Federico Alejo Arístides Soto, conocido universalmente como Tata Güines, nació el 30 de junio de 1930 en el barrio de Leguina, en Güines, hoy perteneciente a la provincia de Mayabeque. Su apodo “Tata” proviene del cariño con que lo llamaba su madre, y también del hecho de que, según ella, tenía “cara de abuelo” al nacer, y “tata” era el modo tradicional de nombrar a los ancianos en aquella época.

Su padre, José Arístides, era músico empírico de tiempos muertos y se ganaba la vida tocando el tres y el bongó en esquinas y fiestas de barrio (José Arístides, padre de Tata, también conocido como “Joseíto el tresero”, fue músico aficionado, cercano a figuras como Arsenio Rodríguez). En esa misma zona vivía Arsenio Rodríguez, y Tata recordaba que su padre y Arsenio solían hacer descargas en casa. Él se escapaba para imitarlos, con unos bongós improvisados que construía con latas de chorizo y de leche.

“Aprendió escuchando la radio con devoción; así captaba la sonoridad de las tumbadoras en orquestas populares. En esa etapa escuchó por primera vez a quien siempre reconoció como su gran referente y maestro espiritual: Luciano ‘Chano’ Pozo, leyenda de la percusión afrocubana”.

Su infancia transcurrió entre la necesidad económica y una precoz pasión por la música. Asistió a la escuela pública, pero solo pudo alcanzar el cuarto grado de enseñanza, pues debía trabajar para contribuir al sustento familiar. Sus primeros empleos fueron de lustrabotas y vendedor de periódicos.

Su iniciación musical fue autodidacta y profundamente intuitiva. Primero comenzó tocando el contrabajo, ya de manera formal en el conjunto Ases del Ritmo, antes de iniciarse en la percusión, a partir de la Orquesta de Partagás, dirigida por su tío Dionisio Martínez. En los primeros años de juventud, Tata tocó con la Swing Casino de su pueblo, la orquesta Estrellas Nacientes (fundada por él) y el conjunto de Arsenio Rodríguez.

Aprendió escuchando la radio con devoción; así captaba la sonoridad de las tumbadoras en orquestas populares. En esa etapa escuchó por primera vez a quien siempre reconoció como su gran referente y maestro espiritual: Luciano “Chano” Pozo, leyenda de la percusión afrocubana.

Su iniciación musical fue autodidacta y profundamente intuitiva. Foto: Tomada de La Jiribilla

Una anécdota clave ocurrió hacia 1939-40, cuando se “coló” en una función en el Teatro Campoamor de Güines. Allí se presentarían Matamoros, Rita Montaner, Enrique Arredondo, Candita Quintana y Chano Pozo. Tata se subió al escenario, pidió permiso para tocar, y Chano, sorprendido, accedió. Tras su intervención, el público lo ovacionó y Chano le dijo: “Chiquito, tú vas a ser buenísimo”.

En 1946, Tata se trasladó a La Habana para vivir con su hermana Tula en el reparto La Yagua. Desde entonces comenzó a tocar con cuanto grupo u orquesta se lo permitiera, entre ellos el Conjunto Jóvenes del Cairo (en Monte y Suárez), donde lo sustituyó más tarde el también reconocido Helio Orovio.

Durante el período de 1948 a 1955 integró diversas agrupaciones entre las que destacan Nueva América, Habana Sport, Unión, La Sensación, Los Jóvenes del Cayo, Camacho, Gloria Matancera, y sobre todo Fajardo y sus Estrellas, con quienes hizo su primer viaje internacional, en 1955 a Caracas, Venezuela.

Luciano “Chano” Pozo fue su gran referente y maestro espiritual. Foto: Tomada de AfroCubaWeb

En la década de 1950 fue parte clave de una transformación técnica en las orquestas de música popular: junto a Carlos “Patato” Valdés incorporaron el uso de dos tumbadoras para enriquecer la sonoridad de las agrupaciones, según cuenta el propio Tata, una novedad en el panorama musical de entonces.

