Donald Trump acaba de cumplir, este pasado 20 de enero, el primer año de su segundo mandato. Han bastado 365 días para que el orden internacional se tambalee, el derecho internacional se convierta en papel mojado y el mundo vuelva a la misma lógica del siglo XIX, donde la diplomacia de las cañoneras era el principal soporte de la política exterior de las potencias. Hacer un balance de este año resulta útil para entender la agudización de la crisis de la institucionalidad que emergió después de la Segunda Guerra Mundial y, sobre todo, pensar las implicaciones para el futuro de los peligrosos cambios que se dan en el seno de la mayor superpotencia contemporánea.
Política internacional: “La paz a través de la fuerza”
En el plano internacional, este primer año ha estado caracterizado por una política de expansionismo agresivo y proteccionismo económico. Las tarifas, ya usadas en su anterior mandato, se han convertido en una herramienta central de su proyección en política exterior. Se han usado con frecuencia para presionar a países con los cuales Washington mantiene un déficit comercial o para lograr concesiones en materia política o económica. Junto a las sanciones, las tarifas son parte de la primera línea de agresión de la Administración. Sin embargo, al no corresponderse con una política coherente, su aplicación puede variar e, incluso, cancelarse a última hora tarifas que ya estaban anunciadas. El resultado de estas acciones ha sido sumamente desestabilizador para la economía mundial.

El mandatario norteamericano ha hecho públicas sus intenciones de hacerse con el control de un grupo de territorios, los cuales considera fundamentales para la seguridad nacional de Estados Unidos. Es el caso del Canal de Panamá, que tuvo mucha atención en los primeros meses de su mandato, pero que luego quedó un tanto olvidado, superado por otras prioridades regionales, como la preparación de la agresión contra Venezuela. Canadá también se ha visto amenazada por su histórico aliado, al cual ha seguido en muchas de sus acciones de agresión contra terceros países. Más recientemente la Unión Europea ha visto cómo la retórica en torno a Groenlandia se ha ido corporizando en amenazas cada vez más concretas, las cuales nadie se toma a la ligera luego de lo ocurrido el pasado 3 de enero en Venezuela aunque Europa ha sido y es incapaz de presentar un frente firme a los Estados Unidos. La histórica dependencia y debilidad política del continente, cimentada luego de la Segunda Guerra Mundial, se ha hecho aún más patente ante amenazas que afectan directamente a un estado miembro de la Unión Europea, Dinamarca, que además es miembro de la OTAN.
Trump ha socavado la relación con los aliados cercanos de Estados Unidos en una forma sin precedentes en la política reciente del país. Incluso aquellos más cercanos han debido enfrentarse a una retórica a la cual no estaban habituados, tarifas, amenazas territoriales, maltrato a sus líderes durante visitas a Estados Unidos y han tenido trabajo para seguir el ritmo y alinearse con la siempre cambiante política exterior de la potencia norteamericana en esta etapa. Una política que parece, más que nunca, sujeta a los vaivenes y vanidades de un individuo y alejada de la solidez y estabilidad de lo institucional, abandonando incluso posiciones históricas del país, sostenidas por todas las administraciones independientemente de su signo.
“En el plano internacional, este primer año ha estado caracterizado por una política de expansionismo agresivo y proteccionismo económico”.
El mandatario estadounidense también ha violentado el orden internacional, el derecho internacional y sus instituciones. Sus incumplimientos financieros han puesto a la ONU en una crisis de liquidez sin precedentes. Ha sancionado funcionarios del organismo, como Francesca Albanese, relatora especial para los Territorios Palestinos, y ha abandonado frenéticamente numerosos organismos internacionales, debilitando a todo el sistema. Esto, de paso, ha dejado en evidencia la profunda dependencia de las estructuras de la ONU ante los Estados Unidos, lo cual explica muchas de las posiciones y enfoques predominantes en la arena internacional.
Aunque se ha presentado como un paladín de la paz y ha protagonizado numerosos pataleos públicos por no haber recibido el Premio Nobel de la Paz este 2025, lo cierto es que muchos de los conflictos que afirma haber resuelto o nunca fueron verdaderos conflictos o están muy lejos de una solución pacífica. Adicionalmente, se ha sumado a su aliado genocida israelí en una criminal agresión contra Irán, en la cual bombardearon a la población civil y las instalaciones nucleares del país persa, en franca violación de toda la legalidad internacional en torno al tema. También ha bombardeado Yemen, Nigeria y Venezuela, secuestrando al Presidente de este último país y escalando la militarización en el Caribe a niveles no vistos en décadas. Asimismo, ha sido cómplice activo y entusiasta del genocidio contra el pueblo palestino y, actualmente, lleva adelante un plan para la expropiación efectiva de Gaza, en beneficio del ente sionista.
Mientras concluyo estas líneas, se está dando una masiva concentración de fuerzas en Asia Occidental, lo cual pareciera indicar que una nueva agresión contra Irán es una posibilidad atendible y ante la cual debemos estar alertas.

