Por largos años fue cortés pero, a decir verdad, no muy sincera costumbre en nuestra aún joven nación que en actos como este, el honrado con el más alto galardón de nuestras letras pancaribeñas comenzara su alocución expresando su infinita sorpresa ante el hecho de haber sido distinguido con tal honor.
Me miro al espejo. Tras recibir el cotidiano round deinsultos salgo a la calle. La abigarrada monotonía delinfierno de asfalto y megaholos se me mete por losojos y me acaricia las neuronas.
Es tanto el rato que lleva esperando a que el barrendero diga la contraseña, que usted ya no es esa mujer elegante a la que persiguen, sino el barrendero mismo. Y ahí está, arrastrando el bote de basura sobre ruedas que pesa más que un tanque de guerra, por ocultar a la santa que arrojó medio cigarro al suelo para que usted lo recogiera. Se recuerda de ella y dice: La acera es siempre infinita.
Suelen los marineros, cuando llegan las lluvias, abrirse la camisa para que aniden las muchachas azules. Uno entre mil, quizás, recibe la gracia y no lo dice a nadie. Porque es una herida la muchacha azul, pero duele tan sabroso, que el privilegiado se despide del mundo confiado en que gana la muerte pero también el paraíso.
El abogado Manuel Estanillo se hallaba de pie en el bar Wall Street, en La Habana Vieja, chupando unos ostiones que se disolvían en su lengua con un sabor salino y acre, apenas atenuado por la salsa de tomate: aquel molusco afrodisíaco lo sumía en la gloria con su masa pulposa.
Tanya montó una tienda en las habitaciones del primer piso de su apartamento. Todas estas tardes he venido a ayudarla; juntos acomodamos estantes, escogemos los colores de las paredes ―marfil y pastel― y fantaseamos con éxitos y ganancias.
Nunca tuvo Guachi muchas esperanzas de celebrar su nochebuena porque, entre otras cosas, carecía de plata. Pero del 20 al 30 seguramente se presentaría algo que hacer
Hay quien dice que Dios no juega a los dados, que vengan y me lo repitan después de lo que acabo de vivir: Me encontraba en casa con una de esas amigas que nos tocan por karma, de las cuales no sabemos cómo nos las ganamos ni cómo podremos desembarazarnos de ellas algún día.
Desde que tengo uso de razón sé que el mundo es un escenario irreal, puesto ahí para que me lo crea. Delante de mí siempre hay un corre-corre de preparativos para tener dispuestos los lugares que se me ocurra visitar.