Un remo en esa nave llamada Cuba
Asegura el intelectual cubano Enrique Ubieta en la introducción a su libro A bordo de una nave llamada Cuba, Ciencias Sociales, 2025, que el ensayo “La isla desconocida”, publicado en 1999, fue elegido por él como el primero de la compilación porque “marca el inicio de una nueva etapa y refleja el sentido de mis búsquedas como revolucionario cubano”. Agregaría, en juicio propio, que sirve este texto de definición a las raíces concretas, necesarias, para dedicar la vida a luchar por el mejoramiento humano. Un mejoramiento que jamás se traduce en la acumulación de pertenencias, práctica habitual de lo que Ubieta define como “cultura del tener” frente al cotidiano ejercicio de “la cultura del ser”. No se procura, por tanto, buscar ese vivir mejor, o buen vivir, que el denominado Estado de bienestar del capitalismo propuso como alternativa a la transformación social de la especie humana y su planeta tierra. Esta doctrina del bienestar posible en la perenne lucha de selección natural que el capitalismo genera y regenera, ha parecido a muchos aceptable, en el sentido semántico del término, o sea, aceptar el pacto social como la alternativa en la que pudieran encontrarse paliativos, si la suertuda voluntad ayuda. Confirma y redefine además en ese ensayo precursor, su perspectiva ideológica, contentiva de una profunda comprensión de los valores humanos que el socialismo forja y desarrolla, convirtiéndolos en práctica del ser social, independientemente de cuáles sean las necesidades que se sufran o los indeseables eventos que surjan a su paso. Conceptos como libertad, emancipación, soberanía o solidaridad, a veces sometidos a chatarra mediática, hallan su justa aplicación en los diversos panoramas que serán abordados en textos posteriores, varios de ellos recogidos en este volumen. Al asumir la ideología como punto de partida del razonamiento científico, o visión del mundo, desafía sin tapujo a la variable filosófica, clienta académica del pacto con el capitalismo, que decretó la muerte de la ideología, sin que verdaderamente ocurriera.
Las bases ideológicas de “La isla desconocida” anuncian la constancia que en años posteriores mantendría el autor a través de su obra, en vida y escritos. A diferencia de otros, que han cedido al cansancio para hacerse discretos, o “dejarse convencer”, o incluso aquellos que de repente reniegan de su propio trayecto y luchan por las efímeras luces de la propaganda, limpiando a toda prisa sus viejos expedientes, Ubieta se ha mantenido ajeno a todo dogma y ha seguido un periplo dialéctico de estudio, reconocimiento y confrontación directa al asedio mediático, la guerra cultural y el bloqueo económico, comercial y financiero del que somos víctimas. El orden cronológico de los textos compilados contribuye a marcar la secuencia evolutiva del asedio y a comprender cuánto se ha acrecentado la agresión directa a la Revolución cubana.

A bordo de una nave llamada Cuba demuestra cómo es posible machihembrar los géneros del pensamiento y la opinión si son profundas y firmes las bases del conocimiento y se cuenta con el dominio necesario para su exposición, tanto si se emplea una crónica de urgencia periodística, un comentario polémico de blog, un artículo de fondo o un ensayo. Del mismo modo en que Ubieta no discrimina a ningún individuo de esta sociedad, ni siquiera a los más furibundos ideólogos de sus antípodas, a los que les dedica su tiempo y su valor de análisis, tampoco discrimina al género que emplea para compartir ideas y debatir los temas más agudos. Es difícil, y acaso inútil, clasificar genéricamente este libro, salvo si usamos el de pensamiento, hilo rojo que define la nomenclatura de ideas en que se basa la perspectiva filosófica de Enrique Ubieta.
Ex profeso lo anoto: perspectiva filosófica. Ya sea en la crónica de urgencia, en la respuesta de paso o los escritos de fondo, el crisol del análisis se aúna en la filosofía. No se dedica este filósofo a la deconstrucción de entresijos seguidos por los pensadores a través de la historia de la filosofía, como tantos de tradición académica, ni a superponer variaciones acerca de determinados síntomas, banalizando las causas, como lo hacen algunos, tan de moda hoy día; se esmera, por el contrario, en comprender cómo ese pensamiento humano de emancipación es humanamente posible y realizable. De ahí que en el prólogo escrito para la edición española de 2023, la novelista e intelectual Belén Gopegui demuestre comprender esa esencia y parta de Sócrates, y a Sócrates regrese, una vez que se detiene en otros cásicos de la filosofía y el pensamiento, para dilucidar el asunto concreto de la importancia del ser ante el tener. Análisis este que demuestra la validez de las ideas filosóficas del libro más allá del contexto nacional cubano.
La disyuntiva del ser ante el tener que cotidianamente acude al individuo es recurrente en la obra de este autor, precisamente porque es ineludible para un sistema de relaciones sociales verdaderamente justo, equitativo, capaz de llevar adelante el desarrollo de todos no solo según sus capacidades, sino además según sus necesidades. De la mano del autor, y con razonamientos propios cercanos al universo lector al que va destinada esa edición, reflexiona Gopegui en el ensayo que prologa el libro también en la edición cubana. Sus lúcidos asertos dan fe de a qué velocidad la hegemonía compulsada por el capitalismo como modelo social más aceptable acelera sus puntos de expansión y, ya ni siquiera en nombre de la diversidad, derriba a cualquiera que se atreva a plantearle alternativas. Más si esas alternativas atañen al ámbito del pensamiento. La perspectiva filosófica que Ubieta nos plantea, y desarrolla, dignifica en calidad de ciencia a la ideología, asunto que la campaña de aceptación del pensamiento único capitalista ha tornado invisible. La ideología se ha convertido en una mala palabra, un pecado o un vicio, para provecho, justamente, de la ideología que promueve la expansión imperialista en curso.
