a mí mismo todos los días, quedó para la historia en el sentido de la permisividad y la máxima tolerancia y la máxima buena fe (…)”.
Comienza su prédica antimperialista el 10 de enero de 2004, al inaugurar la Misión alimentaria Mercal:
“Yo quiero una vez más responderle al gobierno de Estados Unidos, que Venezuela es un país libre, soberano e independiente. Nosotros no nos quedaremos callados, porque no somos cobardes, porque aquí hay coraje, porque aquí hay dignidad”.
Y menciona las declaraciones hechas por la consejera de Seguridad Nacional Condolezza Rice, quien ha afirmado que Chávez no debe oponerse al referendo: “En primer lugar, ¿qué diablos tiene que ver usted con el referendo en Venezuela?”, espeta molesto. Agrega: “Ha dicho también (…) que ella está preocupada por nuestra amistad con Fidel Castro. Vaya usted a saber si es que a nosotros nos van a decir quiénes son o no son nuestros amigos”.
“Yo quiero una vez más responderle al gobierno de Estados Unidos, que Venezuela es un país libre, soberano e independiente. Nosotros no nos quedaremos callados, porque no somos cobardes (…)”.
Sobre la afirmación de que su conducta ante el referendo permitirá calificarlo o no como demócrata, es tajante:
No les corresponde a los Estados Unidos meter su nariz aquí en Venezuela, que se ocupen de sus problemas que son bastantes. (…) ¡Que se metan en sus problemas! Y nos dejen a nosotros reconstruir nuestra historia, reconstruir nuestro pueblo, reconstruir nuestra Patria, con dignidad, con libertad, con soberanía, con independencia.
En esos días dedica tiempo a la lectura de algunos libros de historia, que subraya y anota. Retoma el tema en su discurso en el hipódromo de Caracas, el 17 de febrero. El día antes, ha visitado Venezuela de modo inesperado el subsecretario de Estado estadounidense, y emite opiniones injerencistas sobre el referendo. La respuesta de Chávez es vertical, de obvia intención estratégica.
Primero reabre la herida del fracasado golpe fascista y afirma que existen pruebas sobre el protagonismo del gobierno estadounidense. Y afirma en tono duro que el gobierno de Bush debe responder “por la sangre que corrió en Venezuela los días 11, 12 y 13 de abril del año 2002”. Nunca antes ha emplazado de modo tan áspero a Estados Unidos. Sus palabras definen sin evasivas la disyuntiva histórica. Además de petróleo y riqueza, dice, en Venezuela hay dignidad:
(…) óiganlo bien, venezolanas y venezolanos, nosotros estamos dispuestos aquí a defender nuestra independencia, de esta tierra, de este cielo, de esta agua y de este pueblo, a costa de lo que sea, aún de nuestra propia vida.
Alude un hecho reciente, la agresión de Estados Unidos a Iraq: “(…) todos los días hay niños y mujeres y hombres muertos en Iraq”, clama. Y explica que engañaron al mundo y al propio pueblo estadounidense, al afirmar que había armas químicas de destrucción masiva y usar tal pretexto para la agresión. Deduce:
Igual están tramando un engaño en torno a Venezuela, diciendo que en Venezuela hay guerrillas extranjeras y que nosotros apoyamos el terrorismo”. Y pone un toque de humor: “lo que falta (…) es que digan en Washington que aquí está escondido Bin Laden, en el Hipódromo La Rinconada.
Menciona después las declaraciones de Bush en la Cumbre de las Américas en Monterrey: “¿Qué tiene que ver el señor Bush con el referendo revocatorio en Venezuela? Absolutamente nada”. Y golpea fuerte: “Debería preocuparse por los pobres en los Estados Unidos, que son bastantes y están creciendo. (…) Que se preocupe por gobernar su país”.
El 24 de febrero de 2004, el CNE comunica su primera decisión sobre las firmas entregadas para convocar el referendo contra el Presidente. Pone bajo observación a más de 148.190 planillas. De tal modo, se posterga la convocatoria del referendo, hasta que sean confirmadas las firmas. La Coordinadora Democrática declara que el CNE pretende sabotear e impedir el acto comicial, “se ha producido un golpe de Estado contra la Constitución y contra la soberanía popular”. Llama a iniciar acciones “de resistencia pacífica, frente a las órdenes de las autoridades de un gobierno que ha perdido lo que le quedaba de legitimidad”.