En 1956 viajó a Nueva York y se integró al movimiento de descargas con Israel “Cachao” López y su célebre Ritmo Caliente, con quienes grabó su primer disco, Descarga cubana, un hito que lo posicionó como figura de referencia. Luego se unió al grupo Los Amigos, donde permaneció varios años.

En Estados Unidos tocó con artistas como Frank Sinatra, Dizzy Gillespie, Maynard Ferguson y Miles Davis; sin embargo, denunció haber enfrentado un racismo abierto: “la fama no existía más allá del escenario… afuera los carteles decían ‘solo blancos’” (La experiencia de racismo en EE.UU. narrada por Tata ha sido corroborada en entrevistas disponibles en la plataforma YouTube). Esto influyó en su decisión de volver a Cuba después de 1959.

“A lo largo de varias décadas, Tata Güines realizó giras por docenas de países (…) También participó en festivales internacionales de jazz, consolidando su prestigio como figura universal de la percusión afrocubana”.

De regreso a la Isla fundó en 1960 Los Tatagüinitos, con un repertorio potente que electrizaba las calles y eventos populares. Uno de sus temas más representativos fue “El perico está llorando”, convertido en clásico de la rumba moderna e interpretado posteriormente con la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba, dirigida por Manuel Duchesne Cuzán (El tema fue uno de los himnos rumberos de la década de los sesenta, ampliamente bailado en carnavales y festivales).

A lo largo de varias décadas, Tata Güines realizó giras por docenas de países, incluidos Puerto Rico, Panamá, Venezuela, Colombia, México, así como diversas naciones europeas, entre ellas Francia, Hungría, Bulgaria, Finlandia, Suiza y la Unión Soviética. También participó en festivales internacionales de jazz, consolidando su prestigio como figura universal de la percusión afrocubana.

Desde sus primeros años como bongosero demostró una versatilidad poco común, acompañando al trío Taicuba y trabajando con figuras emblemáticas como Guillermo Portabales, Celina y Reutilio y Ramón Veloz. Su cercanía a Chano Pozo de igual manera lo llevó a formar parte de comparsas célebres del carnaval habanero como Los Dandys de Belén, Los Mosqueteros del Rey, Los Mambises y Las Boyeras, donde el tambor marcaba el ritmo de la identidad afrocubana.

Participó en discos fundamentales como Pasaporte (junto a Angá Díaz) y La rumba soy yo, Cuban Odyssey y Lágrimas negras, estos últimos nominados al Grammy. Foto: Tomada de Internet

A lo largo de su carrera participó en sesiones de grabación junto a leyendas como Chico O’Farrill, Frank Emilio Flynn, Guillermo Barreto, Gustavo Tamayo y, por supuesto, Cachao, con quien integró el célebre proyecto “Ritmo Caliente”. También fue miembro del Quinteto Instrumental de Música Moderna, una de las agrupaciones más influyentes en la renovación del lenguaje musical cubano.

Su discografía incluye álbumes como Descarga (1981), Pasaporte (1994, junto a Angá Díaz, premiado por la Egrem) y Aniversario (1995). Además, participó en discos fundamentales como La rumba soy yo (2000), Cuban Odyssey (2002) y Lágrimas negras (2004), estos últimos nominados al Grammy.

A lo largo de su vida, Tata mantuvo una devoción profunda por su familia y su práctica religiosa, siendo devoto de Changó, la deidad yoruba del tambor y el fuego. Afirmaba que “Changó decide lo que hay que hacer”, y su conexión espiritual con la tumbadora era evidente: “Cuando yo toco, algo se apodera de mí. Me traslado con el tambor, porque el tambor tiene sus secretos”.

Perfeccionó una técnica singular: tocaba con gran potencia sin levantar las manos, utilizando solo la muñeca con movimientos hacia abajo (La técnica de Tata ha sido objeto de análisis por su eficiencia física y musical). Según él, levantar las manos era incorrecto porque cansaba al músico y comprometía la calidad del sonido. Prefería los cueros de mula, por ser los auténticos para las tumbadoras.

