I

La veo llegando a Matanzas. Viene por vez primera a Ediciones Vigía. Ha estado muchas veces en la ciudad, la había seguido por la televisión y la radio. La había visto en la sala del Teatro Mirón en un concierto íntimo, y en el Teatro Sauto. Muchas veces en varios sitios de La Habana. Pero está vez es distinta. Vine con Carlos Luis, con la poeta Nancy Morejón, con la gran Marta Valdés. Viene a cantarle a los poetas de Matanzas, ella que es la poesía.

Su belleza, su deslumbrante cabellera plateada, su elegancia cubanísima, su voz que no es la voz de nadie, su forma de decir la canción donde lo más sutil, lo más íntimo y lo coloquial, tienen un solo denominador común: la exquisitez.

Ya hacía mucho tiempo que estaba en mi vida. Algo sabía de su historia, pero escucharla allí esa noche, cantando a “Ay, del amor”, “Mariposa”, “Te perdono”, “Canción desde otro mundo”, “Fiel enamorado”, “Canción fácil”… me dio la dimensión inusitada de una artista nacida para la fiesta innombrable que Lezama había vaticinado.

Miriam Ramos no solo ha sido testigo, sino protagonista esencial de la música cubana de las últimas décadas. Su distintiva cabellera plateada y su elegancia han dejado una huella imborrable en el imaginario popular.

La escucho y veo a una niña apegada a la radio con su abuela, soñando músicas. La veo entrar adolescente al conservatorio Amadeo Roldán, al Caturla, soñando músicas. Miriam de la mano de Odilio Urfé, de Guyún, de Carpentier, soñando músicas.

La joven Miriam en el Coro Nacional. Y veo su debut, junto al piano del gran Frank Emilio, en Bellas Artes. La Nueva Trova, desenfada y vigorosa, tendría en la voz, en la presencia escénica de Miriam, un remanso que no había encontrado. Y vino el mítico Festival de Varadero y las jornadas de la Canción Protesta. Y su presencia en la televisión, en tiempos en que lo baladí ganaba cauces, su voz, su repertorio, era un oasis. El Bola, Benny, la trova tradicional, la canción cubana, de Paquito de Portela a Lecuona, de Sindo a Mike Porcel. Miriam cantaba a Silvio y a Pablo, a Noel, cantaba junto a ellos. Grabó a Marta Valdés, “Canción desde otro mundo”:  amo esta isla donde a veces/ el año dura tantos meses/ y tropezar por donde voy/pero saber quién soy.

II

Su voz “de terciopelo”, ha dicho alguien, entraba cada tarde noche a nuestras casas anunciando a los niños la hora de dormir. Cuba entera cantaba “La Calabacita” por aquellos años. Con el Icaic trabajaría en el animado El pececito sin color, narrado mediante una canción interpretada por ella.

El tema de Noel Nicola para la excelente novela de Rolando Macías, Pasión y prejuicio, en su voz, también nos llegaba como un aire fresco, dulce, a tono con la época que reflejaba la serie.

La voz de Miriam Ramos ha estado presente en series, novelas y películas cubanas.

La televisión la recibió, no solo como cantora. También como actriz y conductora. Ahí está su memorable incursión en Algo más que soñar de Eduardo Moya, donde brilló a la par de grandes actores. Ya traía la experiencia de haber trabajado bajo las órdenes del maestro Roberto Blanco en De los días de la guerra (sobre el diario de campaña de Martí), inolvidable puesta de Teatro Irrumpe. Y en teatro también su memorable espectáculo Somos muchos más que dos, con el actor Jorge Hernández, trabajo que continuaría años después con el actor y cantante Freddy Maragoto. Ahí, la canción y la poesía, los grandes amores de Miriam Ramos, se unían para decir a Mirta Aguirre, Dulce María Loynaz o al propio Benedetti.

Otra Miriam y la misma, en su celebrada conducción del programa televisivo Pensamientos, de Lizette Vila, realizadora con quien colaboró también en su documental Gracias a la vida, con la interpretación a capella del conocido tema de Violeta Parra.

