Nada puede apagar la peculiar alegría que por estos días acompaña a quienes viven en Remedios, un municipio de la central provincia cubana de Villa Clara, muy conocido dentro y fuera de la Isla por sus coloridas, contagiosas y bulliciosas parrandas.

Las huellas del cercano paso del huracán Irma por este territorio estarán visibles quizás por mucho tiempo. Los vientos y las lluvias arremetieron con saña contra esta tierra que no se dio tiempo al reposo. Sus antiguas edificaciones coloniales, las viviendas, o la infraestructura socioeconómica, poco a poco comienzan a mostrar una mejor cara. Y en ese sanar de las heridas causadas por el evento meteorológico, qué mejor incentivo para los remedianos que regresar a la más antigua de sus tradiciones: las parrandas.

San Juan de los Remedios fue la octava villa fundada por los españoles en Cuba. Cuentan que el poco entusiasmo con el que el pueblo recibía las celebraciones de la Misa del Gallo, en tiempo tan lejano como el siglo XIX, hizo que un párroco proveyera de objetos ruidoso a niños del poblado para que animasen a los feligreses a asistir a la festividad religiosa. Este suceso trasciende como la génesis de las parrandas remedianas, que en el 2013 fueron declaradas Patrimonio Cultural de la nación.

La cita, de festejos y celebraciones, se construye con el concurso de todos. Los días previos al 24 de diciembre el pueblo se hermana en los preparativos de una familiar lidia entre los dos barrios que “divide” amistosamente a Remedios, un evento cultural que se repite en muchos varios de ese territorio central.

Las esquelas funerarias dan cuenta de la pelea amistosa entre los barrios en las parrandas
 

Para Juan Carlos Hernández Rodríguez, especialista principal del Museo de las Parrandas, las fiestas remedianas, en esta ocasión, no dejarán de mostrar su vitalidad a pesar de las contingencias generadas por el huracán.

“Se está preparando una fiesta no tan suntuosa como se pensó a principios de año porque el huracán hizo daños, sobre todo a las viviendas de los pobladores de Remedios, y justamente los materiales que se utilizan para hacer los trabajos de plaza, las carrozas, son los que se utilizan para la recuperación de las viviendas. Se va a realizar una fiesta modesta pero alegre, como siempre se ha hecho en Remedios. No solamente en Remedios se van a celebrar las parrandas, sino en todos los sitios donde se realizan estas fiestas con las características de cada grupo social que las realiza, de la misma forma en la que tradicionalmente se ha hecho.

“Como siempre, van a tener los elementos competitivos que las distinguen y los no competitivos. Van a tener sus trabajos de plaza, con menos altura que en otros años, pero los van a tener; las carrozas con otras dimensiones, pero van a contar una historia teatral como siempre se ha hecho; van a tener banderas, estandartes, sus faroles, las colecciones de faroles que se exhiben en cada una de las entradas que estos barrios hacen durante toda la noche del día 24 hasta el amanecer del 25”.

A pocas jornadas de las parrandas, en las calles ya se escuchan las polkas. El ajetreo que provocan estas fiestas hace que la ciudad y sus habitantes rompan el ritmo habitual, ese tempo que ahora responde al acompasado ritmo de la música popular.

En el ambiente hay un tema del que todos quieren saber, pero que se cuida con minucioso detalle para que no sea develado. El barrio del Carmen, representado por el gavilán y el color marrón, y el de San Salvador, distinguido por el gallo y los colores rojo y azul, no descubren a los curiosos cuál será esa historia, esa leyenda que narrarán en sus danzas y carrozas durante el desfile.

Juan Carlos evalúa con beneplácito el minucioso nivel de detalle con el que se reproduce una fiesta que, a pesar del tiempo trascurrido, “no pierde su identidad, no va a quedar fuera ningún elemento artístico que distingue esta fiesta, porque si faltara uno de ellos, entonces estaríamos desvirtuando la tradición y la tradición se respeta y se hace como el pueblo siempre la ha hecho”.

En las grandes naves se elaboran los atuendos, se ensayan las coreografías, las carrozas ya comienzan a lucir su esplendor, todo un rito que responde a una solidaria rivalidad en la que la mejor carroza y trabajo de plaza serán premiados.

A las nueve de la noche del 24 de diciembre la Iglesia Parroquial Mayor de Remedios avisará con su repique de campanas el inicio de la esperada celebración. Hasta el amanecer del siguiente día gavilanes y gallos protagonizarán una lidia en la que no serán la fuerza y el valor los que se pongan a prueba, sino el ingenio y la sutil creatividad.