“Pa’ lo que sea, Fidel”: El mundo abraza a Cuba en una Tribuna donde la solidaridad no se bloquea
La tercera jornada del I Coloquio Internacional “Fidel: legado y futuro” se transformó en un encuentro de afectos, denuncias y promesas. No podía ser diferente en el año del centenario de un hombre que llevó la solidaridad como estandarte. Desde México hasta Sudáfrica, desde el corazón de Estados Unidos hasta las orillas de Vietnam, voces de todo el planeta se dieron cita en el Palacio de las Convenciones para decirle al pueblo cubano lo que Noemí Rabasa, vicepresidenta primera del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP), resumió en una frase: “Cuba no está sola”.
No fue acto protocolar que formó parte del programa de un evento. Era una reunión de viejos amigos que se abrazan en tiempos difíciles. Banderas, acentos, historias. Los que estaban en la sala han hecho de la solidaridad un oficio; cruzan océanos para demostrar que la amistad entre los pueblos es más fuerte que cualquier bloqueo.
El foro se llamó “Tribuna Antimperialista: la solidaridad no se bloquea”, un nombre que devino declaración de principios porque si hay algo que el imperialismo no ha logrado doblegar es la red de afectos que sostiene a la Revolución cubana desde hace seis décadas.
“Este bloqueo es un genocidio”
La voz de Gloria La Riva, coordinadora del Proyecto Hatuey, se alzó con fuerza en el salón. La activista estadounidense llegó con una mochila de anécdotas y una convicción que no cabe en discursos. “Pa’ lo que sea, Fidel, ese sigue siendo el lema de los cubanos”, dijo, y el público respondió con una ovación.
Banderas, acentos, historias. Los que estaban en la sala han hecho de la solidaridad un oficio; cruzan océanos para demostrar que la amistad entre los pueblos es más fuerte que cualquier bloqueo.
La Riva habló de los tiempos difíciles que vendrían después de la caída de la Unión Soviética. “Fidel dijo: ‘Si Cuba fuera el único país socialista, levantaremos mañana en alto la bandera para defender el socialismo hasta el último cubano’. Lo hizo para preparar al pueblo. Eran tiempos donde muchos decían que no podíamos sobrevivir sin la URSS. Pero él lo hizo con la unidad del pueblo”.
“Banderas, acentos, historias. Los que estaban en la sala han hecho de la solidaridad un oficio; cruzan océanos para demostrar que la amistad entre los pueblos es más fuerte que cualquier bloqueo”.
Habló también de la ayuda material. Sin grandilocuencia. Con la crudeza de quien ha visto de cerca lo que hace falta. “Hemos conocido muchos casos de niños que hubieran muerto y que fueron salvados por lo que mandamos. Cuando llegamos al hospital, los médicos nos dijeron: ‘Lo que ustedes traen es lo que exactamente necesitamos’”.
Magdalena Rosales llegó desde México con la historia a cuestas. Habló de Pedro Antonio Santacilia, el cubano yerno de Benito Juárez, que se unió a la causa de la Reforma. Habló de Alfonso Guillén Celaya, el mexicano que viajó en el Granma junto a Fidel. Y habló del presente. “Cuba siempre ha acompañado la causa mexicana, como México siempre ha acompañado la causa cubana”, afirmó.
Luego su discurso se volvió urgente cuando mencionó a los niños. “¿Por qué los niños cubanos se están muriendo a falta de la tecnología que ya está establecida, la mejor del mundo?”, preguntó. “Se necesitan materias primas y medicamentos que solamente se hacen en países muy puntuales, y a Cuba le niegan el paso de los medicamentos que podrían salvar cientos, miles de vidas”.
Si hay algo que el imperialismo no ha logrado doblegar es la red de afectos que sostiene a la Revolución cubana desde hace seis décadas.
Desde Puerto Rico, Soan Tanis fue directa: “Hay que decirlo sin rodeos: el bloqueo contra Cuba es una guerra”. Desde Venezuela, la representante del Instituto Simón Bolívar recordó las palabras del Comandante: “Fidel nos dijo: tenemos patria, tenemos patria para siempre”. Desde Sudáfrica, Michael Lapsley, sobreviviente del apartheid, afirmó: “El legado de Fidel nos inspira a seguir luchando por la justicia”.
Hubo también espacio para la poesía. Norberto Galiotti, coordinador de la Red Continental Latinoamericana y Caribeña de Solidaridad, citó una frase que resuena como un mantra: “Una gota es bien poco, pero ya otra es aguacero, y ese es el sentido de esta solidaridad”. Y desde el Consejo Mundial por la Paz, Iraklis Tsavdaridis destacó el compromiso de Cuba en la promoción de la paz y denunció el injusto bloqueo de Estados Unidos.
La despedida llegó con las palabras de Magdalena Rosales. “El corazón del mundo está con Cuba. Sabemos perfectamente que Fidel, el cubano universal, nació hace 100 años, pero vivirá eternamente para el bien de toda la humanidad”. Después, una declaración que resume el espíritu del encuentro: “Cuba es nuestra estrella, nuestra estrella de dignidad, nuestra estrella de orgullo. Y así será”.
