A tres años de su escapada sigue doliendo, y cuesta mucho hablarlo y pensarlo en pasado porque Santy está ahí, omnipresente en recuerdos, videos, fotos; en la sonoridad y musicalización permanente de la casa y hasta en el ruido que emana de la radio y que, inevitablemente, trae sus comentarios sobre la calidad artística de alguno de sus “colegas”.


Foto: Kaloian


Apelo a un texto que escribí en aquel febrero para orientarme, pero lo dejo al costado y propongo, en realidad, contar una anécdota en la que el Santiago padre, el Santy enamorado, el Feliú compositor y el cubano comprometido, se adueñaron del departamento que compartíamos en Almagro, Buenos Aires, durante una de sus giras por el sur; cuando en una  madrugada de noviembre surgieron y se terminaron tres canciones geniales que casi no tocaría en público, pero que están seguro entre sus obras más bellas, no solo por su calidad, sino también por la sentimental fuente de inspiración.

Hacía tiempo que Santy me decía: “tengo que presentar algo nuevo, debo estrenar una canción”, y mientras aparecía esa “canción de arte” metía un instrumental como intro de “No fue amor” (tema inédito), en sus shows.  Mientras tanto en la casa guitarreaba y se veía que estaba al nacer algo, pero la letra no quería aparecer, y seguía el guitarreo que era en sí una obra de arte. Pero una noche, mientras Santiago miraba el noticiero y yo dormitaba en otro cuarto, las noticias sobre lo que pasaba en España le hicieron ¡boom!

Estaba encantado, feliz, enamorado, y en ese estado salieron también esa madrugada los versos apocalípticos de “No estemos todavía”.

“¡Esto no puede ser, mi hijo allí y no en Cuba! Dame un lápiz, Jose, por fa”. Me levanté, le acerqué el lápiz y me desvelé; sacó unos papeles de la mesa y se puso a escribir, tomó la guitarra y “La isla de Fidel” se terminó a las 2:00 de la mañana, casi sin tocar el pocillo de café que le había acercado. Siguió en ese trance creador como si nada pasara, y con el cigarro humeando transcribió y ordenó unos versos que ya traía, escribió nuevos, siguió con el cigarro, el lápiz y la guitarra; se detuvo en unos versos de Sindo Garay, que quiso dar vuelta pero los dejó tal cual, y con eso terminó su “Gemma”, otra recién parida que se la escuché al piano en la siguiente gira, aunque la grabó a tres guitarras en Neuquen días después de su nacimiento.

“No sabes —le dijo a Yusa al día siguiente—, me salieron unas canciones bellas, bellas, una 'revolucionarota', por Adriano y para Cuba, y la otra de amor para mi jeva”. Estaba encantado, feliz, enamorado, y en ese estado salieron también esa madrugada los versos apocalípticos (según su propia definición) de “No estemos todavía”, la canción que estrenó en esa misma gira en Lomas de Zamora.


Santiago, Gemma y José Bonavita. Foto: Cortesía del autor


Esa es la anécdota. Después de esa noche y del encuentro con Fito (Páez) y la charla con Yusa donde cerraron un concierto de ella con “Amor de millones”, de Sara (González), nos fuimos al sur, yo embobado por lo que habían sido dos o  tres días de “golpe a golpe, verso a verso” y él como si nada, si no había hecho otra cosa que abrir la puerta a las musas y dejarse llevar.

Contada la anécdota, vuelvo a aquello que escribí hace un tiempo, tres años ya, y lo reescribo como cierre de esta nota, porque saco cuentas, y si bien nos conocíamos desde hace mucho, nos conocimos bien, bien y nos elegimos hermanos ahí ese mismo 2011, los dos iguales (Aries, pero los dos distintos), yo diré que los dos buenos, otros dirán que los dos locos (locos de distinta locura), él artista y yo fan, él genio y yo fan, él músico y yo fan, él especial y yo… fan, pero fan especial.

Mil anécdotas y situaciones graciosas vienen a mi mente, momentos gratos, gratísimos. En toda esta historia hay amistad y afecto, hay amor correspondido, hay hermandad porque nos elegimos hermanos (al menos así lo sentí y él me lo hizo saber).

Tuve el privilegio de pasar unos días con él y hasta de estar en lo que sería su último concierto, ayudando con las letras y el atril. Santy estaba feliz, con miedo o responsabilidad por lo que le tocaba, pero feliz, de estar solo a estar en pareja, y de ser padre o estar por ser padre de nuevo, y de ver cómo acomodarse los tres, a saberse cuatro por la llegada de Adriano. “Mira tú, de soltero a padre de familia”, me decía, y yo le retrucaba: “Pobre Gemma, de estar sola, a tener que cuidar tres nenes”.