En pocas horas la “resistencia pacífica” es visible: las “guarimbas” inundan las calles y autopistas de los barrios de clase media y alta. Pequeños grupos de vecinos, muchas veces auxiliados por personas entrenadas, erigen barricadas que mantienen encendidas con neumáticos, bolsas de basura y otros artefactos, y emplean violencia física y verbal para impedir el paso. Nueve muertos y más de 100 heridos, es el trágico saldo de esta descabellada operación. “Guarimba” significa territorio en un dialecto indígena venezolano y está basada en un método diabólico divulgado en Internet por Robert Alonso, un gringo de origen cubano residente en Miami y Caracas, vinculado a la CIA.
“Frente a la nueva situación de caos que promueven el imperio y sus cómplices, Chávez decide dar un paso largo: denunciar al principal responsable de los males de Venezuela y del plan en curso”.
Frente a la nueva situación de caos que promueven el imperio y sus cómplices, Chávez decide dar un paso largo: denunciar al principal responsable de los males de Venezuela y del plan en curso. El 27 de febrero de 2004 ─dos días después de iniciarse las guarimbas─, en la autopista Francisco Fajardo, cerca de tales desmanes en apogeo, medio millón de personas por primera vez escuchan en su regio verbo la definición del signo antiimperialista de la Revolución Bolivariana. Es un paso histórico medular que ha cavilado muy bien. ¿Por qué lo hace en esta coyuntura?
Durante los primeros cinco años de revolución, incluso luego de los sucesos del 11 de abril de 2002 y del llamado golpe petrolero, casi siempre aborda con cierto tacto los temas conflictivos asociados al gobierno de Estados Unidos, aunque sin hacer concesiones. Sabe, porque conoce a fondo el fenómeno del imperialismo, que será inevitable la pugna frontal. Siente que ha llegado la hora de encarar el fenómeno imperialista en profundidad. Y decide hablarle claro al pueblo sobre el papel de este en la historia nuestra americana, desde los tiempos de Bolívar.
En el mitin multitudinario del 27 de febrero, ofrece una especie de clase magistral sobre el imperialismo. Comienza:
El principal objetivo de esta monumental concentración, es decirle “no” al intervencionismo yanqui en Venezuela.
La multitud lo secunda con ganas: “¡Noooo!”, gritan en coro, y así discurre su encendido verbo en interacción continua con el público:
Señor Bush, usted y su camarilla, que han estado apoyando aquí a los golpistas, que han estado apoyando aquí la desestabilización política; que han estado apoyando aquí la desestabilización económica; que han estado violando nuestra soberanía, que han estado haciendo todos los esfuerzos para derrocar al Gobierno legítimo de Venezuela, ha tenido usted una respuesta en el pasado reciente, aquí la tiene hoy señor Bush. Y si quiere que le sigamos dando respuesta el pueblo de Simón Bolívar está listo para seguirle dando respuesta.
Está cargado de fuego: tiene ganas de decir verdades que hace años atesora. Trae consigo un libro, que lo ha acompañado en los cuarteles y en la cárcel y ahora guarda en Miraflores, escrito por el cubano Francisco Pividal: Bolívar pensamiento precursor del antiimperialismo. Afirma:
Ciertamente, Simón Bolívar fue el primer hombre en todo este continente que vislumbró y alertó acerca de la amenaza que el imperio norteamericano ya representaba para el futuro de nuestros pueblos.
Luego de recomendar el texto de Pividal al pueblo venezolano y a todos los de Nuestra América, también al de Estados Unidos, lee y comenta algunas de las frases del Libertador que revelan las ideas de este respecto del imperio naciente. Por ejemplo, dice:
(…) en 1820 le escribe a José Tomás Revenga, entonces su secretario general y más tarde ministro de relaciones exteriores de la Gran Colombia: “Jamás conducta ha sido más infame que la de los norteamericanos con nosotros, ya ven decidida la suerte de las cosas, y con protestas y ofertas, quién sabe si falsas, nos quieren lisonjear para intimar a los españoles y hacerles entrar en sus intereses.
También alude a una carta que Bolívar le escribe a Francisco de Paula Santander desde Potosí, el 21 de octubre de 1825, quien después lo traiciona:
Nunca me he atrevido a decir a usted lo que pensaba de sus mensajes, que yo conozco muy bien que son perfectos, pero que no me gustan, porque se parecen a los del Presidente de los regatones americanos. Aborrezco a ese canalla, de tal modo, que no quisiera que se dijera que un colombiano hacía nada como ellos.