“A bordo de una nave llamada Cuba demuestra cómo es posible machihembrar los géneros del pensamiento y la opinión si son profundas y firmes las bases del conocimiento (…)”.
Coherente con la unidad de pensamiento y la valoración de los géneros sin discriminación de uno por otros, es la virtud de la escritura de Ubieta: diáfana y profunda en su constante fluir de la argumentación. Tiene en cuenta, por supuesto, las más raigales bases del pensamiento filosófico, del materialismo al idealismo, pero no se entretiene en demostrar su erudición con retahílas de ejemplos o especulaciones del razonamiento; va a lo concreto, a las esencias, asimilando, precisamente, una enseñanza de Sócrates que aún no ha caducado. Entre otras cosas, esta virtud proviene de que no se separa su vida de su obra, ni la vida de su pueblo del destino que ese pueblo merece y necesita para comprender, defender y llevar a desarrollo perenne la obra de que es parte. Escribir, nos muestra, es también una manera de vivir, de experimentar la vivencia individual.
Al contemplar el heroísmo de nuestras brigadas médicas, tanto en un acto individual como en el colectivo esfuerzo de compartir, como país, cuanto tenemos, el autor reflexiona y argumenta, comprende y explica, devolviendo al acto de filosofar su esencia primigenia. La fabulación, también, es un recurso nutriente de su enunciación, pues parte de ella en varias ocasiones para interpretar la realidad y entresacar la verdad del aluvión de falsos positivos con que se manipula la opinión global cuando de Cuba se habla, o se fabrican noticias con insanos rumores. Manipulación que demoniza y condena a una pira inquisidora ineludible, desde su propia perspectiva hegemónica, ideológica, a cualquier logro social de los tantos, tantísimos, alcanzados por la Revolución cubana. Así hemos vivido durante más de seis décadas: bajo un fuego cada vez más atroz y despiadado de asedio, discriminación y odio. En contraste, la fabulación de la que Ubieta se vale para enunciar sus argumentos, tiene más de parábola que de relato —una parábola que se nutre de los ecos martianos más que de bíblicas reminiscencias—, más de socrática invención que de fantástica fábula, más de utopía filosófica que de ficción heroica. De la realidad y la vida cotidiana se sustenta y a ellas dedica todo su tributo.
“La ideología se ha convertido en una mala palabra, un pecado o un vicio, para provecho, justamente, de la ideología que promueve la expansión imperialista en curso”.
Como un humilde artillero, Ubieta da en el blanco de cada argumento falso, de cada falsa promesa, de cada accionar interesado en secundar la falsa ideología que la beligerancia académica hace pasar por pensamiento universal y neutro, o por ciencia social inexcusable. Con tales virtudes de argumentación, y la siempre oportuna posibilidad de demostrar sin darle demasiadas vueltas a la noria teórica, el pensamiento reunido en A bordo de una nave llamada Cuba abunda en muestras de un ejercicio de pensar sincero y coherente, una obra mayor, si me permiten la caducada clasificación, que trasciende la auténtica humildad con que fue escrita, sobre la marcha inmediata de los acontecimientos.
En estos tiempos de lucha encarnizada entre el tener y el ser, presentarse con un tono humilde se ha convertido en un riesgo que puede pagarse con la nulidad, si no total, parcial al menos. El ciudadano Ubieta lo ha asumido, no a favor de su obra para sí —Kant mediante—, sino para su obra en sí, que es la existencia misma de su pueblo en su navegación inquebrantable al socialismo, en no soltar aquel remo que Martí hiciera símbolo y la Revolución heredara en su virtud mayor, ya que esquilman con violentas e ilegales medidas de saqueo y asedio, la posibilidad de colocar en la nave ese humilde motor que nos propulse con más celeridad.
El viaje a bordo de esta nave llamada Cuba no es, por supuesto, un paseo turístico, tampoco un arribo a una mítica tierra prometida en la que el cuerno de la abundancia no deja de rugir ni, mucho menos, una tertulia de axiomas y sofismas que prevalecen a razón del más apto y poderoso orador. Este libro aporta valiosos argumentos y definiciones y abunda en pasajes que la mirada de un periodista avezado sabe poner en perspectiva, o paralaje. En ese discurrir del paisaje en que se mueve, resuelve paradojas cruciales, o desmonta sofismas y tópicos de guerra. Al más digno modo del filósofo, desarticula la idea de que todo en este mundo sea susceptible de convertirse en una cosa, en un objeto cambiable y desechable. No es poco, si tenemos en cuenta que ese terco consumo cotidiano en que nos esmeramos por sobrevivir, y resistir, puja tenazmente por hacernos sucumbir en el pacto. Conversar con los textos de este libro podría ayudarnos a la hora de blandir el remo en esta nave que llamamos Cuba.