“Perfeccionó una técnica singular: tocaba con gran potencia sin levantar las manos, utilizando solo la muñeca con movimientos hacia abajo”.

A pesar de su grandeza, fue un hombre de perfil modesto, siempre centrado en su arte. Murió el 4 de febrero de 2008, dejando un legado imperecedero.

En sus últimos años, Tata recibió importantes distinciones del Estado cubano: la medalla Alejo Carpentier (2002), la orden Félix Varela (2004), y el Premio Nacional de Música (2006), máxima distinción musical del país. También obtuvo el Diploma al Mérito Artístico del ISA.

Conocido como “Manos de Oro”, Tata rompió esquemas en la percusión (La distinción fue una forma popular de reconocer su virtuosismo); tocaba con palmas, uñas y yemas de los dedos, siempre muy cerca del parche, logrando un sonido limpio, potente y lleno de matices, con un uso característico de golpes “desprendidos” o sueltos que enriquecieron la textura musical. Este estilo creó un nuevo lenguaje técnico para las congas que se convertiría en referencia obligada para generaciones de congueros.

“Él logró cristalizar una forma de expresión que lo posicionó en la historia musical cubana al lado de nombres como Antonio María Romeu, Rita Montaner, Bola de Nieve y Benny Moré”.

Tras su fallecimiento, su hijo Arturo “Tata Güines Jr.” continuó su legado con la agrupación Tata Güines, y fundó un Proyecto Cultural/Casa Museo en Güines (el proyecto forma parte del programa Rutas y Andares del Patrimonio Musical Cubano, respaldado por la Oficina del Historiador y el Cidmuc), donde se conservan sus instrumentos, escritos y recuerdos. Esta iniciativa mantiene viva su memoria y promueve el estudio de su obra en festivales como el Festival del Tambor y Timbalaye.

A pesar de su impacto y legado, muchos estudiosos señalan que su técnica no ha sido suficientemente integrada a programas formales de percusión, lo que plantea la urgencia de incluir su obra en los currículos académicos dedicados al estudio del ritmo afrocubano y latinoamericano.

Tata Güines fue referente técnico y estilístico para generaciones enteras de percusionistas.

Para figuras como María Teresa Linares, la rumba de Tata Güines, ya fuera como solista o en conjuntos, alcanzó niveles de sublimación. Él logró cristalizar una forma de expresión que lo posicionó en la historia musical cubana al lado de nombres como Antonio María Romeu, Rita Montaner, Bola de Nieve y Benny Moré.

Fue referente técnico y estilístico para generaciones enteras de percusionistas. Marcó pautas tanto en el uso de la tumbadora como en la exploración sonora para consolidarse como uno de los pilares de la percusión afrocubana moderna. Su presencia era imprescindible en descargas, conciertos, grabaciones y clases magistrales.

Su figura se convirtió en leyenda viva. El tambor era una extensión de su cuerpo y espíritu, Tata poseía un dominio místico y casi sobrenatural del instrumento, y su legado sigue resonando como símbolo de la identidad musical cubana.

Bibliografía

Carpentier, A. (1979). La música en Cuba. Editorial Letras Cubanas.

Orovio, H. (2004). Diccionario de la música cubana: biográfico y técnico. Editorial Letras Cubanas.

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YouTube. (2021, 21 septiembre). Tata Güines – El rey del tambor (documental completo) [Video]. YouTube. https://youtu.be/ubaCDWjgeLc

YouTube. (2022, 8 febrero). Tata Güines y Changuito – Descarga (Festival del Tambor) [Video]. YouTube. https://youtu.be/JohSSHlV9Yo

Directorio de la Música Cubana. (s.f.). Tata Güines. Recuperado el 7 de julio de 2025, de https://directoriomusicacubana.com/?artista=tata-guines

Giro, R. (2007). Diccionario enciclopédico de la música en Cuba (Vols. I–IV). La Habana: Ediciones Unión.

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