Esa Miriam mediática tenía ya una historia en la radio. La excelencia de No hacen falta alas, por Progreso; La esquina del Jazz, de CMBF; Desde este mundo, por Habana Radio. Su voz, su cultura, su buen gusto, su saber estar. Todo eso y más ha sido el paso de Miriam por la radio y la televisión. Labor que recibió importantes premios en los festivales de la Radio y la Televisión.

III

Un repaso por su discografía bastaría para apreciar la coherencia de una artista cuya autenticidad la desborda. Ahí están sus canciones propias, sus tributos a Marta Valdés, a El Bola, al Benny, a sus contemporáneos. Hermoso su Cantar la trova, con Pancho Amat. Su vínculo con los pianistas jóvenes y sobre todo con Ernán López-Nussa; pero también con los jóvenes: Dayron Ortega, Haydee Milanés, entre otros… Una discografía reconocida y premiada (Premio de Honor del Cubadisco, premios en varias categorías de este festival, nominación al Grammy Latino, y otros reconocimientos).

Ha recibido entre otros el Diploma al Mérito Artístico, la Distinción por la Cultura Nacional, varias veces premiada como intérprete en el Concurso Adolfo Guzmán, donde se avalaba su sobria manera de brillar.

México, Moscú, España, Francia, Bulgaria, Polonia, Ecuador, Panamá, Japón, Nicaragua, Holanda, España, Argentina, República Dominicana, Brasil, Perú, Colombia, Estados Unidos, entre otros, han disfrutado de su voz.

Desde su paso por el Coro Nacional hasta su consagración como solista, la carrera de Miriam Ramos ha sido un derroche de talento.

Hizo bien Miriam Ramos en seguir los consejos de Nacha Guevara. De asumir su lugar en la escena. Siendo una notable guitarrista, no se apegó a la guitarra. No solo ha sabido escoger su repertorio, sino con quiénes trabajar. Vuelvo a insistir en su coherencia, su autenticidad, su finísimo olfato para distinguir, propio de los grandes artistas.

Autora de hermosas canciones (“Ámame como si fuera nueva”, “Lluvia es”, “Para tu piel”, “Seas tú”), decidió cantar más las canciones de otros que las propias. Pero como su admirado Bola, cada apropiación fue real. Ni Pedro Luis Ferrer, ni Noel Nicola cantarían “Mariposa” o “Te perdono” como ella. Quién duda que en el imaginario popular esas canciones son de Miriam Ramos.

No en vano ha tenido el elogio de Adolfo Guzmán, Esther Borja o Marta Valdés, por citar tres cumbres de nuestra cultura que no solían “malgastar elogios”, como diría Dulce María Loynaz.

“Querida Miriam, en tu más bella canción, hiciste un pedido que es imposible de incumplir”.

Poco antes de que le otorgaran el Premio Nacional de Música en 2024, el tema Miriam Ramos salió en una conversación con Marta Valdés. ¿Cómo es posible que Miriam no tuviera el Premio Nacional de Música?

Marta que vio el nacimiento de la artista y que reseñó con laudes ese instante, volvió a escribir otras veces sobre Miriam. Quizás su último texto fue “Miriam Ramos y punto”, para su libro Horario abierto (Ediciones Matanzas, 2021), ganador del Gran Premio La Puerta de Papel, 2022), que tuve el honor y la suerte de editar.

Solo me respondió: “Lo único que te puedo decir es que Miriam Ramos lo ha hecho todo bien”.

Hace pocos años regresó a Matanzas para recibir el Premio La Bella Cubana que otorga la Uneac de la provincia, bajo la égida de José White, por sus aportes a la canción cubana. Más recientemente la recibí en mi Café Mezclao, espacio en el que cantó a los viejos trovadores y atrajo, bajo la lluvia, a un numeroso público ansioso de demostrarle cuanto la queremos en Matanzas.

Querida Miriam, en tu más bella canción, hiciste un pedido que es imposible de incumplir. No hay otra forma de amarte que no sea COMO SI FUERAS NUEVA.

Alfredo Zaldívar. A 3 de mayo de 2026, en Matanzas.

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