Hay biografías que se escriben con la distancia del historiador y otras con la materia prima de quien las vivió. Las Obras Escogidas del General de Ejército Raúl Castro Ruz, compiladas por Ediciones Celia y presentadas en la 34 Feria Internacional del Libro, pertenecen a esta segunda categoría: son nueve volúmenes que no narran una vida desde fuera, sino que la dejan hablar en sus propios documentos, en sus cartas, discursos, diarios de campaña y mensajes. Más de quinientos textos que, sumados, superan las cinco mil páginas y van del año 1951 al 2024.

Pero no se engañe el lector, esto no es un archivo frío. Es, ante todo, un retrato en movimiento. La vicepresidenta de la Oficina de Asuntos Históricos, Daily Sánchez Lemus, lo resumió en la presentación con una frase que vale como clave de lectura: el mayor impacto de estos tomos está en el Raúl humano. Ese Raúl que el enemigo ha intentado dibujar como rígido, cruel, militarista, aparece aquí desmentido por sus propias palabras.

“…esto no es un archivo frío. Es, ante todo, un retrato en movimiento”.

El primer tomo es, quizá, el más revelador. Quien lo abre se encuentra con un joven que no ha cumplido los veinte años, pero que ya escribe con una madurez que asombra. Una carta a su madre, fechada el 18 de septiembre de 1953, desde la cárcel del Moncada, es el documento que mejor condensa esa humanidad. La madre había intentado verlo y solo lograron cruzarse las miradas. Él le escribe para pedirle que no vuelva, que no se exponga a ofensas y le encarga que cuide de la esposa y el hijo de Fidel.

Esa misma carta, según contó Sánchez Lemus, fue hallada en el Instituto de Historia, cotejada con los documentos que atesora el Palacio de la Revolución, y sometida a la consulta del propio autor antes de incluirse.

Hay otra carta, dirigida a Vilma, que cierra con una confesión que desarma cualquier imagen de dureza: “Me hubiera gustado besarte antes de dormir”. Es el Raúl que siente, que desea, que es joven. El mismo que durante la guerra redactará diarios de campaña donde describe con detalle el paisaje y las emociones, donde se permite el humor y la ironía, donde se revela, en fin, como un escritor nato.

Los tomos segundo y tercero recogen los primeros años de la Revolución, un periodo de intensidad política y social que exigió de Raúl no solo decisiones militares, sino también una profunda reflexión ideológica. Ahí están sus discursos sobre la Reforma Agraria, la Campaña de Alfabetización, la construcción del nuevo ejército. La defensa, para Raúl, no era solo cuestión de armas, era también cuestión de conciencia. Por eso insistió en que los soldados supieran qué defendían y por qué.

“…nueve volúmenes que no narran una vida desde fuera, sino que la dejan hablar en sus propios documentos”.

Jorge Luis Aneiros Alonso, director de la Oficina de Asuntos Históricos, explicó en la presentación que esta colección incluye no solo discursos ya publicados —muchos de ellos solo en fragmentos—, sino también textos inéditos o poco difundidos.

Por ejemplo, el diario del Segundo Frente Oriental, que nunca antes se había publicado completo o las intervenciones de Raúl en la Junta de Coordinación, Información y Control, una estructura creada en los primeros años para sustituir el andamiaje del antiguo régimen y que hoy casi nadie recuerda.

Jorge Luis Aneiros explicó que esta colección incluye no solo discursos ya publicados, sino también textos inéditos o poco difundidos. Foto: De la autora

Uno de los hilos que atraviesa toda la colección es la lealtad. Lealtad a Fidel, ante todo. Sánchez Lemus lo dijo con claridad: Raúl fue la retaguardia segura de su hermano, su primer escolta desde la Sierra, el que siempre estuvo pendiente de su seguridad. Pero también lealtad a los compañeros caídos, a los principios de la Revolución, a una idea de justicia que no admite vacilaciones. En una guerra —y Cuba, recordó, ha vivido en guerra desde esos años— las traiciones no tienen cabida. Raúl lo supo siempre.

Esa lealtad se extiende a los amigos. José Luis Tassende, su compañero en el Moncada, le confió la vida de su hija antes del asalto. Le dijo a su esposa: “Si algo me pasa, que Raúl sea el padrino de Temis”. Y cuando ella le preguntó por qué, siendo tan joven, él respondió: “Porque es muy familiar”. Lo había visto con Fidelito, con los niños, y supo que ese joven tenía una calidad humana que trascendía su edad. Raúl cumplió. Y ha seguido cumpliendo toda su vida.

El tomo noveno cierra con el discurso pronunciado por Raúl en Santiago de Cuba el 1 de enero de 2024, en el aniversario 65 del triunfo de la Revolución. Es un texto que, según los compiladores, condensa todas las lecciones de una vida dedicada a la lucha: la defensa de la soberanía, la construcción del Partido, la necesidad de prepararse para cualquier agresión. Pero también, y sobre todo, la idea de que la Revolución no es un hecho del pasado, sino un compromiso que se renueva cada día.

“Uno de los hilos que atraviesa toda la colección es la lealtad”.

La colección, además, no es solo para historiadores. Está pensada como herramienta de consulta para investigadores, docentes, estudiantes y lectores comprometidos con la memoria. Cada tomo incluye índices analíticos y códigos QR que remiten a fotografías de cada etapa, muchas de ellas inéditas. Además, hay un volumen adicional con el sumario general, que permite navegar por los nueve tomos con la precisión de quien busca un tema, un lugar, un nombre.

Pero quizá lo más valioso de esta publicación sea lo que no se ve en los índices: la posibilidad de asomarse a la personalidad de un hombre que, durante décadas, ha sido retratado por sus enemigos como un símbolo de rigidez. Las Obras Escogidas no solo desmienten esa imagen. La disuelven, porque en sus páginas no hay un jefe militar implacable, sino un joven que escribía cartas de amor, un guerrillero que describía el paisaje con precisión de poeta, un padre y padrino que cuidaba de los suyos, un dirigente que entendía la defensa como una cuestión de ideas, no solo de armas.

Como dijo Sánchez Lemus, el impacto de esta obra no está en la cantidad de páginas ni en el rigor de sus notas. Está en el Raúl humano. Ese Raúl que, en una carta desde la cárcel, le pedía a su madre que se portara valiente porque su valentía era la fuerza que él necesitaba para seguir adelante. Un hombre, en definitiva, que supo escribir su vida antes de que otros la escribieran por él.