Para finalizar con las citas, evoca el conocido fragmento de la carta a Patricio Cambell, desde Guayaquil, el 5 de agosto de 1829 ─apenas un año y cuatro meses antes de morir Bolívar─, y subraya que el Libertador “a lo largo de diez años lo que hace es ver más claro cada día, y muere con esa claridad, y con ese horror de ver el imperio que nos amenazaba”. Lee despacio:
Los Estados Unidos de Norteamérica parecen destinados por la providencia, para plagar la América de miserias a nombre de la libertad.
Dicho esto, expresa que la profecía de Bolívar se ha cumplido “y buena parte de las tragedias de la América Latina y del Caribe están allá, en los secretos y los misterios de la Casa Blanca”.
“Han llegado a utilizar incluso a algunos países hermanos contra otros, atizando el odio de unos contra otros”.
De inmediato expande su análisis a toda la región y por vez primera emplea de manera pública el concepto de imperialismo. Lo desnuda:
(…) desde allá se han planificado asesinatos, genocidios, golpes de Estado, terrorismo, invasiones y muerte contra nuestros pueblos; desde allá se ha instaurado en América el imperio, y todos los gobiernos que de una u otra manera se oponen al imperialismo comienzan a ser atacados, comienzan a ser satanizados, comienzan a ser atropellados, utilizando para ello todos los medios con que cuentan, los medios económicos, los medios de comunicación de masas, los medios diplomáticos, las instituciones internacionales, que lamentablemente ceden al chantaje la mayor parte de las veces. Han llegado a utilizar incluso a algunos países hermanos contra otros, atizando el odio de unos contra otros.
El gobierno bolivariano ha captado una comunicación radial, donde se dice que continuaría la violencia y que ya Venezuela es un país ingobernable, sugiriéndose que la OEA debe ir preparando una reunión para aplicarle la Carta Democrática y que los marines de Estados Unidos deben estar listos para intervenir. Al decir esto, su cuerpo íntegro vibra, y de su garganta brota un centelleo que enardece a la multitud:
Bueno, bastante montaña hay aquí. Yo les voy a decir algo, bastante sabana hay aquí, bastantes islas hay aquí, bastante selva hay aquí, bastante tierra hay aquí. Y saben una cosa, bastante pueblo hay aquí. Y saben otra cosa, bastantes cojones hay aquí para defender esta tierra, para defender esta Patria, de cualquier intruso que pretenda venir a humillar la dignidad de esta tierra sagrada, de la Venezuela de todos nosotros… ¡Carajo!.
Adelanta que se ha reunido con dirigentes obreros del petróleo
y debe saber el Señor Bush que, si se le ocurre la locura de tratar de bloquear a Venezuela, o peor aún para ellos de invadir a Venezuela (…) pues algo que me decían los trabajadores petroleros, si eso llegara a ocurrir sepa el pueblo de los Estados Unidos que lamentablemente ni una gota de petróleo les llegará desde Venezuela.
Y como el gobierno de Bush ha amenazado que si ello ocurriera embargarían la empresa venezolana Citgo, él no se queda corto: “Lo que es igual no es trampa”, expresa en jerga popular. Y agrega: “Si es que se les ocurre, ellos aquí tienen bastantes instalaciones, (…)”.
En esta nueva etapa es definido el carácter antiimperialista de la Revolución Bolivariana como una estapa superior del proceso.
Estas reflexiones de Chávez sobre el imperialismo y sus denuncias a la intromisión de Estados Unidos en los asuntos internos de Venezuela, junto a las resueltas posturas que adopta frente al agresor foráneo, lo afianzan entre los dirigentes antiimperialistas más corajudos y lúcidos del mundo, al despegar el siglo XXI. Más aún, porque a 12 años de desaparecer la Unión Soviética y campear sin contrapeso Estados Unidos en el planeta, la palabra “imperialismo” casi ha desaparecido del léxico de la izquierda y también las posiciones firmes contra él.
Los cañonazos que dispara a la coraza imperial, provocan pronto reacciones más feroces de Estados Unidos y, en la otra orilla, servirán para ahondar la Revolución Bolivariana y avivar el antiimperialismo en nuestra América.
Tentativa de magnicidio. Chávez amplía su análisis sobre el imperialismo (mayo, 2004)
El 9 de mayo, ofrece una espectacular noticia en su programa Aló Presidente: Han sido sorprendidos infraganti varios paramilitares y mercenarios colombianos en una hacienda en el este de la Gran Caracas, propiedad de Robert Alonso, promotor visible de las “guarimbas”. En los días siguientes son capturados más de 100; han sido reclutados en el país vecino y se entrenaban para realizar actos de violencia. El principal objetivo: asesinar al Presidente.