Política nacional: “Make America Great Again”
Para esta administración, la restauración de la grandeza nacional pasa por el retorno a la agenda imperialista, políticas que favorezcan a los ricos y una retórica antinmigrante que alimenta y refuerza el racismo estructural. Numerosas intervenciones del Presidente a lo largo de este primer año han hecho énfasis en los grandes logros económicos de su gestión. Sin embargo, el Índice de Precios al Consumidor muestra una inflación sostenida en esta etapa, sobre todo en el costo de un grupo de productos y servicios clave, como los alimentos.
Aunque se ha estimulado el retorno de las fábricas al país y la creación de empleo, muchas empresas del sector de la alta tecnología chocan con un problema insoluble en el corto plazo: la carencia de suficientes trabajadores calificados en el país. Una parte importante de la fuerza laboral disponible tiene bajos niveles de calificación y esto es producto, ante todo, de la mercantilización de la educación en el país, que hace que los estudios universitarios sean prácticamente inaccesibles para importantes sectores de la clase trabajadora o que acceder a ellos represente niveles de endeudamiento brutales.
Las políticas antinmigrantes y el despliegue masivo del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) en numerosos estados del país ha generado numerosos escenarios de tensión agudizada. Uno de estos es la ciudad de Mineápolis, estado de Minesota, la cual se ha visto convulsionada por semanas de masivas protestas luego del asesinato injustificado de la joven activista y madre Renee Good a manos de un agente del ICE a principios de 2026. La dimensión de las protestas escaló al punto de que el presidente Trump llegó a amenazar con usar la Ley de Insurrección de 1807 para intervenir militarmente el estado.
“Para esta Administración, la restauración de la grandeza nacional pasa por el retorno a la agenda imperialista, políticas que favorezcan a los ricos y una retórica antinmigrante que alimenta y refuerza el racismo estructural”.
A lo largo de este primer año numerosas protestas masivas se dieron en varios puntos del país. Ciudades como Los Angeles, Nueva York, San Francisco, Austin, Tampa, Chicago, Portland, etc., han visto este tipo de acciones. También el movimiento No Kings ha estado muy activo, logrando movilizar millones de personas en protestas contra el autoritarismo del actual presidente de Estados Unidos. Aunque estas manifestaciones han sido más fuertes en ciudades y estados tradicionalmente demócratas, también se han extendido a otras zonas bajo control republicano con altos niveles de población migrante, lo cual evidencia la creciente polarización política de la sociedad norteamericana en numerosos temas clave.
Aunque aún no se recupera de su profunda crisis, el Partido Demócrata ha dado algunas señas de recuperación en la etapa, logrando varias victorias relevantes y el realce de figuras políticas que pueden llegar a tener un potencial presidenciable en una futura contienda. Es el caso del Gobernador de California, Gavin Newsom, el cual ganó mucha popularidad entre amplios sectores del electorado luego de su enfrentamiento contra Trump en 2025 por la intervención del gobierno federal en su estado. También se dio una importante victoria demócrata, más específicamente del DSA (Democratic Socialist of America), en la alcaldía de Nueva York, ciudad clave por su peso económico y sociopolítico en el país y por ser la ciudad natal del actual presidente. Los demócratas también ganaron la gubernatura de los estados de Nueva Jersey y Virginia, y una veterana política demócrata local, Eileen Higgins, logró ser electa como alcaldesa del Condado de Miami-Dade en 2025, en uno de los feudos conservadores pro Trump del estado de la Florida.
Aunque no son nada concluyente, estas señales dibujan un escenario político inquietante para el magnate republicano, el cual debe enfrentarse este año a unas elecciones de medio término que resultan definitorias para mantener el control que hoy tiene de las dos cámaras. Perder la mayoría en una o ambas, podría abrir la puerta a un proceso de impeachment, reabrir el incómodo asunto de los archivos de Epstein, que Trump ha hecho todo lo posible por enterrar, o someter a un mayor control parlamentario las acciones militares emprendidas o por emprender. También podrían prosperar procesos contra alguno de sus colaboradores cercanos, como el actual Secretario de Guerra, Pete Hegseth.

Implicaciones para el futuro
Aún están calibrándose las consecuencias internas de la irresponsable acción del 3 de enero, incluyendo el secuestro de un Presidente legítimamente electo. Sin embargo, algo es claro. Trump ha decidido cambiar las reglas del juego político interno e internacional. Para ello está usando todas las herramientas a su alcance, desde las amenazas hasta las agresiones. Su actitud agudiza las contradicciones con otras potencias y bloques, generando espacios de fricción que pueden complejizarse con rapidez.
Una tensión en particular resulta preocupante. El temor de la potencia norteamericana ante su creciente pérdida de hegemonía frente a China tiene implicaciones cataclísmicas a nivel global. El ascenso del gigante asiático parece incontenible, a pesar de los esfuerzos de Washington y sus aliados por aumentar las tensiones internas y externas en el país, militarizar sus fronteras y agudizar el conflicto con Taiwán. Poco a poco China ha ido erosionando el dominio del dólar y cimentando un modelo de autonomía productiva que hoy le permite competir, en plano de igualdad, con las industrias punteras de Estados Unidos. Un enfrentamiento más agudo entre ambos superpoderes, en cualquier plano, sea militar o económico, marcaría sin dudas el fin del orden internacional actual y profundizaría la fractura en bloques del mundo contemporáneo.
“El principal saldo del primer año de Trump en esta segunda etapa es (…) haber profundizado el caos en las relaciones internacionales”.
La actitud de Trump ante los organismos internacionales también puede llevar a un punto crítico a partir del cual la ONU y su tejido institucional pierdan completamente su sentido de ser. Un vaciamiento similar al que vivió la extinta Sociedad de Naciones previo a la Segunda Guerra Mundial.
El principal saldo del primer año de Trump en esta segunda etapa es, sin dudas, haber profundizado el caos en las relaciones internacionales. Su estilo megalómano y sus constantes cambios de rumbo lo convierten en un actor internacional impredecible, incluso para sus propios aliados. El saldo más inmediato es una mayor militarización, un nacionalismo reforzado, incapacidad de articular una respuesta colectiva ante las grandes crisis y un mundo donde la fuerza pasa a ser, cada vez más, la única medida para garantizar los intereses de las naciones, incluso aquellos más mezquinos.