Nos despedimos con un abrazo hasta agosto, en que vendría a Argentina a presentar sus dos discos: el de trova tradicional (Senderos) y el de canciones a guitarra (para el que tenía, al menos, seis canciones ya), porque se lo debía.

Santiago estaba feliz y enamorado de la vida, la que recién había vivido hasta la mitad según él mismo decía, pero dicen que se le paró el corazón… y yo creo saber —como dijo Liuba— que se le explotó de tanto amor.

Podrán decir que vivirá en su arte o en una buena canción o en una guitarra bien tocada o en nuestros corazones, pero así y todo yo siempre estaré esperando el mail en que me pida armar una “girita por el capitalismo”, y lo sentiré presente en la sonrisa de Mateo, que llegó y trae a su padre en los gestos, en el caminar y hasta en su afecto al piano y la guitarra.

Podrán decir muchas cosas, pero en lo que a mí me toca quisiera haber tenido la capacidad para escribir algo lindo, a su altura; pero me aprieta el pecho, me duele el alma, me entristece pensarlo en pasado y aún recuerdo ese abrazo que nos dimos en 23 y G, frente a la casa de Augusto y Rosy Blanca, cuando nos dejamos hasta pronto, pero ya no nos veríamos. Al otro día yo me volvía de madrugada, así que nos despedimos, aunque sigo intentando descubrir el truco que nos está haciendo y enterarme, por fin, que esto de su muerte no es más que uno de sus pases mágicos, porque Santiago, además, era mago.

 

Letra de las canciones que Santiago Feliú escribió en Argentina y no grabó:

 

“La isla de Fidel” (Buenos Aires, 15 de noviembre de 2012)

 

En mi casa el mundo

tiene otro color

la diferente manera

de creérselo

humanidad humanizada

humano amar.

 

En mi patio

el río corre sin temor

hacia un destino, un sentido distinto

hacia un yo qué sé

sincero sentimental sentimiento.

 

Enamorada al día

tuya y mía

miniatura colosal

que se muere por su panal

más allá del allá o acá.

 

En mi patria

la vida se resiste a odiar

se determina y camina

corriendo hacia su lugar

aire de sol

cura dolores

llanto de mar.

 

En mi pobreza

la escuela no se cerró

con cascarilla, aguardiente

con flores, tabaco y miel,

dos velas y una oración

para Fidel.

 

Lleva una flor herida

sin espinas

una desilusión

y unas ganas del corazón

con la sonrisa triste y feliz.

 

En mi huerto

el miedo no llegó al terror

ni los peores errores

sirvieron para morir

la dictadura

fue neuronálgica y pasional

 

En mi sueño

mi sueño no se cumplió

pero se acerca bastante

a lo tanto que se soñó

y aquí estamos

aquí seguimos guevariándolo

 

Revolución querida

sobreviva

vida de tu nación

revoluciona por tu amor

cada vez más

tu corazón.

 

“Gemma” (Buenos Aires, jueves 15 de noviembre de 2012. 1:30hs. A partir de  un verso de “Perla marina”, de Sindo Garay)

 

Quiero hacer

la sublime

y más feliz canción

que hable de ti

como vuela en tu cielo mi desvelo

 

Es así

que me encontraré

perdido en ti

para que si

inocencia sin miedo

a amar de nuevo

 

En mi amarizas

tierna y sorpresa

dulce y sonrisa

luna sobre mí

 

Hada salvándome

del amor

entre curándote

mi alma sobre ti

 

Quiero ser

lo que puedo

lo que quiero hacer

darte y tener

despertarme en tu lado

enamorado

 

Ámame

cuerdamente iluminándose

quiero decir

apagar la locura

de la duda

 

Hada divina

susto y valor

musa intranquila

lágrima de amor

 

llena mi muerte

con tu vida

duerme mi soledad

sobre tu calor

 

Alma sublime

para las almas

que se comprendan

fiel como tú y yo.

 

“No estemos todavía”

 

Milagrosamente, vivimos en este solitario mundo.

soles de hielo, congelándonos lo más profundo.

 

en la luz del sueño, lloran los pesares del amor eterno.

lunas de fuego, derritiéndonos lo más adentro.

 

en medio de eso, hay que quererse bien,

hacerse cargo del asunto.

 

pronto crecer para poderlo juntos.

 

la verdad se perdió en el aura de una mentira rota,

mendigando el amor divino que nos toca.

 

sometidamente, vamos en manadas pareciendo gente.

siempre buscando, siempre encontrándonos lo mismo.

 

una de dos, ni una más, una sola que empeora cuanto más resuelve.

en toda opción, la felicidad se tiene ausente.

 

entre las alas de la libertad, va la bandera de tu vida.

universalizándote, lamiendo las heridas.

 

ojalá que el amor le gane a la sabiduría,

que en las manos de dios no estemos todavía…

 

solitariamente, vivimos en este milagroso mundo.