La galería del Taller Cultural Luis Díaz Oduardo, en la ciudad de Santiago de Cuba, expone Regreso del ángel roto II, muestra del pintor, dibujante y grabador Jorge Hidalgo Pimentel (1941) dedicada, precisamente, a celebrar el aniversario 50 de esta importante institución.
La exposición, que se inserta además en las acciones por los 35 años del Centro Provincial de Arte de Holguín, ciudad en la que reside Hidalgo, quien es fundador del Taller santiaguero, subraya la colaboración entre ambas provincias, pues en 2024 como parte del programa de la Fiesta de la Cultura Iberoamericana, Holguín acogió Diálogo entre las artes, con obras de artistas santiagueros, y A la deriva, muestra de Isabel Palma.

Observar la obra de Jorge Hidalgo —como escribí anteriormente a propósito de la inauguración de otra muestra suya— es pararse frente al monte. Miramos una de sus piezas y el monte, en su espesura de significados, se nos abre a los ojos y los sentidos, a los caminos de la espiritualidad, para dejarnos avanzar, sin temor a la maleza y sus bifurcaciones, en lo prístino, intuitivo y orgánico de los misterios de la vida. Descubrir la obra de Jorge Hidalgo es, además, poder adentrarse en ese monte. Ya abierto el umbral, el silencio se quiebra y se puebla de voces que, desde los altos árboles, entre las ramas o cercanas al suelo, nos susurran misterios. Sencillo como el fluir del riachuelo e imponente como las ceibas, el monte, en esa dualidad, asombra y al mismo tiempo protege.
Jorge Hidalgo ha ido al monte, ha buscado sabiamente y ha encontrado. En sus cuadros, poblados de similares rasgos expresionistas y misterios desde sus primeras piezas juveniles, viven los orishas del monte y los eggun, persisten las esencias y los mitos de una cubanía que no pierde su proyección universal y la savia de sus influencias. Así podrá comprobar el espectador quien observe en el Taller Cultural Luis Díaz Oduardo las piezas “Entre la tierra y el cielo”, “Cimarrona”, “Recién llegados”, “Nacimiento de Changó”, “Retrato de familia”, “El reino de este mundo”, “Visión de Juan esclavo”, “La niña bruja”, “Visión Caribe” y la que titula la exposición; obras realizadas en óleo, acrílico, collage y técnica mixta sobre lienzo y que ofrecen la singular mirada artística de Hidalgo a partir de la asimilación e interpretación del folclore y la tradición afrocubana, subrayando expresiones de la transculturación y la identidad de nuestro país.

Con curaduría de Bertha Beltrán Ordóñez y dirección general de Yuricel Moreno y Julio César Carmenate Laugart, en la inauguración de Regreso del ángel roto II participaron artistas holguineros y santiagueros, quienes también realizaron visitas al Cementerio Santa Ifigenia, la Casa de la Cerámica y al centro histórico de Santiago de Cuba, subrayando los vínculos entre las instituciones y el sistema de cultura entre ambas provincias.
Precisamente, su curadora, Bertha Beltrán, escribió en las palabras inaugurales que Hidalgo “a sus 84 años no permite que un día se le escape sin que de sus manos y mente brote algo nuevo. Afable y profundo conversador, con una sapiencia infinita, cuenta sus recuerdos de este lugar tan especial para él, que ayudó a forjar y convertirse en lo que es hoy”.
Jorge Hidalgo trabaja con la seguridad de quien, por más de ocho décadas, ha visto mucho, pero no deja de asombrarse ante las maravillas que se abren en los laberintos fecundos de su imaginación. Él pinta “recuerdos y presagios” y ambos —lo pasado que persiste y las luces del futuro— acompañan las alabanzas que, de alguna forma, son sus piezas.

Estas obras, de fuertes emanaciones expresionistas y técnica mixta, dialogan con su tiempo bajo el sol y se nos muestran sugerentemente contemporáneas, dueñas del rigor y la osadía de quien, poseedor de una mirada tan personal que se torna impronta, no cohíbe el trazo y las búsquedas, sino que se apodera de la “síntesis súbita” y el “silencio orgánico” para continuar, entre el oficio y las posibilidades de la creación, interrogando su trazo y haciéndonos partícipes de sus preocupaciones y anhelos.
Las piezas de Regreso del ángel roto II poseen una contagiosa vitalidad y una febril mirada que nos subrayan que estamos frente a un artista tan contemporáneo, como ha sido capaz de aprehender la luz y entregarse a ella siendo un aprendiz y por tanto, un humilde deudor. Ellas sintetizan siglos (o acaso milenios) de sabiduría y cultura humana, y al mismo tiempo, son sumas de un proceso creativo que ha sabido, reinterpretándose, ser fiel

