La esquina de 23 y 12, en El Vedado, volvió a desbordarse. Miles de voces corearon consignas contra el bloqueo —“¡Abajo el bloqueo!”, “¡Patria o muerte!”— mientras las banderas cubanas se mecían al ritmo de un gentío que recordaba aquel 16 de abril de 1961. Allí, hace 65 años, Fidel Castro proclamó el carácter socialista de la Revolución recién nacida, y este jueves la cita fue multitudinaria: abuelos que fueron milicianos, jóvenes con mochilas al hombro, científicos, estudiantes y solidaridad internacional colmaron la acera histórica.

El presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez tomó la palabra y evocó la voz “casi rota por el esfuerzo” del Comandante en Jefe: “se alzó por encima de la multitud que desbordaba esta esquina para declarar que éramos lo que seguimos siendo: una revolución socialista en las propias narices del imperio”. El mandatario subrayó que aquella declaración no fue solo un gesto retórico, sino que trazó el rumbo definitivo de un proceso que ya se había radicalizado a favor de los desposeídos.

“Cuba no es un estado fallido. Cuba es un estado cercado”.

Díaz-Canel desmontó una a una las narrativas simplistas creada por mentirosos que cuentan con la anestesia inducida en las mentes de un mundo envenenado de anticomunismo: “Cuba no es un estado fallido. Cuba es un estado cercado”.

Denunció el bloqueo como “genocida y multidimensional” —económico, financiero, energético— y recordó que hasta el descanso de las familias se ha visto fracturado por los apagones y la falta de combustible. Pero también reivindicó la obra del socialismo: la alfabetización, la ciencia, el primer cosmonauta latinoamericano, los médicos que viajaron al mundo. “Eso es socialismo”, dijo.

Entre el público, los asistentes escucharon luego a Anabel Serrano Díaz, investigadora del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología. La joven científica describió el cerco cotidiano: acceso negado a reactivos, equipos rotos que no pueden sustituirse, páginas web bloqueadas. Sin embargo, su voz se elevó al enumerar victorias: vacunas contra la Covid-19, la meningitis, el cólera, la hepatitis B, tratamientos contra el cáncer y úlceras del pie diabético. “Cada investigación que se realiza, cada innovación que surge, es un Girón moderno”, afirmó.

“Díaz-Canel convocó a un movimiento nacional e internacional de solidaridad para llevar la verdad de Cuba a cada rincón del planeta (…)”.

Luego, Leanet Proenza, estudiante de Diseño de la Universidad de La Habana y miembro de la Federación Estudiantil Universitaria relató cómo las plataformas digitales propias se convirtieron en refugio educativo cuando el combustible escaseaba. “Nosotros no nos detuvimos ahí”, aseguró. Habló de donaciones de sangre, de proyectos como “Educando con amor”, de sumarse al trabajo productivo. Y luego lanzó una pregunta que retumbó en la concurrencia: “¿Por qué a nosotros, si somos un país de paz?”. La respuesta la encontró en las palabras de Fidel el día que declaró que éramos socialistas: “Lo que no pueden perdonarnos los imperialistas es que estemos aquí”. Y remachó: “Somos una amenaza porque hemos probado que es posible una realidad más justa”.

Díaz-Canel convocó a un movimiento nacional e internacional de solidaridad para llevar la verdad de Cuba a cada rincón del planeta, y advirtió: no se busca la guerra, pero “si fuera inevitable, ganarla”. Entre aplausos y puños en alto, la multitud se disolvió lentamente por las calles del Vedado. Alguien gritó todavía “¡Viva Fidel!”, y la esquina de 23 y 12 volvió a ser, por unas horas, el mismo corazón rebelde de hace 65 años.