En la Sala Covarrubias del Teatro Nacional en los últimos días se siente una vibra diferente. Los cuerpos en el escenario se mueven como si estuviesen flotando. Los actores se miran, suspiran, toman aire e hilvanan las líneas que antes le repiten, una y otra vez. Conectan ideas sin necesidad de palabras y utilizan, a veces, la gestualidad como único recurso. Delante de ellos, en el timón de ese barco de improvisación está el dramaturgo, director y actor argentino Pompeyo Audivert.

“El teatro es mi cuerpo”.

El taller Clínica de actuación “El Teatro como Fuerza Ausente” convocado por el Ministerio de Cultura, el Consejo Nacional de Artes Escénicas y Teatro Estudio El Cuervo, de Argentina, establece pautas para el control del cuerpo dentro del espacio escénico. El actor se apropia de las herramientas y las siente suyas y el cuerpo se escapa del espacio metafísico, terrenal, hasta una dimensión que solo los amantes de las tablas conocen…

La primera ocasión en la que Pompeyo Audivert visitó Cuba fue gracias a una invitación de Casa de las Américas; la gestora de esa oportunidad fue la crítica teatral y poeta Nara Mansur.

“Me sorprende cuando noto que de algún modo los actores y las actrices nos parecemos mucho en todas partes”. Imagen: Tomada de La Nación.

“Estaba en mi casita que tengo en la playa de Mar del Sur cuando recibí la llamada de Tristán Bauer, ministro de Cultura de mi país, para proponerme venir a Cuba a presentar Habitación Macbeth e impartir un seminario. La idea surgió a partir de una reunión que él tuvo con su homólogo cubano”.

Mientras bebe un sorbo de mate una vez concluida su clase, accede a responder algunas preguntas a La Jiribilla:

—¿Cuáles son sus consideraciones sobre el teatro cubano?

“A partir del intercambio en el seminario y de las experiencias que tengo de mi anterior viaje, no noto ninguna diferencia con el nivel teatral que hay en Buenos Aires o en Argentina. En nuestro país tenemos un nivel muy elevado, por ejemplo, hay una gran tradición teatral en el Río de la Plata. Cuando llego acá me encuentro con unos actores y estudiantes de teatro con un nivel muy elevado y gran disposición al trabajo.

“Les traje un ejercicio experimental muy particular, que no es fácil y, sin embargo, en estos dos encuentros hemos podido llegar a niveles altos, al punto de decirles que me sentía como si estuviera en mi estudio en Buenos Aires, con los actores formados por mí.

“Me sorprende cuando noto que de algún modo los actores y las actrices nos parecemos mucho en todas partes. Eso lo viví en el interior de mi país cuando fui a dar seminarios en Tucumán, Córdoba, Rosario. En esos lugares, como ahora en Cuba, sentí una sensación muy familiar”.

“En la actividad teatral se siente la vida más intensamente, como si se intensificara la presencia, el espacio o el tiempo”.

—En la clase que acaba de impartir su pasión por el teatro fue la protagonista, ¿qué significa el magisterio?

“El trabajo artístico y teatral es pasión, poética y metafísica. No concibo otra forma de trabajar con los alumnos, con los actores y actrices, que no sea con esa misma pasión.

“En la actividad teatral se siente la vida más intensamente, como si se intensificara la presencia, el espacio o el tiempo. Los vínculos pasan a una nueva escala y comienzan a hablar en términos de otra existencia posible, esa del campo escénico que bien podría ser existencia poética o cualquier otra dimensión. Solo así se suspende un poco la alienación del campo ficcional histórico, y se da con unos niveles de realidad intensificados muy particulares a los que uno aspira y puede concretar. Por tanto, todo lo que tiene que ver con la habladuría que desata esa práctica, en un orden técnico, político, artístico, se vuelve una zona de mucha intensidad”.

Habitación Macbeth es el intento de arrojar junto a Shakespeare un piedrazo en el espejo, en el nivel de las formas de producción, de transparentar la estructura soporte, la máquina teatral y su metáfora, sin menguar la extraordinaria potencia poética que sostienen sus efectuaciones ficcionales, por el contrario, mestizándose con ellas, acrecentándolas, defendiendo la máscara (Macbeth), pero también sus misterios sagrados, su ser artificio ritual de una presencia (nos otros) que siempre evade la emboscada que el teatro le tiende amorosamente para develarla, y que tal vez sea la nuestra en esa latitud de ser sin máscaras”. Así se presenta la obra que trae Audivert a Cuba.

Habitación Macbeth surge de la angustia en la que nos vimos sumidos todos a causa de esa misma introspección a la que nos llevó la COVID-19. Imagen: Tomada de La Papeleta

El actor explica que surge en la pandemia, cuando se tuvo que recluir en su casita de Mar del Sur en la costa argentina en la cuarentena. “Fue entonces que me di cuenta que el único teatro que quedaba para mí era mi propio cuerpo. Habitación Macbeth surge de la angustia en la que nos vimos sumidos todos a causa de esa misma introspección a la que nos llevó la COVID-19. La única certidumbre era que el teatro es mi cuerpo”.

Luego, cuenta, pasó a la ofensiva y construyó una obra para un solo actor, el único que representaría todos los personajes. Ese propósito, asegura el director teatral, de algún modo le había visitado en otros momentos de su vida.

“También fue una forma de señalar asuntos fenomenológicos de la propia actividad teatral, a partir de esa idea de un cuerpo habitado por todos los personajes de una obra. Entonces, en medio de la pandemia supe que era hora de pasar a la acción y llevar adelante una tarea tan arriesgada y peligrosa a la que no me había animado en otro momento”.

Eligió una obra de William Shakespeare por esa dimensión que tiene el material, no solo por el autor, sino por Macbeth en sí: “A lo largo del texto se habla de la sobrenaturaleza que nos asedia. Macbeth es particularmente despiadada e intensa en esa reflexión respecto a nuestra identidad, a quienes somos o cómo podemos estar, de algún modo, siendo habitados por otros. Esas mismas fuerzas sobrenaturales nos tuercen el destino”.

Después estuvo tres meses trabajando intensamente en la adaptación. “Metí mano en el texto y produje intertextualidades con poetas que me interesan mucho. Fue una tarea muy apasionada, incluso diría que misteriosa porque cuando lo hacía sentía como si tuviera visitas de inspiración que nunca antes había sentido”.

Su estreno en Argentina fue un éxito rotundo y ahora trae esa experiencia a Cuba, a la Sala Covarrubias del Teatro Nacional, este viernes, sábado y domingo.

“Este país me encanta. Adoro al pueblo cubano, su hospitalidad, su cultura. Son personas muy instruidas, formadas culturalmente”.

Con el último sorbo de té me responde una pregunta casi obligatoria del cuestionario. Antes, inmediatamente que la escucha, sonríe.

“Este país me encanta. Adoro al pueblo cubano, su hospitalidad, su cultura. Son personas muy instruidas, formadas culturalmente. Es muy placentero entrar en intimidad, dialogar en cualquier lado, con cualquier persona.

“Están atravesando un momento muy difícil por los efectos del bloqueo en la economía. Noto, por ejemplo, que faltan elementos tecnológicos acá en el teatro, y a pesar de semejante bloqueo, es admirable que mantengan su integridad y puedan resolver cuestiones diarias con tanta entereza”.

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