Marilyn Bobes, autora homenajeada en la 34 Feria Internacional del Libro de La Habana, recibió a La Jiribilla con la sencillez que la caracteriza. Poeta, narradora, crítica literaria y editora, la escritora habanera, nacida en 1955, ha dedicado más de cuatro décadas a la literatura, y su obra ha sido reconocida con premios como el David de Poesía y el Casa de las Américas en dos ocasiones.

Preguntada por el significado de que la Feria se celebre en medio de las difíciles condiciones que atraviesa Cuba, Bobes no dudó en calificarlo como “una locura”. Pero, como dijo Silvio Rodríguez, hay locuras que hicieron el día. Y esta, explicó, es un tributo al pueblo cubano, que merece recibir la Feria como está acostumbrado, sobre todo en el centenario de Fidel Castro, quien fue uno de los grandes impulsores de la cultura en la Isla. “La feria tenía que hacerse”, afirmó con convicción.

“La literatura es mi vida. Sin ella no sabría existir”.

Sobre el hecho de que la Feria le sea dedicada, Marilyn confesó sentir una contradicción: “A mí no me gusta ser el centro, no me gusta mucho que yo ocupe la atención”. Pero enseguida matizó su declaración con gratitud: está muy agradecida por lo que le propusieron y por haber pensado en ella para este reconocimiento. Se ha sentido bien atendida, bien acompañada y, sobre todo, ha gozado del cariño de la gente y de sus compañeros.

Si preguntas qué significa la literatura en su vida, la respuesta fue contundente: “Todo. La literatura es mi vida. Sin ella no sabría existir”. Una declaración que resume una trayectoria dedicada por entero a la palabra escrita. Sobre el futuro, sin titubeos, respondió: “Más literatura”. No hay pausas ni retiros en el horizonte de esta escritora que ha hecho de la creación su forma de estar en el mundo.

Uno de los rasgos más distintivos de la literatura de Bobes es su enfoque en la mujer. La realidad de su país, explicó, funciona como telón de fondo, pero los problemas de la mujer constituyen su principal temática.

El origen de esta vocación temática se remonta a su infancia, cuando leyó la vida y obra de Gertrudis Gómez de Avellaneda. Esa lectura la apasionó y le enseñó cuáles eran los problemas de la mujer en el siglo XIX, problemas que, para su sorpresa, seguían vigentes en su propia época. “Me parecía importante reflejar esos problemas y llamar la atención sobre las cosas que nos faltaban por lograr en el sentido de la igualdad de la mujer”, explicó.

Sobre sus preferencias de género, Bobes reconoció una aparente contradicción. “Me siento más cómoda con la narrativa, pero prefiero la poesía”, dijo. La poesía le produce más angustia, más dificultad; en cambio, escribir narrativa le fluye de una manera más cómoda. Por eso las prefiere a las dos: una por facilidad, y la otra porque considera que es la mejor expresión de la intimidad de un escritor.

Uno de los rasgos más distintivos de la literatura de Bobes es su enfoque en la mujer.

Quizá la respuesta más reveladora fue la que dio al ser consultada sobre qué siente cuando un lector se le acerca para hablar de su obra y demuestra que realmente la ha leído y le ha interesado. “Siento la satisfacción mayor que puede sentir una persona”, confesó. “Yo escribo para los lectores, no para mí. Hay escritores que dicen que escriben para ellos, pero no, yo escribo para el lector”.

Cuando alguien le dice que la ha leído y que le ha gustado lo que ha escrito, aseguró, “me siento en el aire”. Una confesión que revela la profunda conexión que establece con quienes se acercan a sus páginas. En definitiva, Marilyn, es una escritora que, pese a los honores y los premios, mantiene la humildad de quien escribe para ser leída. En medio de las dificultades, sigue apostando por la palabra como forma de resistencia y de encuentro con los demás.