Un montaje teatral es vehículo de ideas y emociones, y es protagonizado por seres humanos, componente que marca la diferencia entre el teatro y las otras artes. Es responsabilidad del director de escena propiciar el encuentro entre el actor y el espectador.
La poeta, narradora y artista de la plástica cubana Thelvia Marín recibió el Premio Ediciones COMOARTES que otorga la Cátedra Iberoamericana Itinerante de Narración Oral y Escénica, en España.
Como cronista incansable de nuestra sociedad, sus avatares, tradiciones, su jerga popular y sus costumbres; y defensor de lo caribeño, de la cultura afrocubana, de la Yorubá, ha pintado con los personajes de su teatro un paisaje identificable, cargado de simbolismo y de verdad. Lo marginal ha ocupado el centro de su dramaturgia.
Desde el cuartel general de Teatro Caribeño, en el City Hall, el teatrista conversa acerca de sus inicios en la escena cubana, su obra y su vida toda.
Hay intelectuales que escriben teatro y logran buenas obras; hay dramaturgos que escriben teatro y logran excelentes obras; y hay poetas dramáticos que escriben teatro y logran obras señeras. Los primeros intentan copiar los tintes de su realidad, los segundos alcanzan a reflejar algunos de los condicionamientos de su época, y los terceros asumen al teatro como un espacio imaginario para la interpretación reflexiva y lúdica de lo sensible de la realidad.
Su talento para captar las esencias del mundo de la marginalidad y llevarlas con tanto ingenio a un texto dramático, su carisma, energía y elocuencia, me cautivaron.
Eugenio Hernández Espinosa celebra un nuevo cumpleaños. Lo pienso, e inmediatamente recuerdo que el 2017 festejará también los 50 años del estreno de María Antonia, tal vez la más importante de sus obras teatrales, llevada a las tablas en 1967 por el director Roberto Blanco. Por eso, los 80 de Eugenio abren un ciclo mucho mayor.
(Fragmentos)
Hay intelectuales que escriben teatro y logran buenas obras; hay dramaturgos que escriben teatro y logran excelentes obras; y hay poetas dramáticos que escriben teatro y logran obras señeras. Los primeros intentan copiar los tintes de su realidad, los segundos alcanzan a reflejar algunos de los condicionamientos de su época, y los terceros asumen al teatro como un espacio imaginario para la interpretación reflexiva y lúdica de lo sensible de la realidad.
Sobre la intensa obra del dramaturgo y director teatral, se han escrito un número considerable de estudios, aproximaciones críticas y valoraciones. Y no es para menos. Hernández Espinosa puede mostrar, después de casi medio siglo ligado a la escena, uno de los sistemas dramatúrgicos más originales y coherentes de estos, sus diez lustros dedicados al teatro y a los fenómenos de comunicación con el público.