La noticia me produjo esa desagradable sensación, ya conocida, de la pérdida de un ser al que se le tiene especial afecto y respeto. A estas alturas de la vida se trata de una sensación que se va volviendo muy frecuente, y que uno quisiera mantener distante lo más posible. La muerte de Gladys Marel García es lamentable en todos los sentidos.

Con ella se fue una gran mujer, una de las combatientes más activas contra la tiranía de Fulgencio Batista en el centro del país, experiencia que supo dejar registrada con estilo y vivacidad. También una historiadora de mérito. Fue una investigadora de nuestra historia más reciente de mucho rigor profesional. Sus memorias de aquella etapa histórica constituyen un legado para siempre.

Gladys Marel García Pérez nació el 25 de abril de 1937, en las proximidades de Yaguajay, antiguo término judicial de Remedios, en la provincia de Las Villas, y falleció a finales del pasado 23 de enero, en Oviedo, España, lugar en el que llevaba viviendo hacía más de un año; la muerte le impidió regresar a su patria.

“Se convirtió en luchadora clandestina en su primera juventud y conoció del peligro real: los órganos represivos de la tiranía iban en serio, asesinaban sin muchas contemplaciones”.

La abuela, de raíz mambisa, ayudó a crear en la joven el espíritu patriótico y la sed de justicia. El hogar fue escuela de civismo y sus relaciones sociales la llevaron a armar su sentido antidiscriminatorio, en particular ante la discriminación racial con los negros. El deporte de alto rendimiento ayudó también a la formación del carácter, fue una destacada basquetbolista. Siendo estudiante, comenzó su enfrentamiento a los desmanes del gobierno de Batista en Santa Clara. Se convirtió en luchadora clandestina en su primera juventud y conoció del peligro real: los órganos represivos de la tiranía iban en serio, asesinaban sin muchas contemplaciones. Fue torturada y violada. Demostró un valor singular. Se hizo guerrillera. Después, toda esa vivencialidad fue a parar a las páginas de sus libros.

Marel se graduó de Licenciatura en Ciencias Políticas por la Universidad de La Habana. Fue Miembro Titular de la Academia de Ciencias de Cuba. Trabajó por años en el Instituto de Historia de Cuba, integró de manera activa la más grande organización de académicos del continente, LASA, y también formó parte de la organización de escritores y artistas cubanos, Uneac, donde formó parte de su gremio de historiadores. Ella fue, además, editora asociada y autora de los temas de la Revolución cubana y de género en la Editorial Charles Scribner´s Sons, New York-London. Ganó una Beca Rockefeller en el Cuban Research Institute, de la Universidad Internacional de la Florida (FIU), en 1996, lo que constituyó un notable reconocimiento. Participó en Cuba y eventos académicos en otros países, en paneles, debates y conferencias. Su vida académica fue intensa y a pesar de su edad avanzada siguió trabajando incansablemente, hasta el final.

Entre otras obras suyas publicadas están Cuando las Edades llegaron a estar de pie, Editorial Letras Cubanas, La Habana 1978; Memoria e Identidad. Un estudio Específico (1952-1958), Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1996; Insurrection and Revolution. Armed Struggle in Cuba, 1952-1959. Editorial Lynne Rienner Publisher-Boulder, London, 1998; Versión en español por Ediciones UNION, La Habana, 1998; Crónicas Guerrilleras de Occidente, Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 2005; Confrontación. Debate Historiográfico. Editorial Requeijo S.A, 2005; Rebelión contra las oligarquías y los dogmas. Ruth Casa Editorial-Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello, La Habana, Cuba, 2009; Cuba. Tomos I y II (obra de varios autores), Editorial Charles Scribner´s Sons, New York-London, 2012; Mujer y Revolución. Una perspectiva desde la insurgencia cubana (1952-1959), en 1959: Una Entre siglos. Memorias, Ruth Casa Editorial, 2024. Este sello editó varios de sus libros.

“Hace dos años me puse en contacto con Marel para publicar en la Revista de la BNJM algunos textos de su autoría. Recuerdo muy bien la alegría que le produjo la noticia, pues la centenaria revista era muy respetada por ella”.

Marel recibió distintos premios, entre otros, un premio de literatura por su libro Cuando las Edades llegaron a estar de pie, y un premio de ensayo por Memoria e Identidad. Un Estudio Especifico (1952-1958). También recibió la Orden Majadahonda, otorgada por el Ministerio de Cultura y la Uneac.

A raíz de que se conoció, tardíamente en mi caso y en el de muchos, su deceso, algunas de sus compañeras de trabajo reflejaron en sus chats vivencias y semblanzas de Marel y todos coinciden en mostrar a una personalidad vigorosa, polemista intensa, una mujer leal a la amistad, con alto sentido de patriotismo, trabajadora infatigable y muy firme en la defensa de sus criterios.

En el orden personal guardo un recuerdo de mi infancia que quiero dejar escrito ahora. Corrían los primeros días de enero de 1959 y la ciudad era un hervidero de gente entusiasmada y feliz con el triunfo de los rebeldes. Mis padres, muy involucrados en la lucha clandestina de la ciudad (en el Movimiento de Resistencia Cívica y en el 26 de Julio), conocían a Marel y la fueron a buscar cuando recibieron su llamada de que estaba en la Ciudad Deportiva con otros guerrilleros. Allí la encontramos, digo en primera persona del plural porque me llevaron en esa diligencia, y cuando la vimos, después de los abrazos correspondientes, me besó y me llamó mucho la atención aquella joven vestida de uniforme verde olivo, con una sonrisa que deslumbraba. Es virtualmente la misma imagen que ocupa la cubierta de su libro Entre siglos. Memorias. Yo tenía entonces cinco años y medio de edad y recuerdo la escena con mucha viveza y lujo de detalles (en general guardo muchas imágenes de aquellos días alterados y bulliciosos). La belleza de Marel no se le escapaba ni a un niño. Después, mientras crecí, la vi en reuniones familiares con mis tíos, entrañables amigos, que recibían con frecuencia su visita. Pasados los años, le comenté sobre el pasaje de la Ciudad Deportiva, el que recordaba con agrado.

“Con ella se fue una gran mujer, una de las combatientes más activas contra la tiranía de Fulgencio Batista en el centro del país, experiencia que supo dejar registrada con estilo y vivacidad”.

Hace dos años me puse en contacto con Marel para publicar en la Revista de la BNJM algunos textos de su autoría. Recuerdo muy bien la alegría que le produjo la noticia, pues la centenaria revista era muy respetada por ella. De ahí salieron la publicación de dos artículos, “Revolución y fuerzas sociales: El MR 26-7 y el Movimiento Obrero Insurreccional. Análisis de la originalidad de la táctica de la huelga general revolucionaria”, en el número 1 de 2024 y “Una mujer insurrecta y un hito histórico”, este dedicado a evocar a la luchadora clandestina villaclareña Margot Machado, su compañera de batallas, en el más reciente número de la revista, 1-2 de 2025. Puede considerarse este texto como su publicación póstuma. 

Hemos conversado entre algunos historiadores la idea de organizarle un homenaje en reunión de amigos y colegas, donde se le recuerde como merece. Ese homenaje debe esperar a mejores condiciones de transportación y logística en la ciudad, sé que muchos asistirán. Mientras tanto, no deseo que transcurra más tiempo antes de dejar constancia de mi dolor por la muerte de Marel, una pérdida sensible para nuestra historiografía y para familiares y amigos.