Me gustaría pensar que no aconteció, que nadie dijo nada, pero la verdad me da un guantazo en el rostro. La verdad, ese eterno verdugo de las abstracciones y las esperanzas. Ya se habla en la prensa cubana de ponderar la prosperidad de nuestros emigrados, de adjetivarla como lustrosa e imprescindible. Meritoria fortuna. No puede ser, me digo, pero el sujeto capitalista ha vuelto a entrar en la Historia de Cuba y apenas notamos que el rey va “vestido” con los mismos trajes de siempre: economía de mercado, desregulación de precios, primacía de la propiedad privada y establecimiento de la (in)cultura del consumo a niveles ideológicos.

Es como pasar del extremo marxista —errores de administración, totalitarismo de la vida en su variedad, dogma político, austeridad que roza lo ausente—, es como proponernos esa pasantía cual una primavera agradable y un paseo hacia el paraíso del capital —con su vieja fábula: "trabaja duro y tendrás un imperio"—. Falacia del neoliberalismo que no es ni neo ni liberal, sino excluyente, vacío y depredador en exceso. El capital al que se enfrenta hoy la Humanidad no es aquel de las máquinas de hilar inglesas, la plusvalía evidente y escamoteada, el coloniaje de la tercera parte del globo por los países centrales. No, el capital de hoy descapitaliza a todos para imponer la dictadura de lo Uno.

Para explicarlo hay que ir a Martin Heidegger y su teoría del Olvido del Ser, donde el hombre se deshumaniza y deshumaniza a la Tierra al lanzarse a la conquista del ente, entiéndase ente como el Ser cosificado, visto no en su esencia sino en su valor utilitario inmediato. La mercancía. Es un capital que, a diferencia del viejo aristócrata de Cambridge, no se sienta a escuchar a Shostakovich ni trata de entender el teatro de Ionesco. No, hablamos del mundo de la cosa, donde es la cosa la que prevalece, la que recibe los premios, la que se legitima. Messi sería más candidato a Premio Nobel de Literatura si escribiera su diario —lo más probable es que alguien lo hiciera por él—, que cualquiera de los infortunados intelectuales que aún ejercen honestamente el poder del pensar.

Martin Heidegger y su teoría del Olvido del Ser. Foto: Internet
 

Y es que como dijo Heidegger, la conquista del ente, que se inició con la llegada de Colón a América, asumirá todo como la “cosa consumible”, proceso que sólo se detiene con la total desaparición del ente, con su invalidación. En su “Carta sobre el Humanismo”, escrita en su inxilio alemán de la posguerra, Heidegger intenta acercarse de forma meditativa al Ser, propone una vuelta al estado de asombro de los griegos. Esto es, en lo político la democracia directa del pensamiento y la participación, en lo cognoscitivo la apertura total a la especulación y el retorno de la Filosofía como el pensar libertador y necesario. Las ciencias particulares, esto es la informática, la cibernética, la física cuántica, no piensan, pues han sido cosificadas en las academias y puestas al uso del sujeto capitalista que las instrumenta. La ciencia que piensa la ciencia, el saber desde donde se piensa el saber, resultan a la par que vitales, peligrosos en el mundo del ente cosificado.

Ahora bien, el sujeto capitalista, ese que conquista y transforma en cosa, ha obviado a Heidegger. Lo trata como un viejo nazi arrepentido, cuyo pensamiento no tiene lugar en lo “diverso del mercado”, en lo fragmentario de la vida “natural”. Si el viejo seguidor de Nietzsche decía “piensen”, los novísimos infrahombres ordenan “consume”. Y en esa pantalla que nos niega el retorno al conocimiento del ser ateniense, viene ahora el mensaje salvador del sujeto capitalista, su entrada triunfal en la Historia de Cuba. Sí, ellos son cubanos, muy prósperos, piensan diferente, hay que respetarlos, otorgarles derechos —que jamás debieron serles quitados—. Pero en ellos y nosotros está operando un proceso que, ahora invisible, será catastrófico y ya provoca el Olvido del Ser Cubano. Quizás en nombre de la misma cubanidad, estemos comprometiendo esencias y entrando como ingenuos párvulos en el ruedo de un mercado que, repito, ni es neo ni es liberal. Sólo hago una pregunta, en esta reconciliación necesaria, ¿quién es más fuerte: el sujeto capitalista o el sujeto pensante?

Mientras tirios y troyanos se entienden en la mesa de negocios, ¿dónde queda el Ser Cubano? En la conquista del ente, la mayor cosificación ha sido la de los Derechos Humanos, tenidos sólo como las leyes que usa el capital para legitimar el establecimiento de la dictadura de lo Uno. La mayoría de quienes hoy usan el slogan de los Derechos Humanos, lo hacen sólo del lado de la defensa de la propiedad, el libre cambio y la desregulación de la vida.

La democracia asume el fantasmal papel de un mercado de votos, de un arma inofensiva que no osa ni tocar con el pétalo de una rosa las bases de poder del sujeto capitalista.

Hablar de Heidegger y el humanismo, del pensamiento griego y su estado de asombro, del retorno al Ser, en la Cuba de hoy, parecerá una charla sobre tópicos abstractos. De esas esperanzas que te destroza el guantazo de la radio cuando anuncia que, “no se puede envidiar la prosperidad de esa emigración, porque alcanzó dicho status mediante el trabajo”. Los periodistas cubanos, mal preparados que están y enemigos de la academia en su mayoría, desconocen que no existe tal trabajo en el mundo del capital, que sólo hay la apropiación del ente, que lo “cool” que se nos propone no es siquiera un retroceso al capitalismo stmithsoniano de la inverosímil “mano invisible” que todo lo puede. Ese desconocimiento de los periodistas, ese Olvido del Ser, será la enfermedad del nuevo siglo cubano. Aquellos que no piensan, terminan siendo pensados, aquellos que son víctimas de la razón instrumental, terminarán en lo que Heidegger definió como la angustiosa nada, que no es otra cosa que el estado del hombre cuando abandona el Ser. El sujeto capitalista tiene una fábula, ello no incluye a la academia, pero sí a los medios de prensa, a los voceros, a los oportunistas y todos los engañados que creen tener un pedacito asegurado del pastel del ente. A esa tanta gente le tengo malas noticias: no hay dulces para todos.

El sujeto capitalista tiene una fábula. Foto: Internet
 

Martin Heidegger era un campesino, amaba la tierra pura, sin fertilizantes que la contaminaran ni máquinas, su pensamiento se concibió como la defensa de Occidente y sus aportes a la cultura. Tanto Norteamérica con su razón instrumental del sujeto capitalista, como el Este con su imposición del dogma de las leyes de la Historia, fueron nociones criticadas por el pensador alemán. En la primera crítica está Marx, pero visto desde el prisma del siglo XX, en la segunda crítica está el cuestionamiento a la teleología de la Historia como un gran relato con crisis, clímax y resolución. El Este y Norteamérica, siguen siendo las propuestas hacia las que miran los laboratorios del poder en el siglo XXI, ambos cosifican, ambos consumen el planeta, en ambos está, como explicó Sigmund Freud en “El Malestar de la Cultura”, la pulsión de muerte. Hasta que no sea el eros, y el eros hacia el saber, lo que nos guíe, seguiremos pensando en cuántos hostales, cayos, plazas, pedraplenes, lugares públicos, bienes naturales, convertiremos en los nuevos entes a consumir por ese sujeto al que le abrimos las piernas.