“De serenidad clásica y retortijón barroco está hecha la obra de Sosabravo, de todos los vientos que soplaron sobre nuestras tierras se nutre su quehacer; de lo que llegó en galeones coloniales y de lo profundamente sedimentado por las culturas del continente se arman signos concebidos como al azar…”, escribió, resumiendo claves de su poética, el crítico Alejandro G. Alonso en el ensayo “Sosabravo, original y diverso” que abre el libro que, publicado en 1999 por la editorial Letras Cubanas, recorre parte de la obra del pintor, dibujante, grabador y ceramista ganador del Premio Nacional de Artes Plásticas 1997.

Alfredo Sosabravo, creador de la pieza de la que parte la visualidad de esta edición del Festival Internacional Jazz Plaza y uno de los imprescindibles de la gráfica y de las artes visuales cubanas, con un sello marcadamente identificable desde sus inicios, regresa a Holguín, no físicamente pero sí su obra, que es la mejor manera en que un artista se presenta: la inauguración de una muestra de su amplísimo quehacer gráfico, que comenzó a principios de los años 60, marcó la apertura en el programa local del Jazz Plaza.

Holguín se viste de lujo con exponer una selección de la obra gráfica de Sosabravo.

La exposición, que incluye en su mayoría serigrafías realizadas en las década de 1960 y 1970, aunque con piezas posteriores y alguna que otra calcografía y xilografía, nos muestran parte del trabajo gráfico de un artista que es eslabón entre la Asociación de Grabadores de Cuba, el Taller Experimental de la Gráfica (TEGH) y el Taller de Serigrafía René Portocarrero. “Sosabravo graba, utiliza el mediador que es la madera o la piedra, se sirve de las características de tradicionales oficios de taller para rendirle culto y, a la vez, violarlos en el sentido de riesgo que da contemporaneidad, vigencia, al ejercicio; la búsqueda de ricas calidades, sensibilizar la piedra con huellas venidas de campos aledaños o distantes, nutren la praxis…”, comenta Alonso sobre su trabajo gráfico.

Dedicada a los 95 años de su nacimiento en Sagua La Grande, Villa Clara, el 25 de octubre de 1930, y a los 63 del TEGH, la muestra-homenaje reúne en la Sala Pequeña del Centro Provincial de Arte, 30 piezas pertenecientes al gabinete de La Estampa, archivo histórico del Taller. Fue justamente en el Taller de la Plaza de la Catedral habanera donde Sosabravo encontró un campo de posibilidades para el desarrollo de sus inquietudes, como evidenciamos en esta selección donde confluyen obras con ausencia de color, uso de líneas, texturas y textos que acentúan el mensaje; así como la ”incentivación colorística” que, sin abandonar el gusto por las texturas, realizó a finales de los sesenta, “lapso de maduración expresiva, de verdadera pasión creadora y primer punto de despegue” en una obra que abarca varias de las manifestaciones del quehacer plástico.

La muestra-homenaje consta de 30 piezas.

Holguín se viste de lujo con exponer una selección de la obra gráfica de “uno de los casos de mayor acierto, rigor técnico y elaboración plástica” de las artes visuales contemporáneas en Cuba. “Como en todo individuo animado por el convencimiento interno que modela la personalidad artística, Sosabravo ofrece el hilo de Ariadna que nos orienta en el laberinto de la creación”, añade Alejandro G. Alonso sobre la obra del maestro.

“La voluntad de trascender la inmediatez, el deseo de encontrar —primero señales, luego el estilo que facilitara el reconocimiento— lo condujo, desde bien temprano en su quehacer, al esquema simplificador de la idea; luego, con la actitud de lograr el más hondo saber, cada zona del estudio básico del motivo se convirtió en parcela de una verdad mayor: la obra materializada en sus partes y que después se eleva ya al plano de hecho artístico, donde la generalización no es solo necesaria, sino indispensable”. Esta exposición nos ofrece pistas, como si siguiéramos el hilo al que se refiere Alonso, para conocer una faceta, la gráfica, de uno de los más infatigables y originales artistas de esta isla.