Se filma por estos días —según escuchamos, ya en su fase de terminación— una película cubana dedicada a recordar la trayectoria deportiva del gran campeón de boxeo Teófilo Stevenson. Desconocemos si en la cinta se aborda la controversia que existió entre los amantes del pugilismo acerca de una supuesta o posible pelea entre el nuestro, tricampeón olímpico del amateurismo, y el titular mundial profesional Cassius Clay, o más correctamente Muhammad Ali, nombre que adoptó al abrazar la religión musulmana. En cualquier caso, aquel match nunca se dio.

El asunto involucraba a dos leyendas de los pesos completos, ambos activos por los años 70, y los cubanos seguíamos la trayectoria de Stevenson, nuestro ídolo, pero también la de Alí.

Fueron años de gestiones infructuosas y, por una u otra razón, dieron al traste con la realización del esperado encuentro —se le llamaba la pelea del siglo y se cotizaba en muchos millones de dólares—, cuyo resultado no podía predecirse, aunque el cubano disfrutara la ventaja de ser unos cuantos años más joven que Alí y estar en plenitud de forma deportiva.

Stevenson y Ali en La Habana, en 1996. Imagen: Tomada de Cubadebate

Pero aquella historia tendría otro desenlace, que a todos satisfaría y tuvo lugar fuera del cuadrilátero, cuando Stevenson y Ali, ya retirados, se vieron las caras en La Habana el 19 de enero de 1996, en ocasión del arribo del norteamericano con una solidaria donación de medicinas para el pueblo cubano. Entonces, los dos mitos del pugilismo, con una sonrisa en sus rostros reveladora de sincera admiración recíproca, se estrecharon en un abrazo.

Ali, con 54 años a la sazón, distaba mucho de exhibir la figura atlética de tiempos atrás y estaba aquejado de la enfermedad de Parkinson. No obstante, siempre era noticia. Fue recibido por el presidente Fidel Castro, gran amante de los deportes, se le aclamó dondequiera que se personó y prometió volver, lo cual hizo a partir del 10 de septiembre de 1998.

Los dos campeones durante un memorable encuentro con Fidel en la capital cubana. Imagen: Tomada de Internet

Traería esta vez consigo una donación de medicinas para la atención primaria de salud valorada en 1,2 millones de dólares. Con dificultades para la locomoción y el habla, Alí también sostuvo conversaciones con antiguos atletas cubanos y asistió a sesiones de entrenamiento, por lo que se movió en su ambiente, algo que debió representar para él un encuentro con los recuerdos de su pasado entre las cuerdas.

Que entre Teófilo Stevenson y Muhammad Ali se forjara una amistad constituyó una bella prueba de que el deporte puede ser, y de hecho es, una de las maneras más eficaces de acercar a los individuos y a las naciones.

Después de su retirada de los cuadriláteros y a partir de la irrupción de la enfermedad de Parkinson que deterioró su salud, desarrolló Ali una pelea no menos importante contra el mal y por la vida, hasta su fallecimiento en junio de 2016.

En 1996 se le designó para encender el pebetero en Atlanta, durante la inauguración en esa ciudad de los Juegos Olímpicos, uno de los mayores honores que puede conferirse a un deportista.

Escena de la película de Alejandro Gil, en la que el joven actor Alejandro Phillips interpreta al mítico campeón. Imagen: Tomada de Escambray

Campeón olímpico en Roma, 1960, en la categoría de los pesos semicompletos, Ali saltó después al profesionalismo. Se coronó entonces campeón mundial. Poco después, y por negarse a participar en la guerra en Vietnam, fue procesado judicialmente y despojado de su título, que reconquistaría, iniciando de ese modo una era dentro del pugilismo, que lo tuvo como protagonista hasta 1981, cuando se retiró definitivamente con un récord como profesional de 56 victorias y cinco derrotas.

De Teófilo Stevenson pudiera decirse y escribirse tanto como de Ali, pero preferimos no hacerlo, sino invitarlos a disfrutar del filme del realizador Alejandro Gil que pronto exhibirán nuestras pantallas cinematográficas y permitirá revivir la gloriosa carrera deportiva de nuestro gran Teófilo Stevenson.

Esperamos encontrarnos con usted, amigo lector, en la cola del cine Yara.