ARTÍCULOS de la Sección
Nunca tuvo Guachi muchas esperanzas de celebrar su nochebuena porque, entre otras cosas, carecía de plata. Pero del 20 al 30 seguramente se presentaría algo que hacer
Hay quien dice que Dios no juega a los dados, que vengan y me lo repitan después de lo que acabo de vivir: Me encontraba en casa con una de esas amigas que nos tocan por karma, de las cuales no sabemos cómo nos las ganamos ni cómo podremos desembarazarnos de ellas algún día.
Desde que tengo uso de razón sé que el mundo es un escenario irreal, puesto ahí para que me lo crea. Delante de mí siempre hay un corre-corre de preparativos para tener dispuestos los lugares que se me ocurra visitar.
La segunda vez que Cortázar estuvo en Cuba ya fascinó y fue fascinado. Se llevó consigo la crónica «Alegría de Pío» del otro gran argentino –Che Guevara–, e incitado por ella escribió este admirable cuento «Reunión», donde evoca el desembarco, a finales de 1956, de Fidel Castro y sus hombres, venidos en el yate Granma. Ese cuento aparecería después en el libro: Todos los fuegos el fuego.
Desde que tengo uso de razón sé que el mundo es un escenario irreal, puesto ahí para que me lo crea.
En Navidad los niños volvieron a pedir un bote de remos.
Las luces del atardecer comenzaron a proyectarse en las paredes de cristal blindado de la sala.
Desde Chihuahua a Ciudad Juárez, todo el pinche camino completito, las manos le vinieron oliendo a muerto, le apestaban a difunto. Por más que encabronado se las llenó de colonia de azahares de Sanborns,
¡Amigo! El cielo está opaco, el aire frío, el día triste. Un cuento alegre… así como para distraer las brumosas y grises melancolías, helo aquí:
Ahí está otra vez caminándome el techo de la pieza. Camina sobre mi cansancio, como si me pisara el sueño hasta estropeado. Las cuatro de la mañana. Para Rofo las horas no cuentan.
Contaba con tres, cuatro amigos de probada generosidad que, cada día, colocaban en su buzón de correo electrónico noticias encontradas en Internet.
Emilio Renzi estaba en la terraza de un bar en la plaza Carlo Felice, frente a la estación de Turín, a la mañana temprano, cuando la vio.
A las 6 a.m., María E. salió al portal para sentarse en la mecedora de mimbre.
Conmovido, pero turbado, se arañó los pies como remontando hacia el fetichismo original de una niñez que no era...