La santiaguera —más exactamente de Songo–La Maya—, Miguelina Cobián, es la gran velocista cubana que emerge a comienzos de la década del sesenta, captada por el multicampeón olímpico de largas distancias, el checo Emil Zatopek, por aquellos tiempos en Cuba junto a su esposa Dana, también campeona olímpica en Helsinki. Bajo la mirada conocedora de tan ilustres figuras del atletismo Miguelina da sus pasos iniciales en la pista de la Ciudad Deportiva de La Habana.

Por entonces todavía esplende en el escenario atlético cubano la estelar velocista, especialista en las carreras cortas con vallas, Bertha Díaz, pero resulta evidente que Miguelina es la encargada de tomar el batón de la ya veterana corredora. Sin ánimo alguno de establecer comparaciones ociosas, Miguelina habrá de conseguir lauros internacionales hasta entonces inéditos para ninguna otra corredora cubana.

Nacida el 19 de diciembre de 1941, lanza su clarinada en los Juegos Centroamericanos de Kingston 1962, donde gana oro en los 100 metros y plata en el relevo de 4 por 100 metros. Un año después, en los Juegos Panamericanos de Sao Paulo, Brasil, la cosecha se amplía pues gana medallas de plata en 100, 200 y el relevo de 4 por 100 metros. También asiste a las Universiadas de Brasil de donde regresa con tres medallas de bronce. No obstante, es en los Juegos Olímpicos de Tokio 1964 cuando estampa su actuación de mayor gloria internacional mundial al terminar quinta en la final de los 100 metros, siendo la primera deportista cubana en acceder a una final olímpica. Son estos mismos los Juegos en que su (nuestro) compatriota Enrique Figuerola gana la medalla de plata en el hectómetro. Cuba tiene así a dos corredores de 100 metros que se codean con los mejores del mundo en el gran reto que representa una final olímpica.

Las Universiadas de 1965 le deparan dos medallas de plata, una individual y la otra en el relevo, y en los Juegos Centroamericanos de Puerto Rico 1966, conquista una medalla de oro en 100 metros y plata en los 200 y el relevo. Al año siguiente, en Winnipeg, sede de los Juegos Panamericanos, alcanza el subtítulo en los 100 metros, bronce en los 200 y oro en el relevo. ¡Formidable performance!

“Miguelina es la dueña de las marcas nacionales de velocidad en 100 y 200 metros por varios años y entre 1963 y 1970 es considerada una de las mejores velocistas del mundo”.

Los Juegos Olímpicos de México 1968 colman sus sueños. El relevo de 4 por 100 metros integrado por ella en el tramo final, Marlene Elejalde, Fulgencia Romay y Violeta Quesada, registra tiempo de 43 segundos y 36 centésimas, logra la medalla de plata. ¡Las chicas cubanas son subcampeonas olímpicas! Miguelina además llega nuevamente a la final de 100 metros y termina octava. ¡Ella es dos veces finalista olímpica de 100 metros!

Por último, en los Juegos Centroamericanos de Panamá 1970, se cuelga tres medallas de oro, dos individuales y una en el relevo. Esta resulta su última competencia internacional pues se lesiona y no asiste a los Juegos Panamericanos de Cali, Colombia, 1971.

Miguelina es la dueña de las marcas nacionales de velocidad en 100 y 200 metros por varios años y entre 1963 y 1970 es considerada una de las mejores velocistas del mundo.

Falleció el 1 de diciembre de 2019 a los 77 años. Ha sido exaltada al Salón de la Fama de la Confederación Centroamericana y del Caribe de Atletismo.

Y porque es algo que se recuerda poco, en los Juegos Olímpicos de Múnich 1972, una muy jovencita Silvia Chivás de 18 años, sorpresivamente ganó medalla de bronce en los 100 metros planos y un segundo metal bronceado en el relevo de 4 por 100 metros, por lo que regresó con dos medallas olímpicas colgadas del cuello. Ese relevo de gloria lo integraron también Marlene Elejalde y Fulgencia Romay, que antes integraran el subtitular de México, por lo que para ambas representó esa su segunda medalla olímpica.