Por primera vez desde que él asumiera, convoca al Consejo de Defensa Nacional y califica de muy grave este plan. Afirma que está concebido y ejecutado por el sector más reaccionario de la oposición, en complicidad con factores de poder en Bogotá y Miami. Refiere declaraciones de varios voceros del gobierno de Estados Unidos, en el último mes, cuyo contenido apuntan a justificar acciones violentas para justificar una intervención militar:
Recordemos las declaraciones de un general imperialista, jefe del Comando Sur del Ejército de los Estados Unidos, diciendo nada más y nada menos que el Presidente Hugo Chávez es una amenaza para la región y que como tal será tratado.
Y agrega: “No tengo pruebas en este instante, pero estoy completamente seguro que cuando ese general imperialista da esas declaraciones, sabe y conoce el plan que se estaba preparando contra Venezuela, no puede haber sido una casualidad”.
“…el imperio de occidente se siente dueño del mundo (…) y es cuando toma más fuerza la tesis neoliberal…”
El domingo 16 de mayo se realiza una concentración popular en la avenida Bolívar, en la que Chávez pone en contexto y en perspectiva este siniestro plan. Realiza un ejercicio analítico centrado en el tema del imperialismo, que va más allá de la coyuntura y encierra un valor ecuménico. Es impresionante la coherencia de sus ideas. La fibra patriótica, el ánimo unitario y el rechazo al imperio que irradia su pueblo elevan aún más su lucidez.
Este hecho, dice, es parte de un tablero de ajedrez que abarca al mundo entero: “Habría que hablar por ejemplo del imperialismo, (…) creo que es imprescindible que los venezolanos hoy abordemos de nuevo el tema del imperialismo”. Y explica con sinceridad las razones:
porque esa palabra incluso vino siendo retirada del léxico, vino siendo retirada y borrada de los discursos, de los debates, de las asambleas populares, de los análisis políticos nacionales o internacionales, incluso desde las mismas filas de la izquierda latinoamericana, venezolana incluida.
Señala sin rodeos que hubo en los últimos años y todavía existe a veces, “como un temor para abordarlo”. Agarra el toro por los cuernos:
Creo que llegó la hora de (…) abordar de nuevo el tema, el concepto y la praxis del imperialismo, sobre todo después de la caída del Muro de Berlín, sobre todo después de la caída de la Unión Soviética.
Cuando ocurren tales sucesos, “el imperio de occidente se siente dueño del mundo (…) y es cuando toma más fuerza la tesis neoliberal, y desde las filas del pensamiento revolucionario incluso comienzan algunos a asumir la tesis de una especie de imperio virtual”. Aparecen algunas pautas, según las cuales el clásico imperialismo intervencionista que invadió territorios, derrocó gobiernos y generó guerras mundiales, se habría convertido en un imperio menos malo,
que supuestamente ya no necesitaba invasiones territoriales, sino solo la penetración de los mercados a través del neoliberalismo, (…) que ya no se fundamentaba en la punta de los cañones y en las ojivas de las bombas, o en la punta de las bayonetas imperialistas, sino que ahora venía de manera muy suave por Internet o por las bolsas de valores o por la deuda externa y el Fondo Monetario Internacional (…).
“…[el imperialismo] termina de quitarse la máscara y sencillamente nos enseña de nuevo sus colmillos sangrientos y sus garras sanguinarias”.
Un supuesto imperialismo menos malo, dice:
que ya tenía asegurado, por la penetración meramente económica a través de las compañías trasnacionales, los recursos estratégicos para alimentar sus grandes maquinarias y su desarrollo científico-técnico, industrial-militar, recursos en los cuales destaca siempre y destacará siempre el petróleo.
El “viejo y maloliente imperialismo” se enmascaró y maquilló, “no se le veían las garras, no se le veían los colmillos, no se le veía el sombrero de copa larga”.
Y cuando ese vetusto imperialismo percibe que su intento para imponer al mundo el modelo neoliberal ha fracasado, sin ningún tipo de vergüenza, como nunca tuvo en siglos de existencia:
termina de quitarse la máscara y sencillamente nos enseña de nuevo sus colmillos sangrientos y sus garras sanguinarias.
El 11 de septiembre de 2001, dice Chávez, marca el giro del imperio, cuando utiliza como excusa “aquellos terribles hechos, para terminar de quitarse la máscara y arremeter contra las Naciones Unidas, irrespetando el Consejo de Seguridad, irrespetando el Derecho Internacional, para invadir pueblos como el de Afganistán y luego invadir al pueblo de Iraq”.
