No nos habíamos acostumbrado del todo a la partida física del pintor Ever Fonseca, cuando en el día de hoy, jueves 16 de abril, nos llegó la noticia del fallecimiento del también pintor y amigo Eduardo Roca. El Choco, como todos le decíamos desde los años sesenta del pasado siglo, cuando estudiábamos en la Escuela Nacional de Arte (ENA), fue otro de los artistas representativos de esta primera graduación de pintores formados en la ENA.
Desde temprano su obra se destacó por su carácter innovador, así como por su adscripción sin reserva a las técnicas de impresión, en particular, la calografía. En esta técnica logró alcanzar un estilo muy personal, que ha venido identificando su obra desde entonces, desmarcándola de lo común, así como de cualquier moda ostentada desde los presupuestos de lo nuevo.
De hecho, la impronta del Choco en nuestra historia del arte ha sentado un precedente en cuanto a su constancia en la búsqueda y plasmación de un lenguaje muy propio, en el que la línea y el color se concilian sin ceder ni en un solo trazo su autenticidad visual, o sea, la particular expresión de su matriz gráfica. Tan parecido fue él a su arte, que, a veces, creo ver en su propio trazo una continuidad de su trato. Su rostro al alegrarse, alegraba…, y al calor de algún que otro grato recuerdo, ambos nos retrotraíamos al viejo tiempo de una juventud de becados, aunque no del todo dorada, si muy vital; solo se aspiraba a mantener en lo más alto los valores de lo mejor de la cultura que habíamos heredado. Eduardo Roca, el Choco, no solo la mantuvo, sino que la enriqueció.