Y formula esta idea luminosa:
Tenemos al frente de nuevo al viejo imperialismo asesino, masacrador de pueblos, que ahora ha dejado a un lado las recomendaciones de los tecnócratas y las propuestas de libre comercio y de respeto a los dictados de las Naciones Unidas y de respeto al derecho internacional y sencillamente se nos presenta de nuevo al frente tal como es: asesino, invasor. Y allí está de nuevo el imperialismo atropellando pueblos, allí está de nuevo el imperialismo echando por el suelo los preceptos de las Naciones Unidas, sin vergüenza de ningún tipo.
Allí está de nuevo el imperialismo imponiendo un derecho casi divino, que se atribuyeron de regir los destinos de los pueblos del mundo. Allí está de nuevo el viejo y clásico imperialismo invadiendo pueblos, derrocando gobiernos y atropellando la dignidad de millones de seres humanos en este planeta.
Evoca entonces que apenas siete meses después del 11 de septiembre ocurre el golpe de Estado en Venezuela, gracias al apoyo de Estados Unidos. Y luego suceden los demás actos de intervención, “uno tras otro, atropello y atropello contra nuestro pueblo, contra nuestra soberanía, contra nuestro Gobierno, contra nuestra revolución”.
“Allí está de nuevo el viejo y clásico imperialismo invadiendo pueblos, derrocando Gobiernos y atropellando la dignidad de millones de seres humanos en este planeta”.
Y termina con su idea matriz. Dice: Todos estos intentos de derrocar al gobierno bolivariano, entran en el marco del tablero mundial,
entran en esa línea de acción que el imperialismo ha tomado, sobre todo, en los últimos dos años. Y este hecho reciente, la infiltración de un número bastante grande de paramilitares, aquí mismo en el corazón de Caracas, forma parte de la misma componenda imperial internacional, no podemos desligar este hecho de ese marco mundial, de esa línea histórica en la cual estamos inscritos los venezolanos.
Asegura que quienes concibieron el plan en Estados Unidos, Venezuela y Colombia, saben que esos paramilitares no podrían derrocar el gobierno. Y por eso deduce que el principal objetivo era asesinar al Presidente de Venezuela “y tenemos pruebas suficientes para afirmarlo”. El plan pretendía crear un escenario de convulsiones sociales, de irrefrenable violencia y
sobre el caos de la sangre y de la muerte darle la bienvenida al viejo imperialismo que llegaría aquí, según sus planes, a dominar a Venezuela, a pacificar a Venezuela y además lo más importante asegurarse una de las reservas petroleras más grandes del planeta.
En tal instante, colmado de emoción expresa la certeza de que si algún día lograran su eliminación física
y pretendieran imponerle a Venezuela un gobierno importado de la bota imperialista norteamericana, yo estoy seguro que desde mi tumba oiría el tremolar de un pueblo, que una vez más va a defender la grandeza de esta tierra.
Insiste en que es necesario comprender las razones que ha expuesto, sobre las causas de la nueva arremetida del imperialismo contra los pueblos del Tercer Mundo. Por eso, deduce que las conspiraciones contra Venezuela no se van a detener: “…eso es importante saberlo, las conspiraciones contra Venezuela no terminan con la captura de más de 100 paramilitares colombianos, (…) van a continuar y cada día van a tomar formas más dramáticas (…)”.
Y concluye con la idea primordial de su discurso: la Revolución Bolivariana, después de cinco años y tres meses: “ha entrado en la etapa antiimperialista, esta es una revolución antiimperialista”.
La muchedumbre lo respalda con una larga ovación y floridas consignas. Enseguida él precisa que tal definición tiene un hondo significado y obliga a radicalizar la revolución. Por ejemplo, a eliminar el latifundio: “…No podemos nosotros permitir que nos vaya absorbiendo un espíritu conservador, la media tinta, el guabineo; no, o somos o no somos”.
Además, la nueva etapa obliga a profundizar los proyectos sociales y económicos “(…) que es la mejor respuesta a quienes pretenden doblegar al gobierno y a la revolución”.
La guinda del pastel: Como parte de la fase que comienza, Chávez decide que la misión militar de Estados Unidos con asiento en Fuerte Tiuna salga del país, y sus instalaciones sean usadas por la Misión Social “Vuelvan Caras”, creada para generar empleos.
Continuará…

